sábado, 7 de septiembre de 2013

Crítica de Kick Ass 2


Cuando éramos pequeños y leíamos los comics de Marvel o Universo DC, soñábamos con convertirnos en un superhéroe y formar parte de los Vengadores o la Liga de la Justicia. Fue en el año 2010 cuando un desconocido director llamado Jeff Wadlow adaptaba un comic que, bajo el título de Kick-Ass, nos contaba la historia de Dave. Este chico de instituto y aficionado a las viñetas, decide convertirse en un superhéroe con la finalidad de hacer un mundo mejor.

Tres años después, nos llega la secuela de un film que sorprendió gratamente a toda la crítica. Tanto Dave como Mindy han conseguido mantener sus identidades de superhéroes en secreto, y compaginan su vida de estudiante con su particular lucha contra criminales de poca monta. Kick-Ass tiene decidido fomentar sus habilidades, por lo que se someterá al duro entrenamiento al que le somete Hit-Girl.

Pero no todos los enemigos van a ser delincuentes de tres al cuarto, apareciendo en escena el archienemigo del superhéroe más descargado de Youtube. Bruma Roja ha decidido cambiar su identidad de defensor de la justicia, y pasarse al lado opuesto. "El Hijoputa" es como se hace llamar este nuevo villano, que ha de atormentar al mundo con la única finalidad de conseguir la cabeza del "héroe" que acabó con la vida de su padre.

Este es el punto de partida que retoma la película que, a principios de esta década, nos deleitó con un festín de frikadas, acción y mucha sangre. Como ocurría en la entrega anterior, las calificaciones morales parecen no ir mucho con la saga, ofreciéndonos unas buenas dosis de violencia, amputaciones y abundante salsa de tomate.

Además, ahora no nos encontramos únicamente con un "superhombre". El efecto Kick-Ass se ha extendido por toda la ciudad y muchos son los seguidores que han decidido esconderse tras una máscara, y unirse a la causa del personaje de la malla verde. Es así como se crea una banda de defensores de la justicia, liderada por el Coronel Barra y Estrellas. Battle Guy, Zorra Nocturna o El Hombre Insecto son algunos de los superhéroes que libraran una dura batalla contra "El Hijoputa" y sus despiadados secuaces, entre los que destaca una inhumana Madre Rusia. El personaje interpretado por Olga Kurkulina es uno de los más bestias que han pasado por la saga. Acapara las acciones más violentas del film, gracias a su exagerado y grotesco físico.

Resulta curioso que sean las féminas las que menos duden a la hora de acabar con una vida, pero tanto en el caso de Madre Rusia como en el Hit-Girl, sus víctimas se cuentan por docenas. Vuelve a repetir la actriz Chloë Grace Moretz en la piel de la pequeña enmascarada de pelo morado. Más crecida que en la película primigenia, se vuelve a comer la pantalla en los momentos de mayor adrenalina. Es aparecer en escena y saber que va a hacer algo que nos va a sorprender y, a pesar de haberle querido dar un toque maduro y racional más acorde con la llegada de la pubertad, la esencia del personaje hace que termine llenándolo todo de sangre, vísceras y otros fluidos más desagradables.

Aaron Tylor-Johnson repite nuevamente como el gran precursor del superhéroe de a pie. Su participación es una continuación de la película anterior, manteniendo el nivel de frikismo del personaje al que da vida, tanto con máscara como sin ella.

Pero si hay un rol que destaca por encima del resto es el de "El Hijoputa". Christopher Mintz-Plasse vuelve a regalarnos una notable actuación, con un personaje que combina maldad y comicidad a partes iguales. En esta secuela toma un mayor protagonismo, evolucionando hasta convertirse en un capo de la mafia de lo mas absurdo. Solo viendo su disfraz de villano, mezclado con el acento que le han dado en el doblaje, te echas las primeras carcajadas. Y todo ello a pesar de presentarse como alguien sin escrúpulos, capaz de matar a su propia madre para conseguir sus propósitos.

El nombre que se decidió para darle un poco de más caché al film es el del conocido Jim Carrey. El actor vuelve al género de los comics, tras interpretar al "Enigma" en una de las adaptaciones de Batman. Su personaje, un exmiembro de la mafia, es otro de los pesos pesados en el mundo de los superhéroes. La interpretación del canadiense podemos calificarla como correcta, sobre todo porque su papel es bastante secundario y de escasa duración.

Visualmente la película es muy llamativa, jugando con ese origen de la historia en la viñetas de papel. Todo un acierto haber vuelto a incluir algunos bocadillos en las partes donde se habla en otros idiomas, como si de un comic a gran pantalla se tratase. Y es que es de alabar el meticuloso trabajo de Tim Maurice-Jones y su equipo.

La música es otro de los aspectos destacados de esta superproducción, entrelazando las partituras propias creadas por Henry Jackman y Matthew Margeson con temas musicales más actuales, de estilo dance o hip hop. No hay ni que decir que estos últimos son utilizados en las escenas de acción, fomentando las piruetas y mutilaciones imposibles de Hit-Girl, Madre Rusia y el resto de enmascarados.

Jeff Wadlow vuelve a regalarnos una hora y media de acción descomedida, mucha carcajadas y una historia repleta de grandes y épicos momentos, para disfrutar solo, con amigos o con tu mascota, acompañada de un buen bol de palomitas y alguna bebida refrescante. Y es que el guion de Mark Millar y John Romita Jr. ha sabido evolucionar con los personajes, y no caer en los típicos errores de las secuelas del género. Un nuevo soplo de aire fresco a una obra que, si te quedas a ver los créditos finales, consigue sorprenderte con algo totalmente insólito y que da una idea de por donde puede continuar la historia.

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