lunes, 27 de octubre de 2014

Crítica de Blade Runner


La década de los ochenta supuso la consagración, de uno de los directores mas creativos que ha dado la industria americana en las últimas décadas. Precedido del éxito de un film, que fue pionero en su género, Ridley Scott decidió llevar a la gran pantalla un pequeño relato que tenía por nombre ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas?

Tras esta obra de Philip K. Dick, de tan extraño nombre, se escondía una historia en la que el hombre llevaba a tal extremo la idea de crear androides a su semejanza, que había llegado a convertirse en una amenaza para la especie humana.

Así nos encontramos a Deckard, un agente ya retirado, que era especialista en descubrir a estos seres cibernéticos a los que se han denominado replicantes. La llegada de una nave con varios de estos seres artificiales, proveniente de una estación espacial, ha provocado que a Rick se le haya puesto de nuevo en servicio, con la misión de investigar y localizar el paradero de estos androides.

Este sería el punto de partida que nos narra el guión adaptado de Hampton Fancher y David Webb Peoples. Este último a raíz de aquí, forjaría una carrera de gran éxito guionizando films tan contrastados como Sin Perdón o Doce Monos. El trabajo de ambos es excelente, plasmando en la gran pantalla un relato algo complejo y no con excesiva sustancia.

Pero si algo destaca por encima de todo en la obra, es el diseño del mundo que envuelve a Blade Runner. Ridley Scott tomó como inspiración la pintura de Edward Hopper conocida como "Nighthawks".  El director quiso plasmar la estética del cuadro en imáganes en movimiento, un hecho que consiguió de forma sobresaliente, creando su propio estilo visual. En muchas producciones posteriores, de ámbito futurista, podemos ver como se ha tomado como fuente de inspiración los diseños de Scott y su equipo.

Todo este conjunto de imágenes poderosas y cargadas de emociones, contrastan con el ritmo pausado y lento con el que transcurre la historia, A diferencia de otras ocasiones, esto no resulta nada molesto y aburrido, ya que permite al espectador disfrutar de la plástica visual y de unos diálogos llenos de profundidad.

Diálogos que te atrapan además de por su contenido, por la gran actuación de los actores que los pronuncian. Y es que Deckard, el protagonista de la historia, no hubiese tenido tanto carisma si no le hubiese dado vida un jovencísimo Harrisond Ford. El actor, que gracias a George Lucas se había encumbrado como gran héroe de acción de finales de los 70 principio de los 80, iniciaría una nueva incursión en el género que le vio nacer, pero en otro tipo de registro. A pesar de que el propio actor no esta nada satisfecho con su papel en esta obra, podemos asegurar que su labor es magnífica, dando a este inspector una personalidad y carácter que marcan el desarrollo de la historia.

Compartiendo protagonismo con Rick, aparece en escena Rutger Hauer. El actor, que fue nominado a los premios de la Academia por su actuación en este film, da vida a Roy Batty. Su rol de replicante dispuesto a cualquier cosa por alargar su existencia es magistral, regalándonos momentos que van a pasar a la historia del cine. Como ejemplos tomaremos el diálogo final con Deckard, que se ha convertido con el paso del tiempo en el eslogan del film.

Otro papel a tener muy en cuenta es el de Rachel, a la que da vida la actriz Sean Young. La intérprete dota a su personaje de un halo de misterio e inocencia que pondrá en duda al propio protagonista acerca de su naturaleza,

Este completo reparto y la excelente dirección tras las cámaras, se ve complementado por los efectos visuales y la fabulosa fotografía de Jordan Cronenweth. Cada toma del film es una obra de arte en si misma, destacando por encima de todo las potentes escenas exteriores donde se hace más palpable la época donde se desarrolla la historia. Encontraste con estas escenas generales, las primeras tomas de los actores cuando mantienen la mayoría de los interesantes diálogos.

Todo ello acompañado con la espectacular banda sonora compuesta por Vangelis. Cada uno de sus temas se ensamblan perfectamente con cada suceso, envolviendo cada nota al espectador para transportarlo a un mundo cargado de vehículos imposibles, grandes pantallas y millones de luces.

Con más de treinta años desde que pasó por las salas cinematográficas, este film está considerado como una de las obras maestras del género. Tanto su estética como sus efectos especiales han envejecido muy dignamente, no desentonando para nada si lo comparamos con las superproducciones actuales. Un guión profundo y un desenlace de esos que te deja meditando acerca de los personajes principales, que hacen de Blade Runner el film, dentro de la ciencia ficción, que mejores opiniones tiene del público general.

viernes, 24 de octubre de 2014

Completísimo podcast sobre la trilogía de Regreso al Futuro


Los amigos de El Legado de Krypton nos han deleitado, como es habitual en ellos, con una nueva entrega de sus completísimos podcasts sobre cine.

En esta ocasión han elegido la exitosa trilogía, creada por Robert Zemeckis en la década de los ochenta, que bajo el nombre de Regreso al Futuro llevaba a la gran pantallas los viajes en el tiempo de McFly y Doc.

Diego y su equipo han rendido un merecido homenaje a la saga, con un programa de más de ocho horas de duración, en la que analizan, de forma minuciosa, tanto las películas como los videojuegos y demás adaptaciones que han tomado a esta trilogía como fuente de inspiración.

Desde aquí os podéis descargar este documentado podcast, que no tiene desperdicio.

miércoles, 22 de octubre de 2014

Crítica de El Experimento (2001)


El cine europeo, en muchas ocasiones, poco tiene que envidiar al que nos llega del otro lado del Atlántico. Esa falta de medios y presupuesto, que podría ser una gran desventaja cuando hablamos de la gran pantalla, en muchas ocasiones es suplida a base de guiones bien trabajados y originales. Creativas puestas en escenas que, como práctica cada vez más habitual, son copiadas por la gran industria cinematográfica estadounidense.

Uno de estos casos es el film de 2001 que, bajo el nombre de El Experimento, llegaba a las escasas salas donde se estrenó proveniente del país teutón. Una obra que se escapaba de los convencionalismos y mantenía las imágenes duras e impactantes típicas de las producciones alemanas.

El guión de Mario Giordiano nos traslada hasta los despachos de una facultad de medicina, donde un grupo de 20 personas, de diversas personalidades y estatus social, son contratados, a cambio de una buena cantidad de dinero, para formar parte de un experimento. En él, los voluntarios se dividirán en dos grupos. Ocho de ellos adquirirán el rol de funcionarios de prisiones, mientras que los doce restantes deberán recluirse en una prisión simulada y comportarse como auténticos presos.

Una investigación sobre la conducta humana en la situación de estrés de una prisión, creada por el equipo de psicología de la universidad, que asegurará en todo momento la integridad física de los participantes con una serie de normas como la prohibición total del uso de la violencia.

Este es el punto de partida de una historia que pone en escena el director alemán Oliver Hirschbiegel. El cineasta, nacido en Hamburgo, hasta el estreno de esta obra se había limitado a dirigir capítulos para series televisivas y alguna que otra TV movie de escasa repercusión. A raíz de El Experimento su carrera tomo buen impulso, encargándole tres años más la magnífica obra sobre los últimos días de Hitler llamada El Hundimiento.

El trabajo realizado aquí es sobresaliente, tomando una historia original y cargándola de tensión a base de primeros planos y una violencia poco comedida. Un gran guión, que se ve favorecido por el trabajo de dirección y la elección de los actores principales.

Y es que, a pesar de tener un reparto prácticamente desconocido, las interpretaciones son de elevado nivel, destacando por encima de todos los actores Moritz Bleibtreu y Justus von Dohnányi. El primero de ellos, que nos sonará la cara por alguna serie televisiva tipo Rex, se mete en la piel de uno del típico recluso provocador y desafiante, con la finalidad de llevar el experimento al límite.

Su alter ego lo encontramos en el rol interpretado por Justus, que también acompañó al director del film en la exitosa El Hundimiento. Su papel de funcionario sin escrúpulos es de chapó, originando un personaje realmente detestable que roza en ocasiones la locura.

El resto del reparto realiza su función a un nivel muy bueno, no tan destacable, pero para nada despreciable. Es quizá el rol adquirido por la actriz Maren Eggert, el que parece estar un poco por debajo del resto. Y no por la actuación de la actriz, que dentro de lo que cabe no está mal, sino porque su personaje parece estar metido con calzador para romper el ritmo, y darle más tensión a la acción en la parte final del film.

Rainer Klausmann le pone fotografía a un film lleno de contrastes visuales. Por un lado juega con el naranja del comedor, donde el color encaja perfectamente con las muestras de compañerismo que allí se dan. Por el contrario las escenas más oscuras, cuando los "presos" deben dormir realza los momentos vejatorios más impactantes del film, que ocurren durante las horas nocturnas. Como vemos el director de fotografía, al que también vimos en la ya mencionada El Hundimiento, no deja nada al azar, jugando en todo momento con el ritmo argumental.

Un ritmo que se ve potenciado por la composición musical de Alexander Van Bubenheim. Su partitura refleja en todo momento los cambios de estado por los que pasan los personajes, elevando aún más los muchos momentos de subida de adrenalina que sufren tanto los simulados presos, como los guardias que los custodian.

El Experimento es de esas obras, poco conocidas para la mayoría del público, pero que es una joya en sí misma. Recomendada para cualquier estudiante de psicología, nos muestra que todo el mundo no está preparado para tener poder sobre sus semejantes. Una visión que podríamos comparar al exitoso libro "El Señor de las Moscas", pero mucho mas violento y llevado a extremos de comportamiento humano dignos de ser estudiados. Un film muy recomendable que, después de sufrir su tensión durante casi dos horas, te hará meditar y replantearte algunos comportamientos.

jueves, 16 de octubre de 2014

Crítica de Líbranos de Mal


Dentro del género de terror, uno de los temas que mas juego ha dado siempre ha sido el de las posesiones y los exorcismos. No hay año que no se estrene algún film, de mayor o menor presupuesto, en el que este sea el tema central sobre el que gira la historia.

Si hay un director que se ha especializado en este tipo de argumentos es Scott Derrickson. Y no solo por dirigir films como El Exorcismo de Emilio Rose, sino por ser el guionista de aterradoras películas como las dos entregas de  Sinister o la anteriormente mencionada sobre Emili Rose. Pero en esta ocasión además de crear el guión, junto a Paul Harris Boardman, se situa tras las cámaras para intentar ponernos los pelos de punta.

La historia nos traslada hasta Oriente Medio, donde un grupo de marines, en plena operación bélica, sufren un extraño incidente en unas grutas del desierto donde operaban. Tiempo más tarde, estos soldados comienzan a experimentar extraños comportamientos que se escapan de toda lógica. Perturbadoras aptitudes agresivas, que desembocan en extrañas muertes.

Sarchie es el inspector de policía al que se le a encargado un caso, que parece no tener ni pies ni cabeza, Pero si no eran suficientemente complicados estos macabros sucesos, se cruza un poco convencional sacerdote. Mendoza, que es como se llama, se irá involucrando en la trama hasta convertirse en una pieza clave para resolver la trama.

En principio el guió parece tener cierto atractivo, ya que mezcla temas tan recurrentes como el de las posesiones, los exorcismos y todo el aparato de investigación policial. Pero este tipo de mezclas no siempre salen todo lo redonda que desearíamos, algo que ocurre con Líbranos del Mal.

Eric Bana fue elegido para ser el reclamo del film. El actor australiano realiza un papel aceptable, pero no está al nivel al que nos tiene acostumbrado. Gran parte de ello la tiene el rol adoptado por el intérprete, al que el guión no le hace justicia. Hecho del que se aprovecha Édgar Ramirez, en su papel de misterioso sacerdote. Poco a poco este venezolano, se va haciendo el dueño del protagonismo de la historia, gracias a que consigue despertar en el espectador un interés especial sobre el personaje al que da vida.

El resto del reparto no merece una mención especial, ya que se limitan a cumplir con las exigencias del guión con suficiencia pero sin excelencia. Algo que también podemos aplicar a la oscura fotografía de Scott Kevan, al que podemos encontrar en los dos primeros episodios de la serie televisiva Constantine. Si algo tendríamos que destacar en este aspecto sería el uso de tonos grisáceos a lo largo de las casi dos horas que dura la obra.

Unas tomas muy oscuras, a las que pone música Christopher Young. Su partitura encaja bastante bien con la historia, siendo uno de los puntos mas favorables de esta producción. Sonidos intensos cargados de misterio que enfatizan las escasas escenas en las que realmente se quiere conseguir sacar la adrenalina del espectador.

Recapitularemos diciendo que Líbranos del Mal es uno de esos casos en los que una buena idea no siempre funciona. Una mezcla de distintos géneros que no llega a conectar con el espectador y que venden como una obra de terror sin serlo del todo. Un excesivo metraje aliñado con un final descafeinado y poco original, que nos deja un producto bastante discreto y poco atractivo para el espectador que busque un buen film del género.

martes, 16 de septiembre de 2014

Crítica de El Secreto de Joey


La década de los ochenta supuso la aparición de gran cantidad de producciones destinadas a un público adolescente. En muchas de ellas los protagonistas eran niños, de no muy elevada edad, que vivían aquellas aventuras que en nuestra infancia nos hubiese gustado haber experimentado.

Los goonies, Exploradores o El Último Vuelo del Navegante son solo algunos de estos films que, los que vivimos aquella época tan prolífica en estrenos, recordamos con añoranza. Además, durante esta década surgió una gran hornada de directores que, poco a poco, se han ido haciendo un hueco dentro del mundo del séptimo arte.

Uno de ellos es Roland Emmerich, un cineasta de origen germano que ha dirigido su carrera, en los últimos tiempos, hacia el denominado cine de catástrofes. Pero sus orígenes no fueron tan dramáticos, y prueba de ello esta El Secreto de Joey, una película de bajo presupuesto con unos recursos muy limitados.

El guión del propio Emmerich y Hans J. Haller nos narra la historia de Joey, un joven que acaba de perder a su padre y al que le cuesta relacionarse con sus compañeros de clase. Pero todo es extraño en el niño, ya que pasa las noches hablando con su difunto padre a través de un teléfono de juguete. Todo se complicará cuando, jugando en una casa abandonada del vecindario, descubre un muñeco de apariencia extraña y poco agradable.

El film, que data de 1985, se nutre de todos los guiones, estrenados en la década, hasta la fecha. Si tenemos que encasillarla dentro de un género determinado, no sabríamos hacerlo de una forma lógica e intuitiva, ya que la obra mezcla aventuras, acción, fantasía, suspense y algo de humor.

Por un lado tenemos el típico grupo de adolescentes que tienen una habilidad especial para meterse en líos, nos encontramos con una casa donde ocurren sucesos sobrenaturales. No falta el grupo de científicos cargados con sus enormes laboratorios móviles, Un muñeco que se encargará de ponerle las cosas difíciles a los personajes principales y, como no, objetos que levitan y armarios  de interiores excesivamente iluminados.

Un cocktail de situaciones vistas en muchas películas que se rodean de gran cantidad de símbolos de la época. La admiración que el director alemán profesa por la saga de Star Wars es evidente durante todo el metraje, siendo un personaje más del film.Pero no es solo la obra de Lucas la homenajeada, ya que ET, Epi o Supercoco también tienen su momento de gloria en la habitación de Joey.

Un Joey al que da vida el joven actor Joshua Morrell, que para no ser un profesional del celuloide no lo hace nada mal. Hay que tener en cuenta que la mayor parte del reparto salió de familiares y amigos del propio director, además de algunos extras reclutados en la base militar donde se rodó la película.

La composición musical se encargó a Hubert Bartholomae, un compositor que acompañó a Emmerich en sus primeros años en la profesión. La partitura sigue los cánones del género de suspense, combinándola con algunas melodías mas alegres que despuntan en los momentos mas fantasiosos del film.

Una película que es todo un homenaje al cine de los ochenta, pero cuyo guión deja mucho que desear. La historia ha querido mezclar tantos tópicos de la época que ha caído en el exceso formal y la escasez argumental.

sábado, 30 de agosto de 2014

Crítica de Dallas Buyers Club


Si había una persona especialmente feliz en la pasada edición de los premios de la Academia, ese era Matthew McConaughey. El prolífico actor se llevó a casa un merecido Oscar como actor principal por un film que, sin ser de los favoritos para triunfar en la gala, si que obtuvo un rotundo éxito en el campo interpretativo.

Dallas Buyers Club es la historia de un hombre, Ron Woodroof, al que sus múltiples adiciones a las drogas y a las prostitutas le llevan a contraer una enfermedad que causó el pánico en la década de los ochenta. El VIH, como se denominó aquel virus, era tratado con AZT, un agresivo fármaco que, lejos de producir una mejora en los pacientes, los iba debilitando a pasos agigantados hasta dejarlos agonizando en el lecho de muerte.

Cuando Ron descubre que tiene la enfermedad, lejos de quedarse esperando el trágico desenlace que debede producirse en el escaso período de un mes, decide no tratarse con el peligroso fármaco y buscar en el mercado internacional, nuevos tratamientos experimentales a los que se irá sometiendo para intentar aumentar su esperanza de vida. Poco a poco comprobará que su caso no es el único, y que hay muchos enfermos interesados en tratarse con estos medicamentos comprados en distintos países. Este hecho llevará a Woodroof a montar una sociedad en la que por una cuota, los seropositivos tenían la oportunidad de acceder a estos medicamentos.

Este es el punto de partida del guión escrito por Craig Borten y Melisa Wallck, y que está basado en un hecho real. Una historia que comienza centrándose en el personaje al que da vida, magistralmente, McConaughey pero que termina siendo una visión crítica de las mafias que se esconden tras los organismos reguladores de medicamentos en los Estados Unidos.

Un enfrentamiento entre Ron, el gobierno y la FDA por intentar que cada enfermo se trate con medicamentos que, a pesar de demostrarse que son mucho mas efectivos que el AZT, no están regulados por este organismo.

El papel que realiza el actor texano es realmente espectacular. Su caracterización es magnífica, habiendo perdido gran cantidad de peso y de masa muscular para dar vida a un personaje especialmente demacrado tanto por el efecto de sus excesos con las sustancias estupefacientes, como por el galopante avance de la enfermedad. Un cambio total de imagen, que se vio complementado por la gran labor de Adruitha Lee y Robin Mathews. Ambos fueron agraciados con el Oscar a la mejor caracterización por dicho trabajo.

Junto a el encontramos otro actor galardonado por la Academia como mejor secundario, y es que Jared Leto borda el papel de Rayon.  Esta alocada travesti, consigue conectar tanto con el público, como con un homófobo Ron que sucumbirá al especial carisma de su socia.

El otro rol destacado del film se otorgó a la actriz Jennifer Garner, que hace de doctora y confidente del protagonista. A pesar de no tener una interpretación tan destacada como los dos anteriores, su trabajo está a la altura, tanto de la historia, como del resto del plantel de actores.

Jean-Marc Vallée se pone tras las cámaras para dirigir un film que corría el riesgo de resultar soporífero y poco atractivo. El cineasta canadiense, cuya carrera hasta este punto había sido bastante discreta, se tomó este proyecto con especial ilusión, ya que había conocido al personaje real sobre el que versa el film. Su trabajo es magnífico, dotando al guión de un ritmo y una fluidez que consiguen mantener la atención del espectador en todo momento.

Yves Bélanger es el encargado del aspecto visual del film. Su fotografía destaca por los tonos cálidos y ocres, en concordancia con la zona donde se desarrollan los sucesos.

Resulta curioso que no se haya compuesto una banda sonora propia para la película, siendo todos los temas musicales una combinación de country y pop al más puro estilo americano de la década de los ochenta.

Dallas Buyers Club resulta una obra autobiográfica que destaca, sobre todo, por el elevado nivel de interpretación que derrochan sus actores. Un film que va mas allá de centrarse únicamente en la crónica del personaje principal para convertirse en una apología crítica a la poderosa industria farmaceutica.

lunes, 18 de agosto de 2014

Crítica de Los Guardianes de la Galaxia


Muchos son los personajes que, procedentes de las viñetas, han tenido su adaptación tanto, a la gran pantalla como en formato de serie televisiva. Spiderman, Capitan America o Lobezno son solo algunos de, esos nombres, que han sido llevados a las salas cinematográficas, con mayor o menor acierto.

Pero no siempre se recurren a los superhéroes de papel más populares y, como ha ocurrido con Guardianes de la Galaxia, se tienen en cuenta esos personajes que, sin ser tan conocidos, pueden augurar un éxito tras llevarlo al gran formato visual.

James Gunn, director de esa curiosa obra de un superhéroe cotidiano llamada SUPER, y tras rodar uno de los segmentos de la lapidada Movie 43, fue el encargado por Marvel Studios para poner en escena las aventuras espaciales de este pintoresco grupo. El cineasta, que ya ha sido elegido para dirigir la secuela del film, tenía la complicada misión de narrar una historia con personajes no muy conocidos, pero si con un nutrido grupo de fans que verían la obra de forma exhaustivamente crítica.

El guió, creado por el propio Gunn y Nicole Perlman nos lleva hasta otro universo lleno de criaturas extrañas y variopintas. Peter Quill, mas conocido por Star Lord, es un buscavidas que consigue dar, en unas antiguas ruinas, con un extraño artefacto. Este orbe, que para Gunn no es más que un objeto que poder vender, es codiciado por los mas poderosos seres de la galaxia, incluidos en todopoderoso Thanos.

Chris Pratt, que no dentro de mucho veremos también en Jurassic World, da vida a un cazarrecompensas muy divertido y poco responsable. El actor estadounidense realiza un fantástico trabajo, a pesar de tener, por exigencias del guión, que llevar a cabo algunas de las situaciones mas absurdas y ridículas del film.

Junto a el encontramos la atractiva Zoe Saldana. Esta chica parece llevar el género de la ciencia ficción en la sangre viéndola, literalmente, de todos los colores. Si en Avatar el azul era su color de piel, en esta ocasión le ha tocado un tono mas clorofíla. La actriz nacida en New Jersey, encaja perfectamente en el papel de Gamora, realizando una interpretación que se ajusta a las exigencias de la historia y su personaje.

El tercer miembro de este improvisado escuadrón de personajes, creado al más puro estilo de Sospechosos Habituales, es el luchador de la WWF, Dave Bautista. El miembro más tocho de estos guardianes no desentona para nada con el resto del reparto, haciendo una muy meritoria labor si tenemos en cuenta de que sus orígenes no son muy académicos.

Pero el gran aliciente, a nivel de personajes, no era de carne y hueso. Bradley Cooper pone voz a Rocket es un curioso mapache con enormes habilidades entre las que destaca la de hablar y poseer una puntería asombrosa. Al principio puede chocar ver a un animal digital robando parte del protagonismo del film, pero a la postre resulta el personajes mas carismático y atractivo de esta superproducción.

El último miembro del grupo es también digital y le da voz un actor tan carismático como Vin Diesel. Groot es un extraño ser formado por corteza de árbol cuyas capacidades de comunicación son bastante limitadas por no decir casi nulas. A medida que se va desarrollando la historia lo va haciendo este ser, denotando una mayor heroícidad y racionalidad en sus actos.

Un film de estas características requiere un villano a la altura, un ser con fondos oscuros capaz de poner en mil y un aprietos a los protagonistas. En esta ocasión el peso recae sobre el actor Lee Pace, que da vida al tenebroso Ronan. Capaz de desafiar al propio Thanos, sus deseos de hacerse con las gemas del infinito y convertirse así en el ser mas poderoso, van más allá de lo puramente racional.

Pero dejando atrás el apartado interpretativo, que cumplen con el cometido del guión, lo mejor del film lo encontramos en el aspecto audiovisual. Si algo tiene en abundancia Guardianes de la Galaxia, son escenas de acción cargadas de efectos especiales. Ben Davis combina su futurista fotografía con una enorme cantidad de seres de distintas formas y tamaños, ráfagas láser y multitudinarios escuadrones de naves espaciales.

Un gran cantidad de metraje de escenas de acción bien realizadas amenizadas por clásicos de los años 80. A pesar de ser Tyler Bates el creador de una composición musical llena de momentos vibrantes y que encajan bien en el film, son los temas clásicos y vocales que Peter Quill escucha en su legendario walkman, los que realmente serán recordados en la obra.

Guardianes de la Galaxia es una obra extremadamente entretenida. Si bien el guión es bastante simple y no muy original, sus personajes principales si que lo son. Solo por ver un mapache pegando tiros y disfrutar con dos horas largas de buenos efectos especiales, merece la pena dejarse el dinero en la entrada. Un film al que no debemos ir con más pretensiones que con las de disfrutar de una obra de aventuras en un entorno futuro y con personajes bastante cómicos que vivirán situaciones de diversión y surrealismo de categoría tremebunda.
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