jueves, 20 de diciembre de 2012

Crítica de Snatch, cerdos y diamantes



Hay directores que intentan innovar en este curioso mundo que es el séptimo arte. Unos lo hacen estudiando nuevas tecnologías y otros reinventando lo ya existente, pero tanto en un caso como en otro pueden caer en los excesos y, lo que podría haber sido una buena innovación, termina por no lograr su objetivo.

Este es el caso de Guy Ritchie, un director que a pesar de tener un buen conjunto de ideas para sorprender en sus rodajes, no ha conseguido conectar plenamente con el espectador. Sus continuos cambios de plano en muchas ocasiones te hacen perder la noción de los sucesos, y aunque resulta muy efectista el efecto es mas negativo que positivo. El cineasta inglés ha utilizado esta técnica desde sus primeras obras hasta la última entrega de Sherlok Holmes... y Snatch no iba a librarse.

Esta película se va a dividir en dos historias paralelas, simultáneas en el tiempo y que van a converger en un momento dado. Por un lado tenemos la trama del robo de un enorme diamante, que ha de ser entregado en Londres a un tasador y que será codiciado por más de un personaje. Al otro lado tenemos un combate de boxeo ilegal, con sus apuestas y su correspondiente amaño como no podía ser menos. Dos historias que en un principio no tienen relación, pero que poco a poco se irán entrelazando para alcanzar un destino común.

Si algo tiene esta película que la difiere del resto del género es la cantidad de personajes, tan distintos unos de otros, que se van cruzando en ambos argumentos. A todos ellos se les conoce por un Alias y serán presentados, en formato serie setentera, al comienzo del film como parte de los créditos iniciales. Este detalle ya nos indica que vamos a contemplar un film que se va a salir de lo acostumbrado. Una vez vista la película podemos afirmar que es totalmente cierto.

El guión del propio Guy Ritchie no tiene nada que ver con lo que entendíamos como cine criminal, desviándose de los grandes dramas del género. Si entendemos este film como algo serio y profundo, nos puede parecer que nos han tomado el pelo. La película hay que visualizarla como una comedia con leves pinceladas de cine negro. Muchos la han catalogado como del estilo de "Tarantino", pero nada mas lejos de la realidad. Las obras de Quentin tiene un trasfondo y una profundidad que, desgraciadamente, Snatch no posee.

A pesar de ello esta producción, de seis millones de libras, consigue enganchar con el espectador a base de situaciones ridículas y mucha acción. La historia que nos cuenta el Turco, con la habitual voz en off de las producciones del director, puede parecer mas complicada en un principio de lo que resulta ser al final. Y es que el ir y venir de tantos personajes, te lleva a la confusión en el planteamiento argumental durante los primeros minutos de metraje. Un colage de situaciones tan extrañas como sorprendentes que, poco a poco, van dando forma a un guión que, a medida que avanza la acción, va tomando sentido.

Si bien la historia no cuenta con un protagonista propiamente dicho, el primer nombre que nos viene a la cabeza es el de Jason Statham, que narra desde la visión del personaje del Turco como van ocurriendo los hechos. Su interpretación se aleja mucho de lo que nos tiene acostumbrado, con su habitual estereotipo de héroe de acción. En esta ocasión es un hombre de negocios, que ha de tratar con lo mas ruin, en busca de obtener ganancias con la celebración de combates de boxeo clandestinos.

Su mano derecha es Tommy, al que da vida Stephen Graham. Su rol es el del típico socio que, por una cosa u otra, siempre termina metiéndose en líos, arrastrando a los que tiene a su alrededor. Su papel es clave para entrelazar las dos tramas que se van cruzando, cumpliendo a la perfección con lo que su personaje exigía.

Otra de las caras que llaman a la vista del reparto es la de Brad Pitt. El actor estadounidense tira de físico para dar vida a Mickey, un gitano al que apenas se le entiende hablando, pero con un mayor coeficiente intelectual que el que se le puede atribuir en un principio. El personaje es de lo mas original que nos podemos encontrar en el film, y Pitt realiza una buena labor con él.

Benicio del Toro, un habitual del género, es otro de los muchos talentos que circulan por la película. Su papel de Franky Cuatro Dedos  es quizás mas secundarios de lo que nos tiene acostumbrados, pero es otra de las claves de la historia. Una actuación aceptable para el intérprete puertoriqueño.

Dennis Farina, Vinnioe Jones o Mike Reid son otros de los muchos nombres que van apareciendo a lo largo de la hora y media larga de metraje. Ninguno de ellos llega a tener un papel propiamente principal, pero entre todos hacen que este lioso entramado vaya tomando forma y termine teniendo sentido.

John Murphy, un compositor que ha encaminado sus composiciones hacia la temática del thriller le pone sonido a este curioso film. Sus acordes se alejan bastante de lo que el género nos tiene acostumbrado, en parte motivado por el tono cómico con el que es tratada gran parte de la trama. Otro de los aspectos de se escapa de lo típico son los títulos iniciales, presentando uno a uno los personajes a modo de viñetas y acompañados de una potente melodía.

La fotografía es obra de Tim Maurice-Jones que repite con Ritchie tras la exitosa Lock & Stock, y que hemos podido ver últimamente en La Mujer de Negro. Las capturas que realiza concuerdan totalmente con lo que el guión exige, ensamblándose perfectamente con la forma de rodar del director inglés y sus continuos movimientos de imagen.

Sin ser una de las obras cumbres del género, Snatch resulta un producto entretenido. Diversión en estado puro lleno de momentos cómicos y mucha violencia. Esta es la formula para convertirla en una de las recordadas cuando se habla del cine criminal moderno y las causas de sus buenas puntuaciones en las páginas especializadas. Un film sin pretensiones que se deja ver muy bien y que gana con posteriores revisionados.


miércoles, 5 de diciembre de 2012

Crítica de Heat


Cuando hablamos de cine negro siempre nos viene a la cabeza los grandes clásicos del género como El Padrino, Uno de los Nuestros o Erase una vez en América. Obras de elevado nivel que pusieron los cánones del que se han ido alimentando muchas producciones posteriores y más modernas. Todas ellas tenían en común que se desarrollaban en épocas pasadas, cuando las organizaciones y familias dominaban los barrios obreros de las ciudades mas importantes del otro lado del charco.

Con la llegada del cine más actual estas tramas, complicadas de seguir en algunos casos, se fueron dejando de lado en detrimento de un cine más directo y menos "inteligente". La acción se sobreponía al drama, ofreciéndonos historias muy fuertes visualmente, pero con un contenido bastante plano y casi carente de interés.

Pero de vez en cuando aparece un film que hace revitalizar al género en concreto y lo vuelve impulsar para satisfacción de los espectadores en general y de la crítica en particular. Este es el caso de Heat, uno de los grandes thrillers de los 90 que es todo un ejemplo de como se puede combinar una buena historia con grandes dosis de escenas de acción. Un cocktail de situaciones tensas que hacen de esta película una de las mejores obras del género de la década.

Michael Mann se pone tras las cámaras para dirigir un elenco de actores de renombre que es uno de los grandes reclamos de la obra. Y es que no es común encontrar tantos y tan buenos actores compartiendo un mismo guión. Si ya de por si la historia era bastante atractiva, ver a dos de los pesos pesados del celuloide cara a cara era determinante para conseguir llenar las salas cinematográficas durante el tiempo que permaneció en cartelera. Y es que ya solo en su país de origen se había conseguido amortizar los 60 millones de dolares que tenía de presupuesto.

El guión del propio Michael Mann nos lleva hasta Neil McCauley, un experimentado ladrón que ha conseguido reunir un grupo de fieles colaboradores con los que comete robos a gran escala. Su vida está libre de ataduras, destinando su tiempo a organizar los futuros asaltos y cuidar de los que tiene a su alrededor. Este "padrino" de los noventa recibe el encargo de un último gran golpe. Un robo a un banco que le ofrezca unas suculentas ganancias y una buena oportunidad de desaparecer... durante un tiempo al menos. Pero no todo es tan sencillo ya que el teniente Vincent Hanna le va siguiendo los talones y hará todo lo que esté a su alcance para frustrar el robo y, de paso, terminar con la delictiva carrera de Neil.

A groso modo este es el planteamiento inicial que nos muestra el director nacido en Chicago, que así contado nos puede parecer muy típico. Pero a diferencia de otras producciones el guión no solo se centra en los hechos y va más allá, profundizando en cada uno de los personajes, dejando de lado cualquier síntoma de superficialidad dramática. Y es que esta película no hubiese sido lo mismo de no haber conseguido enfrentar, cara a cara, a dos de los grandes pesos pesados de la interpretación hollywoodiense.

Tanto Robert de Niro como Al Pacino están realmente espectaculares. El primero como meticuloso delincuente, que intenta tenerlo todo bajo control para que nada se desvíe del plan original y protector autoproclamado de todos los que trabajan con él. Sin amores ni ataduras, su rol requería una psicología fuerte y de rápidas decisiones. Al otro lado del ring el personaje de Vincent, un oficial de policía que ha contraído matrimonio en múltiples ocasiones y que antepone su trabajo a cualquier otro aspecto de su vida. Obsesivo y frío, Al Pacino nos deleita con escenas memorables que nos va a costar olvidar.

Si por separado nos ofrecen buenos minutos, cuando Mann consigue situarlos en el mismo espacio-tiempo el resultado es notable. Esto ocurre en dos ocasiones, una primera con dialogo cargado de sinceridad por ambas partes y donde se vislumbra algo más que un mero enfrentamiento entre ambos. El segundo de los momentos es uno de los pasajes con mayor adrenalina del film. Un affaire que va a decidir el desenlace de la historia y que denota ese "vinculo" que se ha ido forjando entre ambos personajes.

Junto a ellos destaca el nombre de Val Kilmer, la mano derecha de McCauley y otro de los personajes centrales de la obra. El angelino realiza aquí una de sus mejores interpretaciones, dando vida a un personaje condicionado por el juego y por el amor a su esposa. Rol que recae sobre la guapa actriz Ashley Judd, que realiza una actuación muy notable y destacada, a pesar de tener un papel muy secundario.

Completan el reparto actores de la talla de Ammy Brenneman, Tom Sizemore o Danny Trejo al que próximamente veremos en la segunda entrega de Machete. Otro de los rostros que nos llama la atención es la de una jovencísima Natalie Portman. La oscarizada actriz se mete en el papel de hijastra de Vincent que, a pesar de que en un principio nos pueda parecer que se los pordrían haber ahorrado, es fundamental en el desenlace del film. Su madre, Justine Hanna es otro de los pilares sobre los que se asienta el teniente de policía. Diane Venora, que es quien da vida a la esposa de este adicto al trabajo, es otra de las gratas interpretaciones del film, focalizando en ella casi toda la carga dramática del personaje interpretado por Al Pacino.

Elliot Gondenthal tenía como misión componer una banda sonora con mucha tensión y que enfatizase el enfrentamiento entre estos dos grandes de la interpretación. El resultado final nos hace sentir que lo ha conseguido con unas partituras cargadas de fuerza que se ensamblan perfectamente con la fotografía de Dante Spinotti. Rodada con unas tonalidades poco coloridas y muy caóticas, es un símil del complicado y oscuro mundo en el que se desenvuelven los personajes. Todo un acierto para un director de fotografía que repetiría dos años mas tardes en el género con L.A. Confidential.

Con todo lo expuesto podemos afirmar que Heat es una de las mejores obras sobre lo que muchos denominan como cine criminal moderno. Un film cargado de buenos momentos, con escenas de robos realmente espectaculares, tiroteos y un cara a cara que, a pesar de haber sido copiado hasta la saciedad en posteriores ocasiones, es de lo mejor que podemos ver en el género. De Niro y Al Pacino en su máximo esplendor que nos dejan una película de las que marcan época.

sábado, 24 de noviembre de 2012

Crítica de Sospechosos Habituales



En 1995 un, hasta entonces casi desconocido director neoyorkino, sorprendió a propios y extraños con un film que fue llevándose galardones por todos los festivales nacionales por los que pasaba. Si no era el de mejor director, era el de mejor actor secundario o mejor película. Y es que Sospechosos Habituales no dejaba indiferente a nadie.

Ganadora con dos Premios de la Academia en 1996, el guión de Christopher MacQuarrie (que en breve nos traerá Jack y las habichuelas mágicas) es uno de los mas geniales y originales del género. Tras una historia típica de delincuentes logra esconder, de forma magistral, una trama que va más allá de lo aparente, todo ello contado de forma poco cotidiana pero muy efectista.

El film comienza de manera que te atrapa desde los primeros fotogramas, mostrándonos las escenas del desenlace final, pero ocultando todos los detalles de forma que no explica nada pero deja ver por donde puede ir los tiros, nunca mejor dicho. A partir de aquí el montaje nos traslada en el tiempo a unos días antes de dicho suceso, en una de las escenas mas recordadas del film y del género. La captura y posterior rueda de reconocimiento de los protagonistas se ha convertido en todo un clásico. Cinco personajes que nada tiene que ver uno con el otro, tan distintos tanto en apariencia como en carácter que únicamente tienen en común el delito por el que son sospechosos. Este fortuito encuentro provocará que sus caminos se crucen para formar una única autopista con destino a un sencillo golpe. Todo ello, claro está, tras unas duras negociaciones para convencer a mas de un miembro para formar parte de este plan.



A partir de aquí el ritmo del film comienza a alcanzar velocidades vertiginosas, todo ello contado de voz de uno de aquellos sospechosos durante un interrogatorio policial. La escena del primer golpe de esta nueva banda es magistral, un robo que hubiese firmado el mismísimo Michael Mann para su fabulosa Heat. Una muestra más de la grandeza de esta película.

Pero un guión original y envolvente no sirve de mucho si no está respaldado por unas buenas actuaciones. Es aquí donde toma partido el grandioso reparto con el que cuenta esta producción, encabezada por un increíble Kevin Spacey. Su actuación, que le valió un Oscar, debería mostrarse en todas las academias de actores. Su papel, de estafador tullido, es todo un homenaje al género culminado con un final apoteósico de los que marcan época.

Junto a el nombres de tanto nivel como el de Benicio del Toro, que a pesar de no tener un rol demasiado participativo cumple a la perfección, clavando el estereotipo de latino de mediados de los 90. Gabriel Beyre es otro de los destacados del film, metiéndose en el pellejo de Dean Keaton, un mafioso con muchos antecedentes a sus espaldas, que intenta alejarse de ese mundo que tanto y tan poco le ha dado. El actor irlandes ha tenido posteriormente una amplia filmografía, pero este es quizás su mejor interpretación. Muestra perfectamente esa lucha entre lo que es racional y lo que él es realmente, convirtiéndolo en uno de los pilares fundamentales del film y el cabecilla de este grupo de delincuentes.

Otro actor que nos sonará es Chalz Palminteri, que en esta ocasión adopta el rol del agente especial Dave Kujan. Su cara a cara con Roger "Verbal" Kint, el personaje que da vida Kevin Spacey, es inmenso, ya que consigue combinar la típica dureza policial con ese sentimiento de lástima por las condiciones físicas de Roger. Gran parte de la película es este affaire, que nos muestra a un Palmiteri que no se deja ensombrecer por la larga sombra de la actuación de Spacey.

Stephen Baldwin, Giancarlo Esposito o Pete Postlethwaite son algunos de los muchos nombres que conforman el excepcional reparto del film y que, en mayor o menor medida, ayudan a enriquecer un guión que es de lo mejorcito de la década de los noventas en cuanto a thrillers se refiere.




Otro de los aspectos a destacar de la obra es la magnífica música compuesta por John Ottman. El compositor, que se estrenaba en el mundo del séptimo arte con otra obra de Singer, nos deleita en esta segunda composición con unas partituras melódicas para el tema central, y unas con mucho mas ritmo y celeridad para las escenas de acción. El tema central es muy pegadizo, siendo un acierto haberlo introducido en los instantes iniciales del film representando momentos de calmas previos a la gran tempestad que se avecinaba. Una gran banda sonora para un género que últimamente no se prodiga mucho en este aspecto.

No podíamos dejar de mencionar la gran fotografía de Newton Thomas Siegel, que es uno de los fijos en las producciones de Bryan Singer. Escenas como la de la llegada a la reunión con Redfoot o el asalto al ascensor donde viaja Kobayashi son algunos ejemplos del magnífico trabajo tras las cámaras, un aspecto que potencia exponencialmente la ya de por si atractiva historia.

Con el tiempo hemos podido comprobar que Sospechosos Habituales es, quizá, una de las películas de referencia de historias de delincuentes, donde no todo es lo que parece. Un reparto de lujo con nombres como los de Kevin Spacey que le valió el Oscar al mejor actor secundario por su papel de delincuente tullido, Benicio Del Toro o Stephen Baldwin hacen que la película enganche desde un primer momento y consiga mantener el interés a lo largo de sus 90 minutos, una duración perfecta para que no resulte pesada y de tiempo a exponer toda la trama.

El secreto de su éxito radica, sin lugar a dudas, en su sencillez y acierto en la forma de mostrarnos la historia, dejando de lado la mayoría de aspectos personales de cada personaje. Con esto, además de no aburrir al espectador con algo superfluo y totalmente ajeno al guión, consigue acelerar todos los sucesos de forma que no da oportunidad de perder el hilo argumental, invitándonos a asistir a uno de los mejores finales que un thriller de este estilo puede ofrecer.

domingo, 18 de noviembre de 2012

Nuevo podcast de Hello Friki con nuestra colaboración

Ya podéis descargaros desde IVOOX o desde este enlace el nuevo podcast de Hello Friki. En él analizamos estrenos como Argo, Looper,  Lo Imposible, Skyfall o Las Aventuras de Tadeo Jones. Recordaremos un clásico de la animación como Anastasia, nos adentraremos en el inframundo del cine de serie Z con "Karate a Muerte en Torremolinos" y repasaremos las últimas novedades en literatura y series de TV. Como colofón, debatiremos sobre la venta de Lucasfilm a Disney.



Un podcast que no puedes dejar de escuchar con las aportaciones de Victor M. Yeste, M. C. Catalán, Manuel Callejo, g4f5g6 y un servidor.

viernes, 16 de noviembre de 2012

Crítica de Minority Report



¿Qué ocurriría si juntásemos a uno de los directores de mayor reconocimiento y a uno de los actores más carismáticos de Hollywood? Sin duda el éxito estaría asegurado. Esto es lo que se hizo en Minority Report, juntando a Tom Cruise y Steven Spielberg en un ambicioso proyecto que recibió la crítica unánime de los medios especializados. Basada en la novela de Philip K. Dick, de la que han salido grandes obras como la idolatrada Blade Runner (uno de las mejores adaptaciones a la gran pantalla de una obra de ciencia ficción), la historia nos atrapa en un oscuro y frió futuro donde las investigaciones criminales han dejado paso a la predicción de los mismos. Este sistema preventivo va a provocar que los cuerpos de seguridad vaya siempre un paso por delante a los presuntos delincuentes. Se intervendría sobre la "potencia" y no sobre el "acto" como diría la filosofía clásica. Es aquí donde enlazan los denominados "precog". Unos seres que, con apariencia humana, son capaces de predecir los actos de violencia antes de que estos sucedan. Mantenidos en un medio acuático, se convierten en uno de los aspectos más originales y sorprendentes de la obra. Pero, como ocurre en la realidad, nada está exento de fallos y siempre se van a encontrar fracturas que, por pequeñas que sean, pueden derrumbar un sistema "casi" perfecto.

La historia nos lleva hasta uno de esos agujeros, en el que se ve implicado el personaje caracterizado por Tom Cruise. El actor nos deleita con una actuación digna de un buen trhiller de ciencia ficción, pasando de cazador a presa, en una muy buena interpretación, que nos hace recordar obras como El Fugitivo. Además, como ya hiciera en la saga Misión Imposible, él mismo rueda las escenas de acción, lo que dice mucho de la entrega que hace por su trabajo, arriesgando más de lo que suelen hacer la inmensa mayoría de los actores. Junto al neoyorkino podemos ver a un grupo de intérpretes que rallan a gran nivel entre las que sobresalen Klea Scott, en su papel de precog y Jessica Capshaw como esposa de John Anderton.


Pero sobre todo destaca un Colin Farell que realiza un aceptable papel, y que le sirvió para impulsar su carrera artística y ver aumentando su caché como actor. Resulta curioso y sorprendente que el actor español Javier Bardem rechazase este papel, que en un principio le ofreció Spielberg y que supuso un retraso en el salto hollywoodiense del canario.

Pero si hay alguien quién dota de carácter y personalidad a este film es su  director, el consagrado Steven Spielberg que repite género tras la controvertida Inteligencia Artificial. El rey Midas de Hollywood nos da su visión de este futuro mezclando lo que conocemos hoy en día y lo que vendrá el mañana, haciendo que la historia no la veamos como algo excesivamente lejano. Consigue, como nadie, sacar lo mejor de los actores en cada una de las secuencias del rodaje y es capaz de llevar los efectos especiales a su máximo esplendor. Es su sencillez y capacidad para sorprender lo que hace que todas y cada una de sus películas sean un espectáculo visual, llevándonos a disfrutar de cada plano, diálogo o toma.

Una buena dirección y un trabajado guión no es nada sin una buena composición musical, y como suele ser habitual en las películas de Spielberg, el elegido para ponerle música a esta obra es el polivalente John Williams. En esta ocasión nos deleita con una composición mas propia del cine negro que de una película de ciencia ficción, alternando movimientos de auténtico suspense con otros de verdadera acción. Una buena partitura que cumple con su proposito, pero que quizás esté un poco por debajo de lo que el maestro nos tiene acostumbrados. Y es que si la sacamos del film, no llega a decirnos gran cosa como si ocurre con muchas de las creaciones de este genial compositor.

Otro de los aspectos que mas llama la atención es la utilización de las tonalidades azules durante todo el metraje. Esto denota frialdad a ese extraño futuro que Dick nos proponía en la historia original y que Janusz Kaminski, director habitual de fotografía de Spielberg, ha plasmado de esta forma. El resultado es bastante acertado, consiguiendo despertar en el espectador ese sentimiento de un futuro alejado del calor y sentimiento humano.

Únicamente quedaba dotar la película de espectacularidad e intensas escenas de acción. ¿quién mejor que los magos de ILM para hacer posible este futuro que nos presenta Spielberg?. El resultado obtenido es increíble, deleitándonos con unos diseños y artilugios que nunca hubiésemos imaginado y que se integran en el film de manera perfecta. Las ciudades, los vehículos, los carteles de anuncios... todo es un gran espectáculo para nuestros ojos y una buena fuente de inspiración para futuros adelantos tecnológicos.

Resulta cuanto menos interesante, que hoy en día uno de los efectos más llamativos del film, que era ver a John Anderton (Tom Cruise) en la sala de control moviendo pantallas únicamente con gestos, se pueda hacer hoy en día prácticamente igual con algunos sistemas de entretenimiento. Algo impensable hace doce años y que hoy en día es toda una realidad.

Podemos resumir que la unión del guión de Scott Frank, la obra original de Philip K. Dick y la dirección de Steven Spielberg ha dado como resultado un film cargado de tensión y visualmente deslumbrante. La puesta en escena es inmejorable y algunas de las carencias de la historia se han sabido disimular, tras unos sorprendentes efectos especiales, que agrandan aún más la prodigiosa capacidad para ganarse al público que tiene esta leyenda de la dirección.

sábado, 10 de noviembre de 2012

Crítica de THX1138


Hablar de THX1138 es hablar de George Lucas en estado puro. Esta puede considerarse el primer largometraje del director californiano que siempre ha sentido especial predilección por el género de la ciencia ficción.

Aunque esta obra poco o nada tiene que ver con su gran éxito, Star Wars, si que encontramos algunos puntos en común con la saga a pesar de ser leves pinceladas en un gran óleo. Es sobre todo en la utilización de efectos visuales, innovadores para comienzo de los 70, donde vemos la mano de este genio del séptimo arte.

El guión, obra del propio Lucas, nos lleva a una sociedad futura donde toda clase de sentimientos han sido usurpados gracias a las drogas que contienen los impulsos sexuales y afectivos de los ciudadanos. Similitudes que encontramos en obras mas recientes como Equilibrium o La Isla de Michael Bay, que adoptó algunos de los aspectos de este film.

THX, es el nombre genérico que se le da a los humanos que trabajan como operarios en esta sociedad, seguido del número de registro de cada individuo. Pero parece que estas siglas debieron caerle en gracia al propio Lucas ya que, años mas tardes, la vemos en muchas salas cinematográficas como certificación de una norma audiovisual patentada por el propio director.

En esta ocasión la historia se centra en el individuo 1138, que deja de tomar dichos "medicamentos" para descubrir un mundo que no tiene nada que ver con lo que sentía bajo el efecto de los estupefacientes. Esto le llevará a convertirse en un fugitivo del gobierno, perseguido por unos curiosos androides que hacen las veces de policías. A partir de aquí es cuando la obra toma diverso paralelismo con otro clásico de la ciencia ficción como es La Fuga de Logan.

Todo este mundo tejido por Lucas nos da una idea de la imaginación del californiano, y no es más que un pequeño ápice de lo que años mas tarde nos ofrecería con la idolatrada Star Wars. A lo largo del film ya se ven muchos de los artilugios futuristas mas tarde serían adaptados a numerosas superproducciones.

 Pero si algo caracteriza la obra es la frialdad que nos muestra la fotografía de Albert Kihn. Un homenaje al minimalismo desde las primeras secuencias y que tiene su punto álgido en la extraña prisión donde es encerrado el THX1138.

Robert Duvall protagoniza esta interesantísima producción con la complicada labor de meterse en la piel de un personaje sin sentimientos, mas próximo a una máquina que a un ser humano. Podemos decir que el actor cumple a la perfección con este cometido, pero tampoco podemos alardear de que realizase el papel de su vida, y es que el guión tampoco estaba para florituras.

Junto a él, Donald Plesance que borda su papel de visionario en un mundo donde uno no puede pensar por si mismo. Maggie McOmie o Ian Wolfe completan un reparto que sirve para contar una historia más que para mostrar el dramatismo de unos personajes.

Lalo Schifrin es el encargado de ponerle música a este extraño guión, en lo que es una partitura que huye de los típicos sonidos electrónicos pero que nos mete de lleno en el ambiente futurista de la obra. Composición que se ve reforzada por el extraordinario trabajo de Walter Murch en el aspecto sonoro, que juega un importante papel en el desarrollo del guión.

THX1138 no es una obra maestra, ni creo que llegue a considerarse como un film de culto en las futuras generaciones. Yo lo consideraría mas bien un film experimental, donde George Lucas expresó parte de lo que tenía en su cabeza a modo de ensayo antes de su gran space opera.

viernes, 9 de noviembre de 2012

Aparecemos en BoosterBlog


El Rincón del Palomitero aumenta sus fronteras, apareciendo en el índice de blogs del catálogo especializado BoosterBlog.es
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