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sábado, 30 de agosto de 2014

Crítica de Dallas Buyers Club


Si había una persona especialmente feliz en la pasada edición de los premios de la Academia, ese era Matthew McConaughey. El prolífico actor se llevó a casa un merecido Oscar como actor principal por un film que, sin ser de los favoritos para triunfar en la gala, si que obtuvo un rotundo éxito en el campo interpretativo.

Dallas Buyers Club es la historia de un hombre, Ron Woodroof, al que sus múltiples adiciones a las drogas y a las prostitutas le llevan a contraer una enfermedad que causó el pánico en la década de los ochenta. El VIH, como se denominó aquel virus, era tratado con AZT, un agresivo fármaco que, lejos de producir una mejora en los pacientes, los iba debilitando a pasos agigantados hasta dejarlos agonizando en el lecho de muerte.

Cuando Ron descubre que tiene la enfermedad, lejos de quedarse esperando el trágico desenlace que debede producirse en el escaso período de un mes, decide no tratarse con el peligroso fármaco y buscar en el mercado internacional, nuevos tratamientos experimentales a los que se irá sometiendo para intentar aumentar su esperanza de vida. Poco a poco comprobará que su caso no es el único, y que hay muchos enfermos interesados en tratarse con estos medicamentos comprados en distintos países. Este hecho llevará a Woodroof a montar una sociedad en la que por una cuota, los seropositivos tenían la oportunidad de acceder a estos medicamentos.

Este es el punto de partida del guión escrito por Craig Borten y Melisa Wallck, y que está basado en un hecho real. Una historia que comienza centrándose en el personaje al que da vida, magistralmente, McConaughey pero que termina siendo una visión crítica de las mafias que se esconden tras los organismos reguladores de medicamentos en los Estados Unidos.

Un enfrentamiento entre Ron, el gobierno y la FDA por intentar que cada enfermo se trate con medicamentos que, a pesar de demostrarse que son mucho mas efectivos que el AZT, no están regulados por este organismo.

El papel que realiza el actor texano es realmente espectacular. Su caracterización es magnífica, habiendo perdido gran cantidad de peso y de masa muscular para dar vida a un personaje especialmente demacrado tanto por el efecto de sus excesos con las sustancias estupefacientes, como por el galopante avance de la enfermedad. Un cambio total de imagen, que se vio complementado por la gran labor de Adruitha Lee y Robin Mathews. Ambos fueron agraciados con el Oscar a la mejor caracterización por dicho trabajo.

Junto a el encontramos otro actor galardonado por la Academia como mejor secundario, y es que Jared Leto borda el papel de Rayon.  Esta alocada travesti, consigue conectar tanto con el público, como con un homófobo Ron que sucumbirá al especial carisma de su socia.

El otro rol destacado del film se otorgó a la actriz Jennifer Garner, que hace de doctora y confidente del protagonista. A pesar de no tener una interpretación tan destacada como los dos anteriores, su trabajo está a la altura, tanto de la historia, como del resto del plantel de actores.

Jean-Marc Vallée se pone tras las cámaras para dirigir un film que corría el riesgo de resultar soporífero y poco atractivo. El cineasta canadiense, cuya carrera hasta este punto había sido bastante discreta, se tomó este proyecto con especial ilusión, ya que había conocido al personaje real sobre el que versa el film. Su trabajo es magnífico, dotando al guión de un ritmo y una fluidez que consiguen mantener la atención del espectador en todo momento.

Yves Bélanger es el encargado del aspecto visual del film. Su fotografía destaca por los tonos cálidos y ocres, en concordancia con la zona donde se desarrollan los sucesos.

Resulta curioso que no se haya compuesto una banda sonora propia para la película, siendo todos los temas musicales una combinación de country y pop al más puro estilo americano de la década de los ochenta.

Dallas Buyers Club resulta una obra autobiográfica que destaca, sobre todo, por el elevado nivel de interpretación que derrochan sus actores. Un film que va mas allá de centrarse únicamente en la crónica del personaje principal para convertirse en una apología crítica a la poderosa industria farmaceutica.

viernes, 6 de septiembre de 2013

Crítica de Una Mente Maravillosa


Si hay alguien que recuerda el año 2002 con especial cariño, ese es Ron Howrd. Y es que supuso, para este prolífico director norteamericano, el reconocimiento en forma de galardón a muchos años de dedicación al mundo del celuloide.

Cuatro fueron los premios de la Academia que recibió Una Mente Maravillosa, entre los que se encontraba el de mejor película. Director, guión adaptado y actriz de reparto completaban el gran palmares del film, que nos cuenta un período de la vida de John Nash.

Basada en hechos reales, el oscarizado guión de Akiva Goldsman adapta la novela, del mismo nombre, de la escritora Sylvia Nasar. La obra, que comienza con los años de estudios universitarios del famoso matemático, es una visión, algo inexacta, de la vida de este premio novel de economía.

Tras finalizar sus estudios de forma brillante, Nash alterna su vida como profesor en la Universidad con algunos trabajos para el gobierno traduciendo mensajes encriptados procedentes de los países comunistas. Poco a poco, el personaje interpretado por Russell Crowe se irá obsesionando con estos mensajes, intentando encontrar indicios de conspiraciones en todas las revistas, periódicos y panfletos publicitarios que pasan por sus manos.

Con estas premisas Ron Howard nos adentra en la mente de este famoso licenciado que, a medida que se va desarrollando el film, verá acrecentado los síntomas de esa enfermedad llamada esquizofrenia. El dicho de que todo genio tiene su punto de locura, aquí queda totalmente latente. La mayoría de los personajes que aparecen alrededor de John Nash, son producto de la enfermedad, llevándolo a tal punto de desconcierto que le impide distinguir con claridad entre la realidad y lo generado por su brillante cerebro.

El director nacido en Oklahoma, sabe jugar muy bien con esta dualidad, y no es hasta la mitad de la obra cuando no nos desvela el hecho de la esquizofrenia. Así, la primera parte de la película podríamos clasificarla dentro del thriller mas puro, ya que el guión nos va llevando hacia una trama de espionaje y conspiraciones que nada nos hace suponer qué es lo que ocurre realmente.

Es a partir de su boda con una alumna suya llamada Alicia cuando, poco a poco, estos episodios se vuelven más intensos, hasta devenir en una situación destructiva e insoportable para su entorno. Y es que, sin ser consciente de su enfermedad, el temor a un posible ataque comunista y a la creencia de tener la llave para evitarlo, hacen que los síntomas se agraven, llegando a perder todo aquello por lo que había trabajado durante años.

Todo esto, que parece algo complejo de plasmar en la gran pantalla, no lo es tanto si cuenta con un actor de la talla de Russell Crowe. El intérprete neozelandes realiza un trabajo soberbio para dar vida a tan extraño personaje. Su metamorfosis es total, y te crees en todo momento lo que el guión quiere contarnos, gracias a una interpretación limpia y sin caer en el error de la sobreactuación. Un rol que le valió al actor la nominación para los premios de la Academia, pero que se vio superado, en la votación final, por Denzel Washington en su papel del policía corrupto de Training Day.

La que si tuvo mas suerte en la gala de los Oscar, fue la guapa actriz Jennifer Connelly, que se sobrepuso a sus colegas en la carrera por la estatuilla. Su papel de esposa de John Nash no era nada sencillo, pero la actriz neoyorkina se sobrepone de forma espectacular a dicho reto. Su actuación es sobresaliente, desbordando dramatismo en todo momento y expresando, de una forma totalmente acertada, el calvario a base de sufrimiento que tienen que pasar los familiares de enfermos de esquizofrenia.

Otro de los reconocidos nombres con los que contó el film, es el de Ed Harris. Este interprete puede presumir de hacerlo bien cada vez que aparece en pantalla, siendo capaz de trabajar en muchos y variados registros. Aquí da vida a Parcher, un misterioso personaje que hará de enlace entre los servicios de inteligencia estadounidenses y el protagonista de la obra. El actor, nacido en New Jersey ,desprende ese halo misterioso que requiere su rol, y se convierte en uno de los "personajes" principales de la producción.

El poker de intérpretes lo completa Paul Bettany. Silas de El Código Da Vinci, cumple perfectamente con lo que el guión lo exige, en su papel de compañero de habitación de residencia donde reside Nash en sus años de estudio.Pero la relación entre ambos no terminará con la universidad, convirtiéndose en otro de los referentes que atormente al matemático durante sus crisis.

Como hemos visto, además de contar con una más que interesante historia, el director de Ángeles y Demonios consiguió reunir un elenco de actores que valen su peso en oro. El éxito con estos dos factores era más que probable, pero una producción tan ambiciosa necesitaba además de una buena fotografía.

Para ello Dreamworks dio el visto bueno a la contratación de Roger Deakins. Autor de la fotografía de reconocidas obras como Huracan Carter o Cadena Perpetua,  la labor realizada en Una Mente Maravillosa es realmente notable. Destaca de sobremanera las escenas en las que Nash comienza a visualizar las series por las que se rigen las cadenas numéricas que forman los códigos encriptados. Unas secuencias muy llamativas, visualmente hablando, y que han servido de inspiración a muchas producciones posteriores.

Ya solo faltaba dar con una partitura acorde con todo lo anterior, trabajo que fue encargado a uno de los compositores que levanta odios y pasiones por igual. James Horner vuelve a tirar de archivo y se inspira en una creación suya del año 1999. Es imposible no apreciar las similitudes entre los temas centrales de esta obra, y la que protagonizase Robin Williams como El Hombre Bicentenario. A pesar de ello, la composición resulta bastante efectiva, imprimiéndole carácter a la obra y expresando perfectamente esa mezcla de brillantez y locura del personaje protagonista.

La gran triunfadora de la 74 edición de los Premios de la Academia es una película de esas que no te dejan indiferente la primera vez que la vez. La historia, que podría haber derivado en un drama soporífero, aburrido y muy pesado, cuenta con la virtud de haber jugado con esa dualidad que pone en duda al espectador durante la primera parte de la película,.haciéndola mucho más dinámica y divertida. Une película que fue aclamada por la crítica y el público en general merecidamente, y que es un magnífico ejemplo de un trastorno tan problemático como la esquizofrenia.

miércoles, 4 de septiembre de 2013

Crítica de Alguien voló sobre el Nido del Cuco


Si hay una obra que ha servido como referencia a las numerosas producciones basadas en centros psiquiátricos, es sin duda esta que en 1975 estrenase Milos Forman. Galardonada con los cinco principales premios de la Academia, el guión de Lawrence Hauben y Bo Goldman es una adaptación de una novela, de mismo nombre, escrita por un antiguo sanitario de un hospital de veteranos de guerra, llamado Ken Kesey.

La novela y posterior adaptación cinematográfica, comienza con la entrada en un psiquiátrico de McMurphy, un violador cuyo comportamiento difiere totalmente de lo políticamente correcto. Este personaje es interpretado magistralmente por Jack Nicholson, en un rol que ha seguido desarrollando en trabajos posteriores y que parece haber sido hecho a su medida. Convierte al desorden y al caos en la tarjeta de presentación del protagonista principal del film, haciendo de cada secuencia un desafío a la lógica, culminando en las continuas provocaciones hacia la detestada enfermera Ratched.

La sanitaria, cuyo papel encumbró a la actriz Louis Fletcher, es lo mas parecido al alcaide de una prisión. Sus malas artes con los pacientes, y sus continuos desafíos con estos, hacen que poco a poco vaya cogiéndole animadversión hacia su personaje, convirtiendo a McMurphy en el "héroe" que desafiará la tiranía de la enfermera.

Y es que el personaje interpretado por Nicholson pronto se convierte en el centro de las iras del personal sanitario del centro, ya que combina una personalidad indomable y provocativa con un extraño carisma que le hace ganarse la simpatía de muchos de sus compañeros. Pacientes que son interpretado por un gran elenco de actores que consiguen mostrar, de una forma totalmente creíble, muchos de los distintos trastornos psicológicos que podemos encontrar en este tipo de psiquiátricos.

Un joven Danny De Vitto o Christopher Lloyd, al que todos reconoceran por Regreso al futuro,  son algunos de los rostros que podemos encontrar en el reparto, dejándonos grandes y desternillantes momentos. Además, para meterse más en situación, el film se rodó en un auténtico  hospital psiquiátrico de Oregón. Esta mezcla con enfermos reales le dio un plus de credibilidad a la obra y potenció el desorden de muchas de las escenas.

Jack Nitzche le pone música a esta película que se desarrolla, casi en toda su totalidad, en el interior del recinto hospitalario. Su partitura desprende ese halo de locura y caos que tienen encerrada en su cabeza los pacientes el lugar. Movimientos que alternan intervalos cómicos con otros más dramáticos y tensos  que acompañan las provocaciones de la desafiante enfermera Ratched.

Es en la última parte del film donde encontramos la mayor carga dramática de la obra, con un final totalmente inesperado y realmente duro. Un desenlace que ha sido copiado en posteriores producciones, y que suponía un grandioso remate a la segunda película de la historia en hacerse con los cinco grandes.

Y todo ello a pesar de que gran parte del tiempo de rodaje y producción, tanto Jack Nicholson como Milos Forman, el director, llegaran a tal punto de desavenencias que rompieron toda comunicación verbal, después de pararse el rodaje durante dos semanas. De ahí al estreno del film en las salas cinematográficas, la comunicación entre ambos fue nula, debiendo echar mano del resto del equipo de producción para comunicarse con el excéntrico actor neoyorkino.

Este film, que recibe su nombre de una canción que uno de los enfermeros cantaba en la novela de Kesey, se coló por méritos propios entre las más valoradas de la historia. Con un reparto excepcional, un argumento muy bien desarrollado y unas interpretaciones sobresalientes, es todo un referente del género y una obra que debe ser vista por cualquier aficionado al buen cine.

lunes, 11 de febrero de 2013

Crítica de Lincoln


Desde Hollywood, con esto de la crisis económica y política que está viviendo el mundo, se han empeñado en rescatar un nombre que resultó clave en el desarrollo de lo que hoy conocemos como el epicentro del capitalismo. Timur Bekmambetov nos ofreció este verano una visión heroica de Abraham Lincoln, donde el presidente era capaz de enfrentarse a un ejército de vampiros armado únicamente con un hacha. Una visión curiosa de la guerra de la secesión, donde las tropas sureñas eran apoyadas por estos casi inmortales seres, en una lucha que decidiría el futuro del país y de la existencia de la raza de color.

Este no iba a ser el único film que iba a tomar a este personaje histórico como protagonista, ya que varios meses mas tarde uno de los genios del celuloide presentaba Lincoln. Esta obra, que nada tiene que ver con la mencionada anteriormente, nos traía un periodo de la vida de este reconocido presidente estadounidense que fue crucial para para que los Estados Unidos llegase a ser lo que conocemos hoy en día.

Si el nombre del film puede llevarnos a la idea de que nos vamos a encontrar con un biopic al uso, en esta ocasión no se trata exactamente de eso. Lo que Steven Spielberg nos va a narrar, a lo largo de dos horas y media, es el intento por parte de Lincoln y su partido de abolir la esclavitud y llevar a su fin la guerra entre las tropas de los ejércitos confederados y del sur. Un homenaje a la aprobación de la decimotercera enmienda donde se declararían como libres a todos los ciudadanos de los estados confederados y, a la postre, de todo el territorio estadounidense.

Una historia así no podía llevarla  a la gran pantalla cualquier director ya que el guión, obra de Tony Kushner, podría llegar a resultar demasiado pesado. Si hay alguien capaz de coger un tostón y hacerlo que resulte entretenido y atractivo, ese es Steven Spielberg. El director californiano nos tiene acostumbrados, cada cierto tiempo, a realizar una obra más personal de lo habitual con la finalidad de, además de llegarle al público, colarse en las quinielas de favoritos de los premios de la Academa. A escasos días para conocer los galardonados, podemos confirmar que Lincoln se encuentra allí por méritos propios, aspirando a las estatuillas más importantes.

Y es que el sello del "rey midas de Hollywood" está presente en cada plano de esta producción, en la que se han invertido 65 millones de dolares. Como es habitual en sus creaciones, abre la película de forma espectacular, con escenas bélicas y un presidente que ya desde los primeros diálogos consigue llamar la atención y atraparte con su verborrea. Un comienzo potente que, por desgracia, se suaviza excesivamente a medida que se va desarrollando la historia y que se salva en muchas ocasiones por la grandiosa actuación del Daniel Day-Lewis.

El actor, nacido en Greenwish, nos tiene acostumbrado a realizar papeles sobresalientes por lo que las expectativas puestas en este Abrahan Lincoln eran muy altas. Por suerte no defrauda y da vida a uno de los mejores roles de su dilatada carrera como actor. En todo momento hace creíble el personaje al que encarna, regalándonos momentos realmente increíbles y monólogos que, muy probablemente, le lleven a hacerse como mejor actor en la presente gala de los Oscar.

Junto a él, nos encontramos con una sorprendente Sally Field, que actualmente prepara la secuela de The Amazing Spiderman. Su rol en la historia es fundamental como esposa de Abraham Lincoln, y a pesar de andar a la sombra de la interpretación de Day-Lewis, realiza un trabajo sensacional imprimiendo fuerza y carácter a su personaje. Una actuación que se complementa a la perfección con el del actor principal y que le ha valido su nominación, como mejor actriz principal para los premios de la Academia.

El otro nombre destacado del film, y con grandes posibilidades de ganar el Oscar a mejor actor secundario, es el del veterano Tommy Lee Jones. El tejano, a pesar de tener apariciones esporádicas, borda su papel de acérrimo defensor de la igualdad entre blancos y negros. Cada aparición suya supone un vuelco a la historia y consigue transmitir el pensamiento de su personaje en cada gesto y cada palabra, con un lenguaje menos adornado que el de Lincoln, pero igualmente efectista. Una nominación mas que merecida la de este intérprete que siempre está a la altura.

Joseph Gordon-Levitt es uno de los actores de moda al otro lado del charco. Sólo en el pasado 2012 lo hemos visto hasta en cuatro producciones, en papeles de mayor o menor importancia, pero codeándose con los grandes del mundillo. En esta ocasión encarna a Robert Lincoln, el hijo mayor del presidente y que se encuentra en continuo enfrentamiento con su progenitor. El sobreproteccionismo al que se ve sometido, gracias a la posición política de Abraham, está en conflicto con sus ansias de servir a su país en la guerra. A pesar de dedicar algo del metraje a explicar este enfrentamiento, se ve que es un mero instrumento para demostrar lo dañada de la situación entre Lincoln y su esposa, que viene sufriendo reiterados ataques depresivos a raíz de la muerte de uno de sus hijos.

David Stratharin, James Spader o John Hawkes son otros de los nombres que componen el numeroso reparto utilizado en el film. Actores que cumplen a la perfección con su cometido y que tienen sus mejores momentos en la  sala del congreso, donde se pone a debate la aprobación de la decimotercera enmienda.

Si algo tiene Steven Spielberg es que es capaz de coger una historia sin mucha chicha y exprimirla al máximo tirando de buenos actores y haciendo uso de una magnífica fotografía. Como es habitual en sus producciones es Janusz Kaminski quien nos pone en escena una imagen impecable de la obra, haciendo uso para esta ocasión de tonos bastante apagados en concordancia con la época de guerra e incertidumbre en la que se desarrolla la obra. Visualmente es una maravilla a pesar de no ser un film que tenga largos exteriores o excesivas escenas impactantes, visualmente hablando.

El trío de directores habituales en las obras del californiano lo cierra el  veterano maestro John Williams. A pesar de anunciar su retirada, nos regala como última gran composición una música preciosista, muy melódica y con fuerza, como es habitual en sus partituras. Los pentagramas encajan perfectamente con la trama, enfatizando aún mas las miserias y grandezas de uno de los personajes mas influyentes de la historia del mundo moderno.

Con doce nominaciones a los Oscar, Lincoln se sitúa en la cabeza de las listas para llevarse los galardones más importantes del pasado 2012. Sería injusto decir que tanto la puesta en escena, como las interpretaciones y el aspecto visual no son de una firma sobresaliente pero, por desgracia para nosotros, quizás la historia la veamos demasiado lejana y poco atractiva. Este film nos sirve para contemplar que la corrupción política no es algo de nuestro tiempo, sino que viene desde mucho atrás, y puede servir tanto para el lucro personal como para hacer justicia. Este es quizás el aspecto mas sorprendente de un político que muchos tacharíamos de inmaculado, pero que tuvo que tirar de mentiras y artimañas para, eso si, conseguir un bien necesario.

El problema es que para llegar a esto, nos encontramos con un metraje excesivamente amplio, con continuos cambios de ritmo que puede resultar cansino, y que a pesar de ser una historia bien narrada y mejor puesta en pantalla, está destinado mayoritariamente al público estadounidense. Una película con una gran firma y todo lo necesario para triunfar en territorio americano, pero que fuera de sus fronteras va a tener el handicap que no todo el mundo va a saber apreciar la enorme calidad del film.

martes, 16 de octubre de 2012

Crítica de Lo Imposible



El 26 de diciembre del año 2004, quedará marcado en los libros de historia del mundo actual como una fecha donde tuvo lugar una de las mayores catástrofes naturales vivida por el hombre. Un terremoto de intensidad 9.0 en la escala Richter provocaba una serie de réplicas en forma de tsunamis que azotaron las costas del índico. 300.000 personas perdieron la vida en este escalofriante suceso, siendo Tailandia el país mas castigado con cerca de 170.000 defunciones.

Es aquí donde se desarrolla la historia de Lo Imposible, lugar al que viaja un matrimonio con sus tres hijos para pasar las señaladas festividades navideñas. Los apacibles y relajados días de playa se van a tornar en miedo y desesperación cuando una enorme ola arrasa el lujoso complejo turístico donde se encuentran.

Este es el punto de partida que toma Juan Antonio Bayona para deleitarnos con una historia basada en hechos reales y cargada con una elevada dosis de emotividad. El director catalán, que se dio a conocer con El Orfanato, tenía la complicada misión de plasmar en la gran pantalla una historia angustiosa y muy dramática sin aburrir y sin caer en los excesos. Para ello tuvo la suerte de contar con un reparto realmente excepcional y que le aseguraban un mínimo de calidad en las interpretaciones.

El recientemente galardonado con el premio honorífico Donostia, Ewan McGregor, era uno de los buques insignias de la película. Como suele ser habitual, el polifacético actor escoces realizar una labor muy notable en su rol como Henry, el cabeza de familia de la familia Bennett. Su papel está muy bien llevado, pero se ve eclipsado por la actuación de Tom Holland. Este jovencísimo actor es todo un gran descubrimiento y augura una brillante carrera. Pese a su corta edad, es capaz de echarse a las espaldas una gran parte del metraje del film, madurando su personaje a medida que lo hacían las condiciones de supervivencia y consiguiendo, con su sobresaliente papel, arrancar mas de un sentimiento de emoción entre los espectadores.

Junto a ellos, la siempre estupenda Naomi Watts que borda su papel de esposa de Henry y madre de Lucas. De todos es conocidos las magníficas capacidades interpretativas de la rubia británica, a la que hay que unir en esta ocasión su enorme sacrificio y trabajo en la escena de la ola. En ella, además de pasar enormes intervalos de tiempo sumergiendo y emergiendo de las turbulentas aguas, es capaz de transmitir ese sentimiento de sufrimiento y desesperación que vivieron muchos de los afectados aquel fatídico día de diciembre.

Uno de las virtudes que podemos destacar de Bayona y su equipo en este film es el gran virtuosismo para trabajar con los niños y sacar de ellos lo mejor que llevan dentro, artísticamente hablando. Si la interpretación de Lucas era sobresaliente, no es para nada desmerecida las de Oaklee Pendergast y Samuel Joslin, los otros hijos del matrimonio que protagonizan algunas de las escenas mas emotivas de la película. En una de ellas, comparten protagonismo con la veterana Geraldine Chaplin, que a pesar de tener una aportación mínima, demuestra una vez más lo gran actriz que es. Y es que la californiana parece haberle cogido gusto a nuestras producciones.


El guión de Sergio G. Sánchez tenía la complicada labor de contar una historia real, con una gran dureza visual y con la difícil tarea de resultar sensible a los ojos del espectador sin llevarlo a un punto extremo. Una vez vista la obra podemos afirmar que durante las casi dos horas que tiene de duración el film se cumple este cometido, mostrando imágenes muy duras pero tratadas con sensibilidad, dejando de lado el morbo explícito que en muchas ocasiones se apodera de estos argumentos.

Era quizás el resultado final del tsunami lo que más controversia podría crear entre los espectadores, ya que era sumamente complicado hacerlo de forma que pareciese real y creíble. El equipo de efectos especiales tenía un gran reto por delante y por suerte para nosotros lo han superado y con creces. El resultado es una espectacular escena, de casi veinte minutos de duración, que no cae en los defectos que suelen producirse al ensamblar los efectos creados por ordenador con la acción rodada. Un gran trabajo de estos magos digitales que nos dejan una de las escenas más espectaculares que han salido de nuestros estudios y que elevan aún más la calidad del guión.

Otro de los aspectos destacables es la magnífica banda sonora creada por Fernándo Velázquez. Este compositor, que ya trabajó con Bayona en El Orfanato y tiene un extenso número de partituras a sus espaldas, consigue plasmar toda la tensión del suceso en sus pentagramas. Combina acordes melancólicos con otros cargados de tensión basados en movimientos con instrumentos de cuerda, que consiguen aupar aún más las devastadoras consecuencias de la ola. Esto, unido a la excelente fotografía de Óscar Faura, hacen que en más de una ocasión se pongan los bellos de punta.

Solo viendo el récord de taquilla de una producción española el primer fin de semana, podemos hacernos una idea del buen marketing que ha tenido la obra. Pero no solo es publicidad, ya que el film es de una calidad muy superior a lo que tenemos acostumbrado ver nacer en nuestras fronteras. La historia, que en un principio puede parecernos que no va a aportar gran cosa, consigue enganchar al espectador desde los primeros momentos, metiéndote de lleno el desconsuelo e impotencia de los personajes e invitándote a sufrir con ellos. Uno de los grandes estrenos del año, que no defrauda para nada y que posee esa capacidad que no todas las películas tienen, de emocionar y hacer soltar alguna que otra lágrima.

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