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lunes, 23 de septiembre de 2013

Crítica de Doce Monos


Terry Gilliam es un director que levanta pasiones y críticas a partes iguales. Procedente de los famosos cómicos británicos Monty Pyton, su cine es muy característico, con unas señas de identidad bastante reconocibles y no al gusto de todos.

Sus comienzos en estos del séptimo arte fueron a base de comedias, con títulos tan reconocidos como Los Caballeros de la mesa cuadrada o El Sentido de la Vida. Poco a poco, sus producciones se fueron abriendo a un público menos minorista  hasta llegar a Doce Monos. Este es quizás su trabajo de mayor presupuesto hasta entonces, contando para este film de ciencia ficción con un reparto que aseguraría una buena taquilla.

Twelve Monkeys, que es su nombre original, nos lleva hasta un futuro, no muy lejano, donde una pandemia de origen vírico ha dado como resultado la muerte de la mayor parte de la humanidad. Este hecho provocó que la atmósfera resultase verdaderamente mortal, debiendo vivir los supervivientes a este holocausto, bajo tierra.

En un hábitat tan hostil, es necesario ir controlando los niveles de toxicidad de la superficie, por lo que se hace uso de presos para enviarlos, con una protecciones algo arcaicas, en búsqueda de posibles seres vivos que aporte algún indicio del culpable del mencionado apocalipsis. Uno de estos reos es James Cole, que tras demostrar su valía como "observador", es enviado al año 1996 en búsqueda de alguna pista que le lleve hasta el ejército de los doce monos, principales sospechosos del brutal atentado.

Es en este primer viaje temporal donde coincidirá con Jeffrey Goines, un desquiciado joven cuyo padre es dueño de una importante empresa farmacéutica. Y es que James es internado en una institución psiquiátrica, tras ser considerado como un lunático altamente agresivo en su búsqueda por el ejército de los doce monos.

Esta es la premisa de un film que juega en todo momento con la dualidad de los viajes temporales y la locura más delirante. Si en el caso del personaje de Jeffrey, sus problemas psicológicos son evidentes desde el primer momento sin dejar lugar a duda, el de Cole dependiendo del momento, puede llegar a confundir al espectador de si lo que cuenta es cierto o es producto de su mente. Además, el guion de Chris Marker sabe sacarle partido a ello, mostrando objetos y situaciones que puede dar explicación a una posible construcción mental de una realidad totalmente inventada. Un juego que se lleva a cabo a lo largo de las casi dos horas que dura la película, y que sabe mantener el interés y la duda hasta los últimos momentos.

Gilliam hace uso de un recurso muy utilizado en films de este tipo, y es comenzar el metraje mostrando escenas de la conclusión de la historia, escondiendo detalles que nos darán la clave de la historia más adelante. Todo ello acompañado por la magnífica y soberbia partitura de un poco prolífico Paul Buckmaster. Este compositor, acostumbrado a crear música para series televisivas, nos regala una banda sonora llena de ritmo, con un tema central muy reconocible y acertado.

Peo si algo destaca, además de la historia, es el de los actores elegidos para interpretar los papeles principales. Por un lado tenemos a Bruce Willis, el protagonista del film encargado de viajar en el tiempo, buscando los extraños símbolos de pintura roja y a sus creadores. El actor estadounidense se desenvuelve como pez en el agua en este tipo de roles, recordando en momentos al último Boy Scout. Un papel que le viene como anillo al dedo y que cubre de manera notable.

Pero sin duda, el que se sale en esta película es Brad Pitt, que consigue imprimir al personaje de Jeffrey ese punto de locura que lo convierte en todo un mito en este tipo de roles. Grandioso el monólogo que se marca para explicarle el funcionamiento de la institución mental donde está ingresado, con un amplio repertorio de tics y gestos exagerados. Una muestra más de que no es sólo una cara bonita, con una de esas interpretaciones que demuestra, una vez más, del amplio registro que es es capaz de cubrir el actor nacido en Oklahoma.

Completa el casting de intérpretes principales la guapa actriz Madelen Stowne. La californiana realiza un papel más que notable, consiguiendo no quedarse ensombrecida por las actuaciones de sus potentes compañeros de reparto. Algo muy complicado visto el nivel interpretativo tanto de Willis como de Pitt. Un rol que en un principio puede no tener mucha importancia, pero que termina siendo fundamental para el desenlace final de la historia.

Doce monos es el resultado de un buen guión, unas potentes interpretaciones y la creativa fotografía de Roger Pratt. El prestigioso director británico, encargado de fotografiar películas de tanto éxito como Harry Potter y la cámara secreta o Troya, nos regala un amplio espectro de tonalidades. Por un lado juega con los grises del desolado mundo exterior en el que ha quedado sumido el planeta Tierra tras el desastre, con los contrastes blancos y fríos que rodean al mundo preapocalíptico, y el cálido de las marcas del ejército de los doce monos. Un film cargado de momentos impresionantes como la estampida de las mandas de animales salvajes paseando por las calles de Filadelfia.

Podemos asegurar que esta película es de esas que necesitan más de un visionado para dejar atados todos los detalles. Cada cosa que ocurre durante sus dos horas es una pista con lo siguiente que va a ocurrir, lo que hace que consiga mantener el interés del espectador en todo momento. Una obra de ciencia ficción poco convencional, pero que te atrapa por su simple y efectista estética, y con un sorprendente final que te hace reflexionar si todo se trata de un suceso aislado o de un bucle que se va repitiendo infinitamente en el tiempo.

sábado, 16 de febrero de 2013

Crítica de La Jungla 4.0


Si hay una Saga apreciada por los aficionados al cine de acción, es la que en 1988 crease un John McTiernan que venía de triunfar con Depredador. Tras el éxito de la hazaña heroica del detective John McClane en aquella torre acristalada, volvió a repetir situando la acción, esta vez en un aeropuerto. Tiempo después, viendo que la fórmula seguía funcionando, se decidió lanzar una nueva entrega del detective mas duro de Hollywood haciendo pareja junto a Samuel L. Jackson en La Jungla, La Venganza.

Doce años habían pasado desde esta última secuela hasta que los estudios Twentieth Century Fox, se decidió a dar luz verde un proyecto del que se llevaba mucho tiempo especulando. A diferencia de los films anteriores, se optó por prescindir de McTiernan y dejar esta cuarta entrega en manos de un director que, a pesar de no tener un gran número de creaciones a sus espaldas, demostró con Underworld que tenía dotes suficientes para el cine de acción.

Len Wiseman se encontraba desde que le ofrecieron el proyecto con lo complicado que sería ofrecer un producto original, tras haber explotado mucho la saga con las entregas anteriores. Además, el protagonista de la franquicia, McClaine, contaba con quince años más de edad a sus espalda, lo que suponía un aspecto a tener en cuenta a la hora de enfocar las escenas de acción.

Pero el director californiano tuvo la suerte de encontrarse con el guión de Mark Bomback que, además de mantener la línea argumental de las anteriores, ha sabido actualizarla con la era digital que vivimos hoy en día. Los asaltos a edificios in situ han dejado paso a los delitos telemáticos, a través de redes inalámbricas y las conexiones vía satélite. Este es el punto de partida de La Jungla 4.0 donde varios aficionados a la piratería informática han sido asesinados tras programar pequeñas aplicaciones informáticas pagadas a precio de oro. Esto pone en alerta al FBI que encarga a John McClaine que recoja a uno de estos hackers para llevarlo a un edificio federal a ser interrogado. A partir de aquí el duro detective se verá involucrado en un caos total, que pondrá en peligro la seguridad y economía del país mas desarrollado del globo.

Si analizamos el planteamiento del film, vemos que a pesar de tener algunos excesos de "fantasmadas", no es cierto que actualmente casi todos los aspectos de un país van controlados a través de la red de redes por lo que la trama propuesta no es tan descabellada como se podría pensar, sirviendo de inspiración a films posteriores como La Conspiración del Pánico. Pero este además cuenta con el punto diferenciador de contar con Bruce Willis dando vida al personaje que mas carisma le ha aportado en esto del séptimo arte.

A pesar de contar ya con cierta edad, el actor no se arruga y demuestra que aquel dicho de "el que tuvo, retuvo" es cierto en muchas ocasiones. La década y media que había pasado, desde que nos asombrase en su cara a cara con William Atherton, no le han quitado sus ganas de seguir repartiendo estopa y lanzar sus típicas expresiones desafiantes que, en esta ocasión pondrá de los nervios a Timothy Olyphant.

El actor hawaiano consigue ofrecernos ese papel de antihéroe sin escrúpulos, capaz de cualquier cosa por conseguir sus objetivos. A pesar de no ser excesivamente expresivo, consigue que no le cojas precisamente simpatía y, a medida que se va desarrollando el guión, nos vayan aumentando las ganas ver el enfrentamiento con McClaine.

El trío de papeles de peso en el film lo completa un poco conocido Justing Long. Podemos afirmar que cumple a la perfección con su rol de freak informático, obsesionado con el mundo digital  y los algoritmos matemáticos. No es una actuación merecedora de ningún premio, pero ofrece lo que el guión requiere, algo más que suficiente para este tipo de género.

Kevin Smith, conocido como el Silencioso Bob de Clerks, Cliff Curtis o la guapa Maggie Q. son otros de los nombres que conforman el reparto de esta Jungla 4.0 a la que pone fotografía Simon Duggan. Este director que ya trabajo en I Robot o Underworl: Evolution, nos deja unas imágenes muy urbanas pero en ocasiones realmente espectaculares. Este es uno de los aspectos más destacados del film, ya que parte de la obra se asienta en su espectacularidad y el caos que en ella se muestra.

Un caos que se ve acompañado por la música de Marco Beltrami. Su partitura es acorde en todo momento con el desconcierto que vive el país tras la oleada de cyberataques que va viviendo, pero sin llegar al nivel de la que Michael Kamen realizó para las primeras entregas de la Saga. En este curto producto de la franquicia nos hemos encontrado con unos pentagramas mas funcionales que preciosistas, encajando muy bien con la acción pero dando poco resultado fuera de esta.

La Jungla 4.0 sigue los cánones del cine de acción de los ochenta pero dentro de un marco más actual. A pesar de que tarda un poco en arrancar y conseguir captar toda la atención, no debemos quitarle mérito al director que ha sabido renovar la saga y seguir manteniendo el interés por las hazañas de John McClaine. Uno de los peros que podemos ponerle al guión es el de haber tratado a los servicios de inteligencia como auténticos inútiles, cosa que mejora con algunas de las escenas eliminadas del montaje final, que Wiseman decidió recortar para enfatizar el grado de caos alcanzado. Una película para amantes de la acción que, a pesar de tener dos horas de metraje, no se hace para nada pesado, con imposibles escenas de acción y mucha adrenalina.

sábado, 27 de octubre de 2012

Crítica de Looper


La ciencia ficción en el séptimo arte estaba entrando en un pequeño agujero debido, en parte, por la escasez de ideas que últimamente tiene el género. Los flojos guiones que se nos presentan en los últimos tiempos carecen de la calidad y el interés de antaño, abusando en exceso de los efectos especiales y reduciendo su temática a invasiones alienígenas, hordas de infectados o grandes catástrofes naturales, se ha ido diluyendo como un terrón de azúcar en una taza de café. Superproducciones de elevado presupuesto que no han sabido transmitir la esencia de obras como Dark City o la magistral Blade Runner.

Los viajes en el tiempo han sido un gran reclamo entre el público aficionado al género. Regreso al futuro, El tiempo en sus manos o La máquina del tiempo son algunos ejemplos de películas, que han centrado sus guiones en estos utópicos desplazamientos, y que fueron auténticos éxitos de taquilla. En Looper volvemos a recuperar este concepto que será aplicado en una doble realidad paralela, que es donde se desarrolla el guión.

Las primeras imágenes del film te invitan al desconcierto, pero a su vez consiguen implicarte desde un principio con la historia. Una potente primera escena, envuelta con una narración en off que te plantea el porqué de esa situación y te introduce en el extraño mundo de los loopers. Sicarios del presente que se encargan de eliminar las personas que las mafias les mandan del futuro. Sin rostro, sin nombres y sin preguntas es un trabajo excesivamente sencillo y una forma cómoda de hacer montañas de plata.

Este es el planteamiento inicial que nos hace el original guión de Rian Johnson, exponiéndonos un presente que se sitúa a mitad del siglo XXI, en una sociedad dividida en dos clases. La diferencia entre ciudadanos y vagabundos es enorme, sirviendo estos segundos en muchas ocasiones como blancos humanos a manos de los primeros. Un hecho que acentúa un instinto de violencia que ha ido creciendo en el hombre con los años y que ha motivado que nadie salga a la calle sin un arma.

Los filtros utilizados por el propio Johnson nos muestran un futuro decadente, con poco brillo, como las antiguas instantáneas de cuando éramos pequeños. Steve Yedlin, director de fotografía, realiza un estupendo trabajo para trasladarnos hasta un próximo presente que no invita a conocer, y que expone la falta de humanidad de una sociedad en pleno retroceso. Robos y homicidios están a la orden del día, algo que contrasta con la situación 44 años mas tardes, donde los actos de violencia son fuertemente castigados, y deben recurrir a los prohibidos viajes temporales para ajustar cuentas.

Este sería el planteamiento que nos conduce hasta una sucesión de hechos que llevaran a Joe, interpretado por Joseph Gordon-Levitt, a iniciar una frenética huida de su presente y su pasado. El actor californiano, al que ya pudimos ver como el nuevo Robin en la última entrega de Batman, realiza un notable papel en su rol de sicario. La mayor parte del film recae sobre su personaje, hecho que solventa con mucha suficiencia, evitando en caer la sobreactuación y ofreciendo a cámara lo que el guión realmente reclamaba.

Junto a él, el gran reclamo de la producción. Bruce Willis, siempre una garantía, saca lo mejor de si mismo para interpretar al Joe del futuro. Su rol toma la arrogancia de John MaClane en la época de Los Sutitutos y con la misión del T-1000. Una mezcla que, aunque pueda parecer extraña, funciona bastante bien, dando como resultado un personaje con bastante fuerza y que es protagonista en la mayoría de escenas de acción del film.

Acompañándolos una no muy conocida Emily Blunt, a la que ya vimos junto a Matt Damon en Destino Oculto. En sus apariciones, que no son demasiadas, da el toque romántico a la obra, a pesar de intentar mostrar un carácter duro y aguerrido. Es lo que el guión pedía y con lo que la actriz cumple.

El otro gran nombre del reparto lo pone el polifacético y veterano Jeff Daniels. El actor se caracteriza en esta ocasión como Abe, el hombre enviado del futuro para reclutar a los loopers y mantenerlos a raya. Su papel de villano sin escrúpulos lo hemos visto ya demasiadas veces en el cine, y nos deja la impresión que podría haber dado un poco más de juego en las casi dos horas que dura la película.

Viendo los 30 millones de dolares invertidos, que no es mucho, y las impresiones generalizadas, podemos afirmar que esta película no deja indiferente a la mayoría de los espectadores. Comparada en múltiples ocasiones con 12 monos, exceptuando el tema de los viajes temporales y la coincidencia de Bruce Willis en ambas, poco o nada tiene que ver esta Looper y la creación del extravagante Terry Gilliam. Estamos ante una obra con un guión inteligente, con varias vueltas de tuerca y un final de esos que te hacen recapacitar. Una buena película de ciencia ficción que ha rebajado sus pretensiones visuales en beneficio del argumento y las dotes interpretativas de sus actores. Una producción llamada a formar parte de las denominadas "de culto" que es una gran carta de presentación para su novel director, Rian Johnson.
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