sábado, 9 de noviembre de 2013

Crítica de A todo Gas 6 (Fast & Furious 6)


Pocos pensaban, hace ya algunos años, que aquel thriller de coches tunning protagonizado por Vin Diesel iba a dar para tanto metraje. Y es que, con esta, son ya seis las entregas de una saga, que ha sabido combinar los automóviles de alta cilindrada con tramas bien construidas y repletas de adrenalina.

Tras su último y sustancioso golpe, Toretto y su banda ha decidido dejar sus tiempos de delincuencia para exiliarse, voluntariamente, a Europa donde la justicia estadounidense no puede darles caza. Esta vida tranquila y alejada de los grandes robos, se verá truncada tras la aparición del capitán Hobbs. Una banda altamente organizada está causando una gran cantidad de robos sin que las autoridades puedan hacer nada. Es por ello que, a cambio de una admistia, el federal negocie hacerse los servicios de Toretto y su banda, los únicos capaces de dar caza a estos delincuentes.

Justin Lin, que se hizo cargo de la dirección de la franquicia en Tokio Race, dirige su cuarta entrega de la saga. El estilo de rodaje es muy similar a las entregas anteriores, demostrando sus mejores cualidades en las trepidantes y numerosas persecuciones que tiene la película. Este ha sido el gran reclamo de la saga, y en esta sexta entrega es el pilar sobre el que se sustenta el metraje del film.

El guión, obra de Chris Morgan y Gary Scott Thomson, no nos ofrece nada que no hayamos visto en otras producciones del género de acción. Típica película en la que nos encontramos con el típico villano sin escrúpulos, exfuerzas especiales, que se ayuda de la última tecnología para cometer sus delitos. Es el tema tunning y los coches de gran cilindrada donde encontramos algo distinto, pero tras tantas entregas ya no sorprende a propios y extraños.

Y como viene siendo habitual, el reparto sigue encabezado por Vin Diesel. El actor neoyorkino vuelve a meterse en un rol en el que se encuentra bastante cómodo. Y es que se ve que disfruta siendo ese "tipo duro"  en el que parece encasillado. Riddick, Triple X o Toretto, un mismo personaje en distintas circunstancias pero con el mismo talante desafiante y similar repertorio de situaciones.

Junto a el, vuelve a repetir el actor Paul Walker. Como ya ocurriese en las obras anteriores, se encuentra en todo momento a la sombra de Vin Diesel, a pesar de tener uno de los papeles principales. El guión no era demasiado exigente con su personaje, por lo que cumple suficientemente en su rol de Brian O`Conner.

El trío de figuras lo completa un actor que desde que apareciese como el Rey Escorpión, no ha parado de recibir contratos en Hollywood. Dwayne Johnson, que tras su debut en el Regreso de La Momia ha visto como aumentaba exageradamente su masa muscular, vuelve a repetir como el capitán de policia Hobbs. En esta ocasión no tiene ese rol de antihéroe que tenía en la entrega anterior, evolucionando su personaje hacia un papel más protagonista.

Dentro de las féminas del reparto destaca el regreso a la saga de Michelle Rodriguez. La tejana sabe jugar muy bien con la masculinidad que refleja su carácter, haciendo de Letty una chica de fuerte personalidad, pocos escrúpulos y una rudeza nada propia del género femenino.

Pero no todo va a ser del otro lado del charco, ya que de nuevo nos encontramos con la actriz española Elsa Pataky. Sus apariciones a lo largo de las dos horas de película son testimoniales, en un rol del que se podía haber prescindido totalmente.

Stephan F. Windon, director de fotografía de la exitosa serie The Pacific, es el responsable de algunos de los momentos mas espectaculares de la película. Sabe combinar perfectamente los neones y los llamativos colores de los coches en las carreras nocturnas y en las espectaculares persecuciones. Todo ello acompañado por los acordes compuestos por Lucas Vidal. Si la partitura acompaña bastante bien al guión, son los temas de distintas bandas de música electrónica y rap los que imprimen fuerza y consistencia a las escenas de mayor adrenalina.

En A Todo Gas 6 nos vamos a encontrar más de lo mismo, con un guión poco original, pero que se salva porque la trama se desarrolla a elevadas revoluciones. Una historia con bastantes defectos, que se intenta disimular con mucha acción y exageradas "fantasmadas" que firmaría el propio John Woo. Situaciones poco creíbles, que sacrifican su lógica física por una espectacularidad desmesurada y alejada de cualquier realidad. Una película entretenida, para pasar el rato pero que no aporta nada nuevo a la saga en particular, ni al mundo del séptimo arte en general.

viernes, 18 de octubre de 2013

Crítica de Objetivo: la Casa Blanca


Durante la década de los noventa aparecieron muchas producciones, en numerosos casos de dudosa calidad, donde todo giraba en torno a un protagonista que se encontraba en una situación de extrema tensión. La casualidad de estar en el sitio equivocado en un momento nada propicio, que terminaría convirtiéndolo en un auténtico héroe local.

El máximo exponente de esto lo encontramos en el genuino John McClane, al que dio vida Bruce Willis en la Jungla de Cristal. Una obra que se convirtió en saga y que sentó las bases de este pequeño subgénero dentro del cine de acción.

Las producciones de este tipo de films habían ido decreciendo paulativamente, y salvo en contadas ocasiones como las posteriores entregas de Die Hard, apenas se recurría a este tipo de historias. Es, en este 2013 cuando Antoine Fuqua, un director acostumbrado a películas con grandes cargas de acción, lanzaba en las salas cinematográficas Objetivo: La Casa Blanca.

Las reglas para este tipo de cine son claras y concisas: todas ellas deben tener un agente de la autoridad, en activo o retirado, un grupo de terroristas, grandes dosis de explosiones y un recinto de grandes dimensiones que hará de tablero de ajedrez. Luego cada guión introduce elementos diferenciadores, que provocan las distintas valoraciones que damos a cada film.

Escrita por los guionistas Creighton Rothenberger y Katrin Benedikt, la acción nos traslada hasta el epicentro de la cuna del capitalismo. Allí un grupo de terroristas, procedentes del continente asiático, llevan a cabo un violento y espectacular asalto a La Casa Blanca, donde se encontraba el presidente y su gabinete de gobierno reunidos con el primer ministro koreano.

La película comienza de forma dramática con la muerte de la primera dama en un desgraciado accidente de tráfico, lo que dejará al presidente viudo, a su joven descendiente huérfano y al guardaespaldas personal del máximo mandatario estadounidense, con la carga de conciencia de haber elegido salvar al presidente y no a su esposa.

Este hecho provocará que Mike Banning pase a trabajar en una oficina federal cercana al edificio presidencial. Lugar donde se encuentra cuando tiene lugar el tramo de metraje más espectacular del film. Un asalto totalmente organizado y fulgurante de un grupo de terrorista que convierten los jardines próximos al edificio de la cúpula blanca, en un campo de batallas. Una bacanal de balas, explosiones y efectos especiales que te dejan enganchados en el sillón y que hubiese firmado el mismísimo Michael Bay. Una cuidada secuencia que te hace pensar en que un ataque de esa magnitud podría ser totalmente posible y efectivo en un marco real.

A partir de aquí se pasa a una producción que es un remix entre La jungla de cristal, alerta máxima y Air Force One. Hemos incluido esta última porque el presidente también jugará un papel heroico en el desenlace de la historia, a pesar de no tener el poso ni el protagonismo que Harrision Ford tenía a bordo del conocido aeroplano.

Presidente que es interpretado en esta ocasión por Aaron Eckhart, cuyo papel de Hearvy Dent en El Caballero Oscuro le aportó cierto prestigio. En esta ocasión su actuación no es tan redonda como en la obra de Nolan, pero cumple perfectamente con su cometido. Quizás se le puede achacar cierta falta de carisma, pero tampoco es algo fundamental en este tipo de películas.

El verdadero protagonista como tipo duro que ha de salvar el país es para Gerard Butler. Desde que se destapase como hombre duro en su rol de rey Leónidas, en la superproducción 300, ha protagonizado numerosos films de acción, en los que no desentona para nada. Con unos años más que cuando presumía de abdominales enfrentándose a los persas, demuestra una vez más que en este tipo de papeles se desenvuelve como pez en el agua. Consigue que se le vea como un auténtico héroe a base de peleas coreografiadas, disparos certeros y las típicas frases lapidarias y desafiantes que sacan de sus casillas al malo de turno.

Villano al que pone cara el actor de rasgos asiáticos Rick Yune. El estadounidense es uno de esos comodines a los que se recurre cuando hay que incluir un terrorista con ojos rasgados. Como ya hiciese en Muere otro Día, vuelve a cumplir sobradamente con su cometido, ofreciéndonos un personaje bastante odioso, sin ningún tipo de escrúpulos y que es un enemigo a la altura del film.

Este tipo de films siempre recurre de algún nombre de elevado reconocimiento interpretativo, que aparece en contadas ocasiones, pero que sirve para dar caché y asegurarse una mayor taquilla. En esta ocasión es el polifacético Morgan Freeman el elegido para tomar el mando del gobierno, durante la crisis. Sus apariciones en escena son bastante escasas, con un rol muy secundario y unas exigencias mínimas que supera con suficiencia.

Todo héroe tiene que tener su contrario, y en un film que sigue los cánones clásicos del género casi al dedillo, este no puede faltar. En este caso Dylan McDermott aparca la exitosa serie American Horror Histiry para convertirse en un mercenario al mejor postor. Su personaje es de esos que despierta repulsión entre los espectadores, deseando que tenga un largo y doloroso final.

Como vemos el reparto no es algo que se haya dejado al azar, y encaja perfectamente con el efecto de aumento de adrenalina buscado por el director de la sorprendente Training Day. Una puesta en escena tan espectacular, sobre todo en las tomas de mayor tensión, que debe mucho a la fotografía de Conrad W. Hall. Este cineasta, al que podemos reconocer por su trabajo junto David Fincher en La Habitación del Pánico, tira de oficio para mostrarnos una imagen clara, sin extravagancias ni adornos innecesarios.

Cosa que también ocurre con la banda sonora creada por Trevor Morris, un compositor que ha basado la mayor parte de su carrera en poner música a exitosas series televisivas como Los Borgia o Los Tudor. Para esta ocasión tira de clasicismos del género, con unas partituras vibrantes, muy acordes con los numerosos momentos de tensión, y que recuerda por momentos a grandes bandas sonoras del cine de acción como son Marea Roja o La Roca.

Objetivo: La Casa Blanca es de esas películas que podemos incluir en el saco del denominado cine palomitero. Una obra con un guión bastante simple pero muy efectivo, sin ningún tipo de pretensiones y que ofrece lo que buscamos. Casi dos horas de acción, repletas de adrenalina, interminables tiroteos y diversión a tope, que a buen seguro dejara satisfecho a los que, como yo, defendemos a ultranza el cine diversión que nos ofrecen autores como Michael Bay, Roland Emmerich y en esta ocasión Antoine Fuqua.

jueves, 10 de octubre de 2013

Crítica de Gravity


Uno de los films que mas expectaciones ha despertado en este 2013 ha sido el protagonizado por Sandra Bullock y George Clooney. La película nos sitúa a unos cuantos kilómetros por encima de nuestras cabezas, donde una expedición de astronautas realizan labores de mantenimiento en un satélite de telecomunicaciones. Todo parece ir con normalidad cuando, la destrucción "controlada" de un satélite ruso, ha provocada una lluvia de restos que se dirige directamente hacia donde se encuentran los astronautas. Los voluminosos materiales, que viajan a una velocidad muy elevada, provocarán que el grupo de astronautas se tengan que enfrentar al vacío absoluto del espacio exterior.

No es casualidad que mucha de la crítica especializada coincida positivamente en una obra, con altas puntuaciones y unas opiniones que la ponen casi de obra maestra. Tal campaña ha repercutido enormemente en los números alcanzados en taquilla tras su primer fin de semana, pero ¿es para tanto?

Padre e hijo se encargaron de escribir un guión que, sin narrar un hecho real, si que consigue hacer creer al espectador que todo lo descrito es posible. Un hecho tan increíble como angustioso que esta contado con un ritmo prodigioso y un juego de cámaras realmente espectacular. Es la típica película que desde las primeras secuencias te atrapa, y es que el haber añadido el reciente sistema 3D a la majestuosa y austera fotografía de Emmanuel Lubezki le ha aportado algo nunca visto hasta antes. El cineasta, que ya dejó muestra de su talento en producciones como Sleepy Hollow o Una serie de catastróficas desdichas de Lemony Snicket, nos regala una hora y media de inmensidad espacial, vistas asombrosas del planeta Tierra y unos largos y vibrantes primeros planos.

El aspecto visual es realmente grandioso. El efecto de la ausencia de gravedad es sobresaliente, convirtiendo cada plano de la película una verdadera obra de arte. Un preciosismo llevado a límites poco vistos, que convierten a la experiencia tridimensional en un auténtico orgasmo visual. Alfonso Cuarón se ha encargado, con Gravity, que muchas de las grandiosas escenas del espacio exterior que nos muestra, vayan a quedar grabadas en nuestras retinas por mucho tiempo.

Sabe mantener el equilibrio de la adrenalina que experimenta la protagonista en cada desafío que le presenta el estar a su suerte en la inmensidad del cosmos, con la ralentización propia de la ausencia de gravedad. A pesar de  las enormes secuencias del paisaje estelar y los interminables primeros planos, la tensión de lo que está ocurriendo hace que todo pase más deprisa captando más, si cabe, la atención del espectador.

Y todo ello a pesar de contar con un reparto que, en un primer momento, podría llevar a dudar sobre la calidad interpretativa del film. Las características de los actores principales no se adecuaban, en un principio, excesivamente en obras de este estilo. A George Clooney ya lo habíamos visto fuera del globo terráqueo en Solaris, una película que no es precisamente de los trabajos que le han aportado mayor prestigio al canoso actor.

Por su parte, Sandra Bullock es de esas actrices que te cae bien o la odias. En esta ocasión podemos decir que solventa, de forma notable, un rol en la que no se la veía bastante cómoda. Más acostumbrada a rodearse de actores de nombre sobre los que suele dejar caer el peso interpretativo, en Gravity tiene que lidiar el toro prácticamente sola. Un ejercicio de soledad ante las cámaras que supera sin grandes excesos, pero que funciona perfectamente en la obra.

George Clooney adquiere en esta ocasión un papel mucho mas secundario, apareciendo en contadas ocasiones. Si su personaje es uno de los pilares fundamentales del guión, no es menos cierto que cualquier otro actor con un mínimo de calidad interpretativa, habría realizado similar labor. Eso si, en ese caso no se hubiera dado al film el caché que le impregna el nombre y figura de Clooney.

Un detalle es ver en los títulos de créditos al actor Ed Harris que presta su voz al control de mando de la NASA en la Tierra. Para poder disfrutar de ello es necesario ver la película en versión original, algo complicado en las salas cinematográficas de nuestro país.

En un film con tantas escenas de soledad e inmensidad espacial, se presta una especial atención a los acordes que han de acompañar a las espectaculares escenas que disfrutamos en estos noventa minutos. Es por ello que toma una gran importancia la partitura obra de Steven Price. Este desconocido músico, cuya obra mas importante hasta entonces era la reciente Bienvenidos al Fin del Mundo, nos mete de lleno en esta épica con sus acordes. La composición encaja a la perfección con las escenas de mayor adrenalina de la obra, combinándose muy bien con los movimientos menos potentes y más suaves de las escenas iniciales ,donde todo es calma y "aparente" silencio.

Podemos asegurar que Gravity es de las mejores obras exhibidas este 2013 en las salas cinematográficas de todo el mundo, con una historia épica y sorprendente. El director de esta producción ha dado un enorme salto de calidad con una película que, a buen seguro, nos deja algunas de las escenas más espectaculares que jamás hayamos visto. Un alucinante viaje al rededor del planeta Tierra que te pondrá las pulsaciones a un ritmo muy elevado.

jueves, 26 de septiembre de 2013

Crítica de Réquiem por un Sueño


El tema de las sustancias psicotrópicas ha sido tratado en muchas ocasiones en el mundo del séptimo arte, con algunas obras de elevada calidad como Transpotting . Es quizás Réquiem por un sueño la obra mas dura e impactante de todas las que tocan esta temática.

Basada en el libro del mismo nombre de Huber Selby Jr. la historia se centra en la vida de una solitaria madre y su conflictivo hijo. Harry Goldfarb, que así se llama el joven, dedica su vida única y exclusivamente a vender todo lo que encuentra en casa para poder pagarse las drogas a las que es altamente adicto. Su única aspiración en la vida es, junto con su amigo afroamericano Marlon, hacerse de oro traficando con estas sustancias estupefacientes. Esto provocará que se ausente largos periodos de tiempo de su hogar materno, ausencia que su progenitora suple viendo ininteligibles programas televisivos. Uno de estos espacios de entretenimiento selecciona a Sara Goldfarb como concursante, lo que provocará que esta depresiva mujer comience a ilusionarse y a querer bajar de peso a base de tomar pastillas de dudosa composición.

Darren Aronofsky, el director de la película, se suele caracterizar por llevar a la gran pantallas obras de extrema dureza. En todas ellas juega con la sensibilidad del espectador, poniéndola a prueba y llevándola a límites extremos. El Cisne Negro o el Luchador son producciones que, siendo posteriores, llevan esa impacto emocional que caracteriza al cineasta neoyorkino.

Este film de principios de siglo, nos relata de una forma muy impactante y visual, las extremas situaciones que puede llevar las adicciones a distintas sustancias estupefacientes. Actualmente estamos muy acostumbrados a ver en muchos programas televisivos este tipo de situaciones, pero allá por el 2000 cuando se estrenó la cinta, sorprendía enormemente por su gran crudeza. Únicamente hay que ver la primera secuencia del film para darte cuenta de la hora y media que te espera. Resulta bastante impactante ver como la madre de Harry tiene que esconderse para evitar que su hijo le agreda en uno de sus ataques, frutos del síndrome de abstinencia y de las medidas tomadas por la mujer para evitar que su hijo revenda su viejo televisor, que a su vez es su única compañía.

A partir de aquí nos situamos en una montaña rusa de sensaciones fruto del magistral y arriesgado guión sobre el que se asienta el film. A cada momento de exaltación, fruto de los psicotrópicos, le sucede un bajón mas grande que el anterior, hasta llegar a un desenlace final altamente impactante. Todo ello a base de jugar con la velocidad de las cámaras y con un acertado y efectivo uso de los primeros planos de los personajes cada vez que se "colocan". Y es que no solo sabe jugar con las predecibles adicciones a sustancias duras, sino que además nos muestra como un simple tratamiento par adelgazar, si cae en manos de una persona en plena depresión, puede derivar en una locura extrema y descontrolada.

Un amplio muestrario de lo que el ser humano es capaz de hacer para engañar el síndrome de abstinencia, y seguir fomentando una adicción totalmente insana y destructiva. Robos o prostitución se algunas de estas "soluciones" que quedan de manifiesto a lo largo del film y que son mostradas, sin ningún tipo de censura acompañadas de la impactante fotografía de Matthew Libatique.

El cineasta sabe sacar, a base de primeros planos, los efectos negativos de las drogas. Sustancias que poco a poco van destruyendo tanto física, como mentalmente a los personajes principales del film, para los que se realizo un más que acertado casting. Si hay un rol que nos viene a la mente cada vez que oímos hablar de esta película, es el interpretado por Ellen Burstyn. La veterana actriz consigue plasmar sobre la pantalla un personaje atrapado en su soledad y víctima del efecto mediático de los concursos televisivos. Sara Goldfarb cae bien al espectador desde el principio, y además de protagonizar algunos de los momentos menos dramáticos del film, es quizás el que mas angustias despierta a medida que se va desarrollando su adicción.

Es Jared Leto, al que ya vimos en El Club de la Lucha o más recientemente en Alejandro Magno, quien da vida al hijo de Sara. Si buscásemos un villano en este film, lo encontraríamos en el personaje al que interpreta, capaz de todo por conseguir su sueño de convertirse en un capo de la droga. Su interpretación, sin llegar al nivel de Ellen, es también muy notable con momentos cargados de tensión y angustia.

La otra cara reconocida del film es la de la oscarizada actriz Jennifer Connelly. En esta ocasión se mete en la piel de Marion Silver, una chica de familia adinerada que ha decidido cambiar todos los lujos por una vida en la que es esclava de las sustancias estupefacientes. Enamorada de Harry, no dudará en dejar de lado cualquier escrúpulo y autoestima con tal de conseguir algún tipo de sustancia que calme sus, cada vez más comunes, "ataques de mono".

Un reparto cargado de personajes con mucha fuerza que vivirán situaciones extremas, acompañados por la impresionante partitura de Clint Mansell. El compositor británico nos deleita con un tema central que forma parte de la historia del cine. Una sucesión magistral de notas musicales que completan, eficientemente, las tensas situaciones que deben soportar los protagonistas del film, a causa de sus adicciones.

Estamos ante una obra de esas que no te dejan indiferentes, muy complicada de digerir y que te deja con mal cuerpo. Un film que puede llegar a resultar traumático dependiendo de para quién, pero que sabe reflejar a la perfección las miserias de este mundo.

lunes, 23 de septiembre de 2013

Crítica de Doce Monos


Terry Gilliam es un director que levanta pasiones y críticas a partes iguales. Procedente de los famosos cómicos británicos Monty Pyton, su cine es muy característico, con unas señas de identidad bastante reconocibles y no al gusto de todos.

Sus comienzos en estos del séptimo arte fueron a base de comedias, con títulos tan reconocidos como Los Caballeros de la mesa cuadrada o El Sentido de la Vida. Poco a poco, sus producciones se fueron abriendo a un público menos minorista  hasta llegar a Doce Monos. Este es quizás su trabajo de mayor presupuesto hasta entonces, contando para este film de ciencia ficción con un reparto que aseguraría una buena taquilla.

Twelve Monkeys, que es su nombre original, nos lleva hasta un futuro, no muy lejano, donde una pandemia de origen vírico ha dado como resultado la muerte de la mayor parte de la humanidad. Este hecho provocó que la atmósfera resultase verdaderamente mortal, debiendo vivir los supervivientes a este holocausto, bajo tierra.

En un hábitat tan hostil, es necesario ir controlando los niveles de toxicidad de la superficie, por lo que se hace uso de presos para enviarlos, con una protecciones algo arcaicas, en búsqueda de posibles seres vivos que aporte algún indicio del culpable del mencionado apocalipsis. Uno de estos reos es James Cole, que tras demostrar su valía como "observador", es enviado al año 1996 en búsqueda de alguna pista que le lleve hasta el ejército de los doce monos, principales sospechosos del brutal atentado.

Es en este primer viaje temporal donde coincidirá con Jeffrey Goines, un desquiciado joven cuyo padre es dueño de una importante empresa farmacéutica. Y es que James es internado en una institución psiquiátrica, tras ser considerado como un lunático altamente agresivo en su búsqueda por el ejército de los doce monos.

Esta es la premisa de un film que juega en todo momento con la dualidad de los viajes temporales y la locura más delirante. Si en el caso del personaje de Jeffrey, sus problemas psicológicos son evidentes desde el primer momento sin dejar lugar a duda, el de Cole dependiendo del momento, puede llegar a confundir al espectador de si lo que cuenta es cierto o es producto de su mente. Además, el guion de Chris Marker sabe sacarle partido a ello, mostrando objetos y situaciones que puede dar explicación a una posible construcción mental de una realidad totalmente inventada. Un juego que se lleva a cabo a lo largo de las casi dos horas que dura la película, y que sabe mantener el interés y la duda hasta los últimos momentos.

Gilliam hace uso de un recurso muy utilizado en films de este tipo, y es comenzar el metraje mostrando escenas de la conclusión de la historia, escondiendo detalles que nos darán la clave de la historia más adelante. Todo ello acompañado por la magnífica y soberbia partitura de un poco prolífico Paul Buckmaster. Este compositor, acostumbrado a crear música para series televisivas, nos regala una banda sonora llena de ritmo, con un tema central muy reconocible y acertado.

Peo si algo destaca, además de la historia, es el de los actores elegidos para interpretar los papeles principales. Por un lado tenemos a Bruce Willis, el protagonista del film encargado de viajar en el tiempo, buscando los extraños símbolos de pintura roja y a sus creadores. El actor estadounidense se desenvuelve como pez en el agua en este tipo de roles, recordando en momentos al último Boy Scout. Un papel que le viene como anillo al dedo y que cubre de manera notable.

Pero sin duda, el que se sale en esta película es Brad Pitt, que consigue imprimir al personaje de Jeffrey ese punto de locura que lo convierte en todo un mito en este tipo de roles. Grandioso el monólogo que se marca para explicarle el funcionamiento de la institución mental donde está ingresado, con un amplio repertorio de tics y gestos exagerados. Una muestra más de que no es sólo una cara bonita, con una de esas interpretaciones que demuestra, una vez más, del amplio registro que es es capaz de cubrir el actor nacido en Oklahoma.

Completa el casting de intérpretes principales la guapa actriz Madelen Stowne. La californiana realiza un papel más que notable, consiguiendo no quedarse ensombrecida por las actuaciones de sus potentes compañeros de reparto. Algo muy complicado visto el nivel interpretativo tanto de Willis como de Pitt. Un rol que en un principio puede no tener mucha importancia, pero que termina siendo fundamental para el desenlace final de la historia.

Doce monos es el resultado de un buen guión, unas potentes interpretaciones y la creativa fotografía de Roger Pratt. El prestigioso director británico, encargado de fotografiar películas de tanto éxito como Harry Potter y la cámara secreta o Troya, nos regala un amplio espectro de tonalidades. Por un lado juega con los grises del desolado mundo exterior en el que ha quedado sumido el planeta Tierra tras el desastre, con los contrastes blancos y fríos que rodean al mundo preapocalíptico, y el cálido de las marcas del ejército de los doce monos. Un film cargado de momentos impresionantes como la estampida de las mandas de animales salvajes paseando por las calles de Filadelfia.

Podemos asegurar que esta película es de esas que necesitan más de un visionado para dejar atados todos los detalles. Cada cosa que ocurre durante sus dos horas es una pista con lo siguiente que va a ocurrir, lo que hace que consiga mantener el interés del espectador en todo momento. Una obra de ciencia ficción poco convencional, pero que te atrapa por su simple y efectista estética, y con un sorprendente final que te hace reflexionar si todo se trata de un suceso aislado o de un bucle que se va repitiendo infinitamente en el tiempo.

jueves, 19 de septiembre de 2013

Crítica de Adam


El síndrome de Asperger forma parte del espectro autista, presentando en el sujeto que lo padece una serie de problemas mentales y conductuales. A diferencia de los conocidos comúnmente como autistas severos, estos no ha perdido la capacidad del habla, no presentan una agresividad descontrolada y tienen una habilidad especial para retener grandes cantidades de datos.

Adam Raki es un joven que padece esta extraña enfermedad y que acaba de perder a su padre, con el que vivía. Combina su trabajo programando juguetes con una incontrolable pasión por la astrología, afición que absorbe totalmente sus pensamientos y su única forma de interactuar con el mundo que le rodea.

Su rutinaria vida, llena de orden y patrones de comportamiento, que se repiten una y otra vez, se verá alterada por dos sucesos. Primeramente la aparición de una nueva vecina, que se convertirá a base de extrañas situaciones en su única "amiga", y por otro lado tenemos el hecho de que el síndrome que padece, ralentiza enormemente su producción en el trabajo, por lo que deciden prescindir de sus servicios.

A partir de aquí se va desarrollando un drama, al que se le ha añadido una subtrama para poder sacarle más partido al film, y que no se haga tan pesado, ni acuse cierta falta de ritmo. Una serie de hechos que afectaran directamente a Beth Buchwald, la vecina de Adam a la que da vida la actriz Rose Byrne. Conocida por sus papeles en Señales del Futuro o X-Men First Class, la interpreta se mete en el rol de una chica que intenta emanciparse del proteccionismo parental que ofrecen ciertas familias de prestigio. Su actuación es bastante meritoria, en un papel nada sencillo de interpretar, y es que el personaje de Beth sufre una gran carga de emociones.

Pero el que destaca por encima de todos es Hugh Dacy. Acostumbrado a papeles secundarios, el actor británico nos deja una de esas actuaciones que expresan a la perfección los múltiples problemas que acarrean las personas que padecen de asperger. Cada gesto, cada mirada vacía, cada sucesión de palabras ininteligibles para aquellos no acostumbrados a la jerga de la cosmología, hacen que valoremos en mayor medida la actuación del protagonista. Hugh ha sabido dotar de carisma a un personaje carente de toda expresión emocional pero que, poco a poco, consigue ir evolucionando como veremos a medida que se desarrolla la película.

Comparten intervención actores acostumbrados a completar repartos, que cumplen a la perfección en esos papeles secundarios que suelen brillar poco. Así podemos ver a Peter Gallaher en el papel del padre de Beth, o a Frankie Faison que se mete en la piel del único amigo de Adam y, en cierta medida, su "tutor" tras la muerte de su padre.

Hacer de una temática tan compleja un entretenimiento es algo muy complicado, sobre todo si la historia tiende a hacerse monótona, aburrida y carente de toda intensidad. Max Mayer, es quién realiza aquí las funciones de director y guionista a pesar de su escasa experiencia. Hasta entonces, su trabajo se reducía a trabajar en series televisivas de éxito como El Ala Oeste de la Casa Blanca, un hecho que le ha enseñado a trabajar con guiones dramáticos y cargados de emotividad. Su labor es bastante acertada en el film, y consigue hacer totalmente creíble cada una de las situaciones por las que pasa Adam.

Todo ello acompañado por la poco adornada pero efectiva fotografía de Seamus Tierney. El cineasta hace uso de tonalidades frías, para asimilarlo a la falta de emotividad que padecen las personas con asperger. Un defecto de colorido y tonalidades cálidas que se ven acompañadas por la simple pero agradable música de Christopher Lennertz. Haciendo uso de instrumentos básicos, sin hacer excesivo alarde de las grandes orquestas sinfónicas, consigue una partitura correcta que se acompasa con las sencilla y a la vez extrañas pautas de comportamiento del protagonista del film.

Adam es un buen ejemplo de como algo que en un principio puede dar tan poco juego, como es esta enfermedad, combinándola con una serie de elementos externos, puede llegar a resultar un producto entretenido e interesante para el espectador. Además, es algo muy positivo que se den explicaciones a muchos de los comportamientos del protagonista, mediante gestos y diálogos, algo que facilita mucho al espectador que no esté muy al corriente de lo que es este síndrome de asperger. Podemos resumir que es una buena obra, de un tema poco explotado, y que consigue no aburrir y mantener el interés durante su hora y media larga de duración.

martes, 10 de septiembre de 2013

Crítica de Pacific Rim


Desde pequeños, todos aquellos que hemos crecido en las décadas de los 70 y 80, hemos soñado con pilotar el Mazinger Z de turno, y darnos de hostias con los monstruos que venían a conquistar nuestro planeta.

Alucinábamos con esos dibujos animados, de enormes androides, que nos llegaban desde el continente asiático, pero siempre nos había quedado esa tristeza de no haberlo podido disfrutar en imagen real. Es cierto que era muy complicado plasmar toda esa esencia en personajes de carne y hueso, siendo un proyecto casi imposible para la época. Su principal handicap, además de los aspectos técnicos, era la posibilidad, de sufrir críticas desde todos los frentes, en el caso de no salir un producto redondo.

De todos es conocida ya esa gran pasión que tiene Guillermo del Toro por los proyectos que suponen un reto. Llevar un personaje como Hellboy a la gran pantalla era algo poco sencillo, y solo el director mexicano se atrevió a ello. Con Pacific Rim ha ocurrido algo parecido, solo que no consistía en adaptar un personaje nacido de las viñetas, sino en crear todo un universo de enormes criaturas extraterrestres dispuestas a acabar con el planeta que conocemos hoy en día.

Y es que lejos de adentrarse en dramas personales y personajes tan profundos que soportasen amargamente sobre sus espaldas el fatal destino de la raza humana, a base de traumas familiares, el guión de Travis Beacham, al que recordaremos por el infumable remake de Furia de Titanes, y el propio director, va directamente a la acción. Filtra todo lo superfluo y se centra en mostrarnos únicamente las batallas entre los colosos mecánicos y las devastadoras criaturas.

Un enfrentamiento que visualmente es una maravilla. Los que de pequeños hemos soñado con tal espectáculo, jamás imaginaríamos que llegase a ser algo  tan increíble. Un grandioso trabajo el de Del Toro y su equipo de efectos especiales, ofreciéndonos algo realmente grande. Los primeros minutos, donde se nos va introduciendo la trama, con esa mítica pelea entre un Kaiju nivel 3 y Gipsy Danger, hacen que te sumerjas en un éxtasis visual por un período de más de dos horas. Tiempo durante el cual no dejas de alucinar, pareciéndote cada escenas más sorprendente que la anterior.

La historia es realmente sencilla, típica de un capítulo de Mazinger Z o de Astrogangar. Una raza extraterrestre, en su afán de ir conquistando mundos, hace miles de años e instaló en las profundidades de nuestro planeta. Ahora, siglos y siglos mas tarde, han decidido que es hora de acabar con toda vida inteligente y han abierto una brecha por la que, cada ciertos intervalos de tiempo, van soltando enormes y fieras criaturas que poco a poco irán eliminando todas las defensas de los humanos. Para evitar esto, todas las naciones se han unido en un proyecto cuya finalidad es la defensa del planeta mediante la creación de Jaegers. Esta terminología germana, se utiliza para denominar a unos enormes androides, construidos por distintos países y de muy variada tecnología. Todos ellos tienen en común que son controlados por dos pilotos, que se hacen cargo de cada uno de los "hemisferios" del coloso.

A groso modo, esta sería la puesta en escena de esta superproducción que va arrasando por todas las salas por las que se va estrenando. Y es que, por suerte para nosotros, además de unos magníficos y espectaculares efectos, el reparto escogido cumple perfectamente.

El papel principal lo toma un poco conocido Charlie Hunman, que adquiere el rol de héroe inactivo que debe sobreponerse a sus temores como única salvación para la humanidad. Su papel lo realiza a la perfección, lo que le ha hecho ganar muchos enteros para protagonizar el best seller internacional "50 sombras de grey".

Le acompaña una total desconocida de origen asiático llamada Rinko Kikuchi. A diferencia de otros directores, Del Toro ha decidido pasar de las típicas modelos de exuberantes curvas y darle protagonismo a una actriz menos vistosa pero con mejor espectro interpretativo. Además, de este modo consigue darle fuerza a la idea de la unión de países frente a un peligro común a todas las naciones. La actriz consigue desprender ese aura de misterio que retiene el personaje de Mako, regalándonos una buena actuación.

El tercer pilar interpretativo sobre el que se asienta la obra, es el de un actor que últimamente se ha aficionado al género de la acción sin límites. Visto en grandes producciones como Thor o Prometheus, Idris Elba se mete en la piel del "mariscal" de campo que debe coordinar todo el frente defensivo contra los kaijus. Su interpretación, de alto grado "cabroncete", es bastante acertada y llevará a cabo algunos de los momentos mas épicos del film. Además, como buen militar al mando, nos dejará el típico discurso motivador, que no puede faltar en cualquier film con aires bélicos.

Los personajes que más patinan a lo largo de la película son los de los científicos. Tanto el Dr. Newton, cuyo originalidad en el nombre se merece algún tipo de reconocimiento, como el matemático Gottlieb han sido utilizados como reductores de tensión, cosa que no ha salido demasiado redonda. Si bien sus acciones al final de la película tienen una gran relevancia, les podían haber dado un enfoque distinto y más acertado.

Los que no podían faltar a una cita con el director nacido en Jalisco, son nuestro Santiago Segura y el actor Ron Perlman. Sus soles son muy secundarios, pero siempre es agradable verlos en la gran pantalla, sobre todo en el caso de un currante como Segura.

Otro de los aspectos más destacados del film es la sobresaliente partitura de Ramin Djawadi. El compositor alemán, que triunfa en todo el mundo con la música de Juego de Tronos, se aleja de los típicos sonidos épicos tocados por una orquesta sinfónica clásica. A cambio, se vale de instrumentos más modernos para ambientar, la espectacular fotografía de Guillermo Navarro. Todo ello a base de sonidos mas actuales y llenos de fuerza, adquiriendo su cúspide en un tema central enormemente pegadizo, y que magnifica las ya de por si heroicas batallas entre los jegers y los kaijus.

Estamos ante una de las grandes triunfadoras de este 2013, no tanto en recaudación sino como en satisfacción del espectador. Una obra repleta de acción, que va directa al grano y que resulta uno de los espectáculos mas grandes vistos en una sala de cine. Todo un orgasmo de sensaciones cinéfilas que no deja de sorprenderte en cada escena, y que acierta en todo aquello que fallan obras de similar estilo, como puede ser la saga Transformers. El único pero que se está achacando, es que casi todas las batallas ocurren en escenas nocturnas pero... ¿qué le hacemos si a los kaijus les gusta salir de noche?.

Solo nos queda esperar a que salga en formato doméstico para volver a disfrutarla n veces en casa y animar a Guillermo del Toro para que nos regale una secuela.
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