sábado, 18 de mayo de 2013

Crítica de La Cabaña en el Bosque


De vez en cuando, tienen las distribuidoras la fea costumbre de paralizar las proyecciones, en nuestras salas, de algunas producciones que vienen avaladas por buenas críticas en sus países de origen. Este es el caso de "The Cabin in the Woods", una película enmarcada en el género de terror, que ha causado sensación por donde ha tenido la suerte de pasar.

Drew Goddard, al que recordaremos por ese sorprendente proyecto respaldado por JJ Abrams llamado Monstruoso, se pone tras las cámaras para dirigir este curioso film. El guión de Joss Whedon, que nos sonará por la superexitosa Los Vengadores, y el propio director nos adentra en una historia que se alimenta de alguno de los clásicos del género. Es imposible no encontrar ciertas similitudes con La Matanza de Texas o Posesión Infernal, obras que se desarrollan en similares circunstancias a esta.

Pero en esta ocasión se intenta innovar un poco más, introduciendo algunos conceptos que se escapan de lo cotidiano en este tipo de producciones. Por un lado el reparto, que cuenta con algunos nombres de éxito como Chris Hemsworth o Sigourney Weaver que, sin tener unos papeles de mucho peso, sirven para aumentar el caché y el interés del film. Por otro lado cuenta con el acierto de haber introducido una serie de hechos paralelos, sin sentido en un principio, pero que resulta relevante tanto en el desarrollo como en el desenlace de la acción.

La historia nos lleva hasta una pequeña cabaña en un bosque donde un grupo de jóvenes deciden pasar un fin de semana. El idílico lugar no va a ser lo que ellos esperaban, y lo que prometía ser una velada de risas y alcohol se convierte en una auténtica pesadilla al descubrir una pequeña trampilla en el suelo. La curiosidad y una serie de extraños objetos serán la mezcla explosiva que desembocará en un cocktail explosivo de terror y sangre.

Con esta premisa se nos presenta uno de los films del género más originales de los últimos años, y es que no nos vamos a encontrar con lo que en un principio la sinopsis nos sugiere. A diferencia de las películas mencionadas anteriormente, esta Cabaña en el Bosque se convierte en un homenaje a muchos de los personajes que nos han aterrado a lo largo de los tiempos. Vampiros, zombies, cenobitas y demás hordas aterradoras toman su importancia en unos minutos finales en los que descubrimos donde ha ido a parar parte de esos 30 millones de dolares que tenía de presupuesto.

Quizás lo mas flojo que encontramos son las actuaciones, aunque con nombres tan poco conocidos como Kristen Connolly o Fran Kranz era lo que cabía esperar. Un claro caso de interpretaciones funcionales y poco artísticas, aunque también es cierto que para lo que se requería funciona bastante bien, como también cumple la música de David Julyan.

Una película que asombra por la originalidad del guión y por un final bastante sorprendente ensalzado con imágenes muy potentes y mucho ritmo. Una película que consigue dar una vuelta de tuerca al género y que hemos tenido la mala suerte de no haber podido disfrutar en las salas cinematográficas de nuestras ciudades.

martes, 19 de febrero de 2013

La música de las películas de Quentin Tarantino



Desde Hellofriki seguimos sorprendiendo a nuestros oyentes y en esta ocasión,  con motivo del estreno de Django Desencadenado, nos salimos de lo habitual y hemos grabado un especial sobre Quentin Tarantino, creador del film.

Pero alejándonos de los convencionalismos habituales, hemos optado por hacer una visión de este provocador director a través de las canciones que conforman sus bandas sonoras. Un remix musical, completo y variado que nos acercan míticos films como Kill Bill, Malditos Bastardos o la aclamada Pulp Fiction.

Presentado por Victor M. Yeste, dirigido por M.C. Catalán y con las aportaciones de Manuel Callejo, Ricardo y un servidor promete revivir algunos de los films más polémicos de los últimos años, con una experiencia musical al mas puro estilo Tarantino.

Desde AQUÍ podéis descargar el audio.

sábado, 16 de febrero de 2013

Crítica de La Jungla 4.0


Si hay una Saga apreciada por los aficionados al cine de acción, es la que en 1988 crease un John McTiernan que venía de triunfar con Depredador. Tras el éxito de la hazaña heroica del detective John McClane en aquella torre acristalada, volvió a repetir situando la acción, esta vez en un aeropuerto. Tiempo después, viendo que la fórmula seguía funcionando, se decidió lanzar una nueva entrega del detective mas duro de Hollywood haciendo pareja junto a Samuel L. Jackson en La Jungla, La Venganza.

Doce años habían pasado desde esta última secuela hasta que los estudios Twentieth Century Fox, se decidió a dar luz verde un proyecto del que se llevaba mucho tiempo especulando. A diferencia de los films anteriores, se optó por prescindir de McTiernan y dejar esta cuarta entrega en manos de un director que, a pesar de no tener un gran número de creaciones a sus espaldas, demostró con Underworld que tenía dotes suficientes para el cine de acción.

Len Wiseman se encontraba desde que le ofrecieron el proyecto con lo complicado que sería ofrecer un producto original, tras haber explotado mucho la saga con las entregas anteriores. Además, el protagonista de la franquicia, McClaine, contaba con quince años más de edad a sus espalda, lo que suponía un aspecto a tener en cuenta a la hora de enfocar las escenas de acción.

Pero el director californiano tuvo la suerte de encontrarse con el guión de Mark Bomback que, además de mantener la línea argumental de las anteriores, ha sabido actualizarla con la era digital que vivimos hoy en día. Los asaltos a edificios in situ han dejado paso a los delitos telemáticos, a través de redes inalámbricas y las conexiones vía satélite. Este es el punto de partida de La Jungla 4.0 donde varios aficionados a la piratería informática han sido asesinados tras programar pequeñas aplicaciones informáticas pagadas a precio de oro. Esto pone en alerta al FBI que encarga a John McClaine que recoja a uno de estos hackers para llevarlo a un edificio federal a ser interrogado. A partir de aquí el duro detective se verá involucrado en un caos total, que pondrá en peligro la seguridad y economía del país mas desarrollado del globo.

Si analizamos el planteamiento del film, vemos que a pesar de tener algunos excesos de "fantasmadas", no es cierto que actualmente casi todos los aspectos de un país van controlados a través de la red de redes por lo que la trama propuesta no es tan descabellada como se podría pensar, sirviendo de inspiración a films posteriores como La Conspiración del Pánico. Pero este además cuenta con el punto diferenciador de contar con Bruce Willis dando vida al personaje que mas carisma le ha aportado en esto del séptimo arte.

A pesar de contar ya con cierta edad, el actor no se arruga y demuestra que aquel dicho de "el que tuvo, retuvo" es cierto en muchas ocasiones. La década y media que había pasado, desde que nos asombrase en su cara a cara con William Atherton, no le han quitado sus ganas de seguir repartiendo estopa y lanzar sus típicas expresiones desafiantes que, en esta ocasión pondrá de los nervios a Timothy Olyphant.

El actor hawaiano consigue ofrecernos ese papel de antihéroe sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. A pesar de no ser excesivamente expresivo, consigue que no le cojas precisamente simpatía y, a medida que se va desarrollando el guión, nos vayan aumentando las ganas ver el enfrentamiento con McClaine.

El trío de papeles de peso en el film lo completa un poco conocido Justing Long. Podemos afirmar que cumple a la perfección con su rol de freak informático, obsesionado con el mundo digital  y los algoritmos matemáticos. No es una actuación merecedora de ningún premio, pero ofrece lo que el guión requiere, algo más que suficiente para este tipo de género.

Kevin Smith, conocido como el Silencioso Bob de Clerks, Cliff Curtis o la guapa Maggie Q. son otros de los nombres que conforman el reparto de esta Jungla 4.0 a la que pone fotografía Simon Duggan. Este director que ya trabajo en I Robot o Underworl: Evolution, nos deja unas imágenes muy urbanas pero en ocasiones realmente espectaculares. Este es uno de los aspectos más destacados del film, ya que parte de la obra se asienta en su espectacularidad y el caos que en ella se muestra.

Un caos que se ve acompañado por la música de Marco Beltrami. Su partitura es acorde en todo momento con el desconcierto que vive el país tras la oleada de cyberataques que va viviendo, pero sin llegar al nivel de la que Michael Kamen realizó para las primeras entregas de la Saga. En este curto producto de la franquicia nos hemos encontrado con unos pentagramas mas funcionales que preciosistas, encajando muy bien con la acción pero dando poco resultado fuera de esta.

La Jungla 4.0 sigue los cánones del cine de acción de los ochenta pero dentro de un marco más actual. A pesar de que tarda un poco en arrancar y conseguir captar toda la atención, no debemos quitarle mérito al director que ha sabido renovar la saga y seguir manteniendo el interés por las hazañas de John McClaine. Uno de los peros que podemos ponerle al guión es el de haber tratado a los servicios de inteligencia como auténticos inútiles, cosa que mejora con algunas de las escenas eliminadas del montaje final, que Wiseman decidió recortar para enfatizar el grado de caos alcanzado. Una película para amantes de la acción que, a pesar de tener dos horas de metraje, no se hace para nada pesado, con imposibles escenas de acción y mucha adrenalina.

lunes, 11 de febrero de 2013

Crítica de Lincoln


Desde Hollywood, con esto de la crisis económica y política que está viviendo el mundo, se han empeñado en rescatar un nombre que resultó clave en el desarrollo de lo que hoy conocemos como el epicentro del capitalismo. Timur Bekmambetov nos ofreció este verano una visión heroica de Abraham Lincoln, donde el presidente era capaz de enfrentarse a un ejército de vampiros armado únicamente con un hacha. Una visión curiosa de la guerra de la secesión, donde las tropas sureñas eran apoyadas por estos casi inmortales seres, en una lucha que decidiría el futuro del país y de la existencia de la raza de color.

Este no iba a ser el único film que iba a tomar a este personaje histórico como protagonista, ya que varios meses mas tarde uno de los genios del celuloide presentaba Lincoln. Esta obra, que nada tiene que ver con la mencionada anteriormente, nos traía un periodo de la vida de este reconocido presidente estadounidense que fue crucial para para que los Estados Unidos llegase a ser lo que conocemos hoy en día.

Si el nombre del film puede llevarnos a la idea de que nos vamos a encontrar con un biopic al uso, en esta ocasión no se trata exactamente de eso. Lo que Steven Spielberg nos va a narrar, a lo largo de dos horas y media, es el intento por parte de Lincoln y su partido de abolir la esclavitud y llevar a su fin la guerra entre las tropas de los ejércitos confederados y del sur. Un homenaje a la aprobación de la decimotercera enmienda donde se declararían como libres a todos los ciudadanos de los estados confederados y, a la postre, de todo el territorio estadounidense.

Una historia así no podía llevarla  a la gran pantalla cualquier director ya que el guión, obra de Tony Kushner, podría llegar a resultar demasiado pesado. Si hay alguien capaz de coger un tostón y hacerlo que resulte entretenido y atractivo, ese es Steven Spielberg. El director californiano nos tiene acostumbrados, cada cierto tiempo, a realizar una obra más personal de lo habitual con la finalidad de, además de llegarle al público, colarse en las quinielas de favoritos de los premios de la Academa. A escasos días para conocer los galardonados, podemos confirmar que Lincoln se encuentra allí por méritos propios, aspirando a las estatuillas más importantes.

Y es que el sello del "rey midas de Hollywood" está presente en cada plano de esta producción, en la que se han invertido 65 millones de dolares. Como es habitual en sus creaciones, abre la película de forma espectacular, con escenas bélicas y un presidente que ya desde los primeros diálogos consigue llamar la atención y atraparte con su verborrea. Un comienzo potente que, por desgracia, se suaviza excesivamente a medida que se va desarrollando la historia y que se salva en muchas ocasiones por la grandiosa actuación del Daniel Day-Lewis.

El actor, nacido en Greenwish, nos tiene acostumbrado a realizar papeles sobresalientes por lo que las expectativas puestas en este Abrahan Lincoln eran muy altas. Por suerte no defrauda y da vida a uno de los mejores roles de su dilatada carrera como actor. En todo momento hace creíble el personaje al que encarna, regalándonos momentos realmente increíbles y monólogos que, muy probablemente, le lleven a hacerse como mejor actor en la presente gala de los Oscar.

Junto a él, nos encontramos con una sorprendente Sally Field, que actualmente prepara la secuela de The Amazing Spiderman. Su rol en la historia es fundamental como esposa de Abraham Lincoln, y a pesar de andar a la sombra de la interpretación de Day-Lewis, realiza un trabajo sensacional imprimiendo fuerza y carácter a su personaje. Una actuación que se complementa a la perfección con el del actor principal y que le ha valido su nominación, como mejor actriz principal para los premios de la Academia.

El otro nombre destacado del film, y con grandes posibilidades de ganar el Oscar a mejor actor secundario, es el del veterano Tommy Lee Jones. El tejano, a pesar de tener apariciones esporádicas, borda su papel de acérrimo defensor de la igualdad entre blancos y negros. Cada aparición suya supone un vuelco a la historia y consigue transmitir el pensamiento de su personaje en cada gesto y cada palabra, con un lenguaje menos adornado que el de Lincoln, pero igualmente efectista. Una nominación mas que merecida la de este intérprete que siempre está a la altura.

Joseph Gordon-Levitt es uno de los actores de moda al otro lado del charco. Sólo en el pasado 2012 lo hemos visto hasta en cuatro producciones, en papeles de mayor o menor importancia, pero codeándose con los grandes del mundillo. En esta ocasión encarna a Robert Lincoln, el hijo mayor del presidente y que se encuentra en continuo enfrentamiento con su progenitor. El sobreproteccionismo al que se ve sometido, gracias a la posición política de Abraham, está en conflicto con sus ansias de servir a su país en la guerra. A pesar de dedicar algo del metraje a explicar este enfrentamiento, se ve que es un mero instrumento para demostrar lo dañada de la situación entre Lincoln y su esposa, que viene sufriendo reiterados ataques depresivos a raíz de la muerte de uno de sus hijos.

David Stratharin, James Spader o John Hawkes son otros de los nombres que componen el numeroso reparto utilizado en el film. Actores que cumplen a la perfección con su cometido y que tienen sus mejores momentos en la  sala del congreso, donde se pone a debate la aprobación de la decimotercera enmienda.

Si algo tiene Steven Spielberg es que es capaz de coger una historia sin mucha chicha y exprimirla al máximo tirando de buenos actores y haciendo uso de una magnífica fotografía. Como es habitual en sus producciones es Janusz Kaminski quien nos pone en escena una imagen impecable de la obra, haciendo uso para esta ocasión de tonos bastante apagados en concordancia con la época de guerra e incertidumbre en la que se desarrolla la obra. Visualmente es una maravilla a pesar de no ser un film que tenga largos exteriores o excesivas escenas impactantes, visualmente hablando.

El trío de directores habituales en las obras del californiano lo cierra el  veterano maestro John Williams. A pesar de anunciar su retirada, nos regala como última gran composición una música preciosista, muy melódica y con fuerza, como es habitual en sus partituras. Los pentagramas encajan perfectamente con la trama, enfatizando aún mas las miserias y grandezas de uno de los personajes mas influyentes de la historia del mundo moderno.

Con doce nominaciones a los Oscar, Lincoln se sitúa en la cabeza de las listas para llevarse los galardones más importantes del pasado 2012. Sería injusto decir que tanto la puesta en escena, como las interpretaciones y el aspecto visual no son de una firma sobresaliente pero, por desgracia para nosotros, quizás la historia la veamos demasiado lejana y poco atractiva. Este film nos sirve para contemplar que la corrupción política no es algo de nuestro tiempo, sino que viene desde mucho atrás, y puede servir tanto para el lucro personal como para hacer justicia. Este es quizás el aspecto mas sorprendente de un político que muchos tacharíamos de inmaculado, pero que tuvo que tirar de mentiras y artimañas para, eso si, conseguir un bien necesario.

El problema es que para llegar a esto, nos encontramos con un metraje excesivamente amplio, con continuos cambios de ritmo que puede resultar cansino, y que a pesar de ser una historia bien narrada y mejor puesta en pantalla, está destinado mayoritariamente al público estadounidense. Una película con una gran firma y todo lo necesario para triunfar en territorio americano, pero que fuera de sus fronteras va a tener el handicap que no todo el mundo va a saber apreciar la enorme calidad del film.

domingo, 27 de enero de 2013

Crítica de Django Desencadenado


Quentin Tarantino es un director de esos que no necesita carta de presentación. Sus obras presentan un carácter tan marcado y diferenciador, que con solo ver los primeros minutos distinguimos, de forma espontánea, el estilo de este genio del celuloide.

Vetado por La Academia para recibir cualquier clase de reconocimiento personal, sus obras son un continuo desafío para las calificaciones morales, un provocador nato que ha hecho de la sangre y la violencia su mejor  tarjeta de visita. Pero a diferencia de muchos compañeros de profesión, no ha caído en los convencionalismos baratos y sus historias ofrecen un trasfondo poco común en guiones de este tipo.

Una de estas historias es Django, un homenaje al western que Sergio Leone encumbró y que, años mas tarde, un inspirado Clint Estwood nos rescató en esa obra maestra llamada Sin Perdón. Si mezclamos todo lo anterior y le añadimos violencia extrema y muchas sangre nos topamos de lleno con la nueva obra de Tarantino.

El guión, obra del propio director, nos narra la historia de un esclavo de color que es rescatado por un cazarrecompensas a cambio de llevarle hasta unos buscados forajidos. Pero este no es el único trabajo que realizaran juntos, ya que tras el éxito de este primer "encargo" juntos, comenzaran una cruzada en busca de peligrosos delincuentes a cambio de, una vez que entre el verano, viajar al sur en busca de la esposa de Django.

Esto, contado de forma escueta, es el comienzo de esta trama que comienza de forma explosiva y finaliza de manera mas brutal. Una historia al mas puro estilo Tarantino que sigue una línea ascendente y que une violencia y humor a partes iguales. Todos conocemos el apego que tiene este director por la mezcla de sangre y vísceras, sello de todas sus obras anteriores y que tuvo en Kill Bill su máximo esplendor. En Malditos Bastardos, a pesar de ser también una obra no apta para estómagos delicados, estuvo más comedido que de costumbre. En Django no se controla tanto y nos deja escenas de una violencia suprema, una sucesión de tiroteos grotescos donde las balas parecen de un calibre desmesurado y cada muerte intenta superar a la anterior, pero con la virtud de no caer en el ostracismo visual.

Robert Richardson, que hemos visto trabajar ya junto a Tarantino  y mano a mano con otro grande de esto como es Scorsese, le pone fotografía a este atípico western. Juega con el contraste del seco y polvoriento oeste, mezclado con el abundante y llamativo rojo proveniente de la sangre de las escenas de acción. Una composición que aviva al combinarla con las verdes praderas de las plantaciones donde trabajan los sometidos esclavos de color.

Todo este panorama necesitaba de un reparto lo suficientemente potente para dar credibilidad a la historia, pero que supiese mantener ese tono que sólo las películas de Quentin tienen. Así, para el rol de la venganza mas oscura del western se optó por contratar al polifacético Jamie Fox, en la que es una de sus mejores aportaciones al mundo del cine. Su puesta en escena es impecable, evolucionando a lo largo del film en un autentico tipo duro del oeste americano. En la versión doblada resulta, cuanto menos curioso, el acento que se le ha optado por dar y que a medida que evoluciona la trama, se va refinando de forma proporcional a sus ansias de venganza.

Es el austriaco Christoph Waltz  uno de los rostros que mas gratamente nos sorprende a lo largo de las casi tres horas que dura la película. El Dr. King Schultz es un personaje puramente tarantiniano, frío, calculador y capaz de mantener la calma en las situaciones mas tensas, adornándolo todo a base de ironía y sarcasmo.Un provocador nato que el actor austriaco interpreta de forma sobresaliente.

El circulo de interpretaciones principales del film lo cierra un actor de la talla de Leonardo Di Caprio. Si cuando lo vimos morir en aquella tabla, junto a los restos del Titanic, nos hubiesen hablado de la agigantada progresión del californiano, quizás nos hubiésemos echado unas risas. Pero no hay que quitarle merito al rubio actor que se ha ido forjando una carrera en Hollywood, madurando para mejor en cada película que estrena. Metido en la piel de Calvie Candie nos regala otra de esas actuaciones para la historia, con momentos realmente memorables como el monólogo que se pega justo después de darse cuenta que le estaban intentando tomar el pelo. Una actuación que le debería haber valido su nominación al Oscar, pero los académicos una vez más se han olvida de incluir en las listas.

El reparto se comparte con nombres como un rejuvenecido Don Johnson, que protagoniza uno de los momentos mas divertidos del film, la actriz Kerry Washington o Dennis Christopher entre otros. Pero si hay que destacar un nombre es el de Samuel L. Jackson, que realiza uno de los mejores papeles de su carrera.  Solo la transformación llevada a cabo por el equipo de maquillaje es de una calidad sublime, convirtiendo al actor en un rostro difícilmente comparable con el suyo real. Desde que aparece en escena su interpretación llena por si sola la pantalla, llegando por un lado a odiarle, pero despertando un sentimiento extrañamente entrañable hacia su personaje por otro. Una lastima que no se le haya incluido en las nominaciones a los premios de la Academia, porque realmente lo merecía.

Este cocktail de interpretaciones, acción y violencia debía tener una selección musical a la altura, y Tarantino para eso es un genio. Es capaz de combinar canciones de varias épocas y hacer que se ensamblen de maravilla en una película del Oeste. Ninguna de las elegidas desentona, haciendo del tema principal una melodía que va a quedar grabada en el género por mucho tiempo.

Django supone un nuevo género que se ve envuelto por el peculiar estilo de Tarantino, implacable en la filmación y altamente provocador en el contenido. Una nueva muestra de que taquilla y calificaciones morales altas pueden ir cogidas de la mano y no es necesario un "apto para todos los públicos" para que un film consiga una buena recaudación. Una película bien hecha, que adopta lo mejor del western y lo lleva  al extremo mas violento y sangriento, para mostrarnos aquello que esperábamos ver y mucho mas. Si hay que ponerle algún pero, y ya sería ponerse demasiado pedante, es que puede resultar excesivamente larga. Tres horas son muchas para un espectador medio, pero también es cierto que si hubiese que haber metido algún tijeretazo sería complicado saber donde, ya que todo el metraje ofrece algo.

Como vemos este director, guionista y actor, que podemos ver en acción en la ultima parte del film, no se quiere encasillar en un género y si marcar un estilo. La pregunta que nos queda a los fans es ¿se atreverá con una de ciencia ficción?.

viernes, 18 de enero de 2013

Crítica de Total Recall - Desafio Total (2012)


A comienzo de la década de los noventa se estrenaba en las pantallas de todo el mundo un film que, con un presupuesto de 65 millones de dolares, asombró a todos. Dirigida por un director tan controvertido como Paul Verhoeven,  el film te sumergía en un viaje a una colonizada Marte, donde seres humanos y mutantes conviven bajo un sistema casi dictatorial. Uno de los héroes de acción de la década, como era el musculoso Arnold Scwarzenegger, se metía en el pellejo de Douglas Quaid, que cansado de la rutina diária decide simularse unas vacaciones en el planeta rojo, viéndose envuelto en una trama de persecuciones, tiroteos y mucha acción.

Veintidós años después de disfrutar de un film de ciencia ficción con mucha adrenalina y caras tan conocidas como las de una guapa y joven Sharon Stone, o el villano por antonomasia del cine hollywoodiense como era Michael Ironside, nos llega un nuevo reboot de la obra. Pero, pese a lo que podamos pensar, el guión de Kurt Wimmer y Mark Bomback nada tiene que ver con la novela de Philip K. Dick. Muchos son los guiños a la producción de Verhoeven, pero la historia es totalmente distinta.

En esta ocasión toda la trama tiene su desarrollo en la Tierra, en dos emplazamientos totalmente opuestos tanto física como socialmente. Por un lado está La Colonia, una urbe altamente masificada por la clase proletaria y baja, con un diseño muy al estilo Blade Runner. Un enorme barrio chino lleno de suburbios y el principal objetivo del canciller Cohaagen. Al otro lado del mundo, y unido por un enorme ascensor que atraviesa la tierra de punta a punta se sitúa la UFB, donde las clases mas altas conviven entre impresionantes adelantos tecnológicos y un efectivo sistema de seguridad.

Douglas Quaid trabaja como montador de sintéticos, unos androides mezclas de soldado clon con los autómatas de I Robot, que son los defensores de la autoridad en este futuro lleno de contrastes. Su feliz vida transcurre entre su trabajo y su matrimonio con una guapa agente de policía, eclipsada por una pesadilla que se repite noche tras noche y le impide un normal descanso. Es por ello que decide visitar Rekall, una empresa que mediante compuestos químicos te generan aquellos recuerdos que quieras tener, para alejarse un poco de la rutina y, de paso, hacer desaparecer ese extraño sueño que tanto le inquieta. Esta visita va a suponer un cambio en toda la concepción que tenía de el mismo y le llenara de dudas sobre su propia existencia y del mundo que percibe.

A groso modo esta puede ser la puesta en escena del film, para el que se ha contado con Colin Farrell en el papel de Quaid. El actor irlandes, que ya pudimos ver en este género de ciencia ficción en Minority Report, realiza un trabajo bastante eficaz, pero no consigue alcanzar el nivel de carisma que Schwarzzeneger  tenía en el celuloide original. Pero dejando de lado pequeños matices, en este tipo de papeles lo que mayor importancia tiene es interpretar bien las coreografías y tener un buen físico para ello, cosa que el protagonista de Ultima llamada realiza perfectamente.

Junto a el, dos de los rostros bonitos del cine del otro lado del charco. Por un lado la guapísima Kate Beckinsale en el rol de Lori, la esposa de Douglas Quaid. Acostumbrada a verla en films de acción, no nos sorprende su soltura en las escenas con mayor dosis de adrenalina, convirtiendo a esta "cariñosa" esposa en una auténtica terminator que, para agrado del género masculino, dura mucho más en pantalla que su homónima en la versión de 1990.

En el lado opuesto a esta antiheroína nos encontramos con una no menos atractiva Jessica Biel, el auténtico amor de Douglas y una de las principales cabecillas de la resistencia. Su interpretación, sin llegar a ser mala, es de las mas flojas dentro de los papeles principales, quedando en todo momento eclipsada tanto por Farrell como por Beckinsale. No podemos decir que no cumple con su papel, pero le falta la fuerza y la puesta en escena que tenía la Melina original, a la que daba vida Rachel Ticotin.

El resto del reparto son caras menos conocidas para el público en general como las de Bryan Cranston o Bokeem Woodbine, que pasan sin pena ni gloria por la historia, siendo indiferente de haber escogido otros rsotros para dar vida a sus personajes.

Len Wiseman, al que recordaremos por dirigir La Jungla 4.0 o escribir los guiones de la saga Underworld (que casualmente protagoniza Beckinsale), fue el elegido para dar forma a este "remake" que ya fue criticado desde que se planteó la idea. Al director de origen californiano no podemos ponerle ningún pero, ya que de un guión bastante plano ha obtenido un producto muy atractivo visualmente que no se hace para nada pesado. Quizás el comienzo del film pueda parecer algo lento, pero una vez que van aconteciendo los hechos, va acelerando su ritmo hasta lograr que las casi dos horas de metraje pasen sin darte cuenta. Y todo ello a pesar de haber alargado en exceso una de las escenas que tenía en común con el film de Verhoeven, haciendo interminable la escena donde se intenta convencer a Quaid que todo es producto de los químicos suministrados en Rekall.

Para la fotografía nos encontramos con Paul Cameron, un habitual en los thrillers y que realiza aquí su primera incursión en los mundos de la ciencia ficción. Nos deleita con dos fotografias contrastadas, una para cada polo del planeta. La colonia la muestra como un lugar de vida nocturna, llena de luces y neones para enfatizar que la población residente trabaja durante todo el día y únicamente tiene algo de vida en horas intespectivas. En el lado opuesto se nos presenta lo que es una gran ciudad capitalista, utilizando para esta ocasión tonos fríos, que nos hacía recordar mucho el film de Steven Spielberg, Minority Report. Es imposible no ver similitudes de diseño entre ambas obras, incluyendo decorados, vehículos o el sistema magnético por el que se desplazan los automóviles, algo más caótico en esta Total Recall. Visualmente es un espectáculo y mucha culpa de ello lo tiene este director de fotografía.

Uno de los puntos que mas habían marcado la producción de los noventa era la impresionante banda sonora compuesta por el desaparecido Jerry Goldsmith. Su tema central, muy utilizado en todo tipo de espectáculos, tenía una fuerza que supuso uno de los sellos del film. Con solo nombrar las palabras Desafio Total, automáticamente se nos venía la pegadiza melodía a la cabeza que nos acompañaba para el resto del día. Eso, desgraciadamente no ocurre con esta nueva versión, siendo la composición de Harry Gregson-Williams más funcional que la de Goldsmith. La partitura funciona bien en el film, añadiendo mucha carga a las ya de por sí intensas escenas de acción, pero con el handdicap que alejándola del film carece de todo sentido. Una banda sonora que acompaña bien a la película y que cumple en su cometido, pero que no va a ser de las que llevemos habitualmente en nuestro reproductor mp3.

Dicen que las comparaciones son odiosas, pero es imposible ver un remake sin buscar similitudes con su antecesora. Para mi ha sido todo un acierto no repetir historia, ya que eso no hubiese hecho mas que inmolar esta nueva versión, sobre todo teniendo en cuenta que la de Verhoeven ha envejecido bastante bien y que no hubiese aportado nada nuevo. En su lugar nos encontramos con una entretenida obra de ciencia ficción, repleta de momento intensos, bien coreografiada y con muchos guiños a la película original. Una producción de 125 millones de dolares, que a pesar de no haber funcionado como se esperaba en taquilla, ofrece una buena oportunidad para disfrutarla tranquilamente en el sofá, acompañada de un refresco bien frío y un bol de palomitas.

lunes, 14 de enero de 2013

Crítica de El Hobbit: Un viaje inesperado


Nueve años han pasado ya desde que llegase a nuestras salas cinematográficas la última entrega de la trilogía del prestigioso autor británico J.R.R. Tolkien. Este mundo fantástico, donde los hombres convivían con mágicas y legendarias criaturas como elfos o hobbits, había sido recreado como nunca antes y prueba de ello es el reconocimiento que, en forma de estatuillas, le dieron los componentes de la Academia. Once Oscar que supusieron la guinda a una saga redonda, aclamada tanto por la crítica como por el público en general y por los seguidores de la obra de Tolkien en particular.

Era de esperar que tanto éxito tuviera como consecuencia que se plantearan la adaptación del resto de obras sobre la Tierra Media, y en especial ese pequeño relato para niños que, bajo el nombre de El Hobbit, supuso la primera obra del escritor. El proyecto, que en un principio iba a estar en manos del prestigioso director Guillermo del Toro, se vio afectado por los problemas económicos de los estudios MGM que canceló en un principio el film.  Tras un periodo de incertidumbre alrededor de la obra, fue el propio Peter Jackson, propietario de los derechos, el que decidió no dejar el proyecto en el olvido y se puso a trabajar en el guión.

No ha sido hasta diciembre de 2012 cuando nos ha llegado la primera entrega de este relato que, asombrosamente, ha sido dividido en tres partes. Bajo el nombre de Un Viaje Inesperado, la historia nos narra como Bilbo Bolson se ve apartado de su tranquila y ociosa vida en Hobbiton para sumergirse, junto con doce enanos y un mago, en una aventura que le marcara su destino y el de toda la Tierra Media. Un viaje por un sinfín de lugares mágicos y peligrosos que pondrá a prueba el valor, la astucia y la fortaleza de los curiosos personajes que forman esta peculiar compañía.

Este sería, a groso modo, el argumento de la historia contado en unas pocas líneas. Si bien, el guión tiene una mayor profundidad de lo aquí explicado ya que, en esta primera entrega, además de la trama principal narrada en el libro original se le han ido añadiendo hechos secundarios obtenidos de los apéndices y que no aparecen por ningún lado en el relato. De esta forma se han conseguido dos propósitos, por un lado enlazar esta historia con la trilogía de El Señor de los Anillos, comenzando a esbozar lo que puede ser una explicación del regreso de Sauron. Y por el otro, han conseguido crear una nueva saga de tres películas que va a dejar una buena cantidad de millones de dolares en taquilla.

El anuncio de la división en tres películas, a escasos tres meses del estreno de Un Viaje Inesperado, provocó un aluvión de críticas sobre Peter Jackson y su equipo, ya que los aficionados a la obra de Tolkien entendían que no había material para tanto metraje. Sobre todo teniendo en cuenta que el libro apenas superaba las 200 páginas. Pero a pesar de ello, sus mas de 80 millones de dolares en el primer fin de semana de estreno, solo en los Estados Unidos, dieron la razón al neozelandés. La gente había quedado tan encantada con El Señor de los Anillos que a pesar de lo mucho que se dijese, iba a ir en masa a ver esta nueva saga y los números no hicieron mas que corroborarlo.

Para más polémica, el film se nos ofrecía en varios formatos que iban desde el tradicional celuloide en dos dimensiones hasta el innovador y discutido HDR en 3D y a una velocidad de 48fps, el doble del standard utilizado hasta ahora. El resultado de esta nueva configuración era una imagen mucho mas nítida, un mayor acercamiento a la realidad que provocaba en muchas ocasiones la sensación de estar viendo el film a través de una ventana. Solo disponible en un selecto número de salas en nuestras fronteras, los que hemos podido disfrutar de este nuevo concepto llegamos a la conclusión de que este realismo despierta, en algunos momentos, la sensación de estar viendo un documental. Esto lo experimentamos en las escenas donde la acción se desarrolla a mayor velocidad, donde los personajes parece que van algo acelerados, efecto propio de la costumbre de ver las imágenes a 24 fps. Pero no por ello queda mal ni es tan exagerado como nos lo vendieron algunos críticos desde el prestreno, comparando las maravillosas escenas de acción del film con las ridículas situaciones de la serie británica Benny Hill.

Otro aspecto donde se ha comprobado, una vez más el gran equipo de efectos visuales, es lo elaborado de las escenas en tres dimensiones. Bajar a las profundidades de las minas enanas o esquivar las piñas ardiendo lanzadas por Gandalf hacen que ver el film en este formato merezca la pena. Si en muchas ocasiones decimos que el 3D solo aparece en el logo de  los carteles promocionales, hay que reconocer que en esta ocasión está muy bien logrado, y merece la pena pagar el suplemento para disfrutar el film con las gafas puestas.

Dejando a un lado la parte técnica que, una vez más, vuelve a ser espectacular nos adentramos en el valor artístico del film. Para ello Peter Jackson reúne parte de su antiguo reparto con savia nueva para darle un toque mas novedoso al film, pero sin perder la esencia de la primera trilogía sobre la Tierra Media. Para empezar, uno de los papeles mas carismáticos como era el de Gandalf, vuelve a ser interpretado por Ian McKellen. Este mago, con unos años menos que en la entrega anterior, vuelve a sorprendernos gratamente por la fuerza que el veterano actor inglés es capaz de transmitirle al personaje. Junto a el, un actor que todos reconocerán por la serie televisiva Sherlok y que dará vida al narrador y principal protagonista de la obra. Martin Freeman da vida a Bilbo Bolson, un despistado y acomodado hobbit que, sin quererlo ni beberlo, se verá envuelto en la aventura de su vida. El papel que realiza el intérprete británico es sobresaliente, algo que nos agrada enormemente porque teníamos la incertidumbre si este salto a un papel de tal responsabilidad iba a sobrellevarlo bien o, por el contrario, le iba a quedar grande. Tras verlo enfrentándose a orcos, discutiendo con tozudos enanos y jugando a los acertijos con Gollum, en una de las mejores escenas del film, podemos confirmar que este rol le viene como anillo al dedo (nunca mejor dicho).

Es Richard Armitage en su papel de Thorin el que mas nos sorprende en esta primera entrega de la saga. Su rol como líder de los enanos desprende una fuerza y un misticismo que ensombrece a gran parte del reparto. Todas sus acciones llevan ese halo épico a sus espaldas, y cada aparición suya eclipsa el resto de la escena. Si lo comparamos con algún personaje de El Señor de los Anillos, podríamos decir que es el Aragorn de esta trilogía.

El resto de reparto cumple a la perfección con su cometido, algunos con mayor y otros con menor protagonismo. Si bien, volvemos a ver a Cristopher Lee dando vida a un escéptico Saruman, a Hugo Weaving como el elfo Elround y a Elijah Wood en un prologo que nos enlaza las dos trilogías. Un reparto bastante completo que nos ayuda, con sus actuaciones, a adentrarnos plenamente en la aventura que nos propone la historia.

Una historia que a pesar de tener una estructura bastante infantil, ya que recordemos que se trataba de un cuento que Tolkien escribió para su hijo, sabe ganarse el interés de los espectadores de todas las edades. Las dosis de acción están bien repartidas, a pesar de tener una primera parte que decae un poco después del magnífico prólogo, donde se cuenta la historia de la caída del poderoso reino enano de Erebor bajo el fuego de Smaug. Un compendio de imágenes en 3D con voz en off que consiguen captar la atención del espectador desde el primer momento.

Desde el momento de la partida de la expedición no paran de ocurrir cosas, convirtiendo un metraje bastante extenso en un suspiro gracias a su elevado ritmo y a las espectaculares escenas de acción. Si la recreación de los Trolls nos puede parecer magnífica, el equipo de efectos especiales es capaz de sorprendernos minutos mas tardes con las peleas de los titanes de roca o con la espectacular batallas en las cavernas de los trasgos. Esto no es mas que un pequeño esbozo de la enorme cantidad de minutos donde el acero de las espadas y el silbido de las flechas se mezclan para dar lugar a cuantiosas situaciones épicas.

Todo ello danzando al ritmo de la música de Howard Shore. El compositor, autor de las partituras de El Señor de los Anillo, vuelve a repetir en este mundo de fantasía con un conjunto de melodías que se retroalimentan de sus predecesoras. Muchos son los movimientos que ya pudimos disfrutar, varios años atrás, cuando los hobbits campeaban por las tierras de La Comarca. A estos se le han añadido otros muy válidos para el film, pero de menor calidad si los comparamos con los de la época cuando Sauron atemorizaba la Tierra Media. No podemos decir que la composición a nivel global este exenta de calidad, pero si es cierto que podría haber añadido unos nuevos acordes mas sorprendentes.

Otro que repite junto a Peter Jackson es el director de fotografía, Andrew Lesnie. Este australiano nos vuelve a mostrar sorprendentes imágenes de Nueva Zelanda, donde a buen seguro estarán agradeciendo  la enorme campaña turística a nivel mundial que se le está haciendo. Pero a parte de los paisajes, cada toma es una maravilla, apreciada aún más a 48 fps, y que supone un pequeño salto de calidad con respecto a la trilogía anterior en el aspecto visual.

Hablar de El Hobbit es referirse a auténtico cine de aventuras, dentro de un marco fantástico y con mucha acción. Es una película para olvidarte de dramas personales y dejarte llevar por la grandiosidad de sus imágenes y la fuerza de sus personajes. Un film para todas las edades, que te deja con ganas de que llegue el próximo diciembre para seguir las aventuras de Bilbo, Galdalf, Thorin y compañía en su cruzada por derrotar a Smaug.





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