jueves, 14 de agosto de 2014

Crítica de Transformers: La Era de la Extinción


Se ha convertido en un clásico de la temporada estival el estreno de la enésima producción de algún blockbuster de éxito. En esta ocasión le ha vuelto a tocar a esos vehículos de tecnología alienígena que son capaces de transformar su chasis en el esqueleto de un robot de enormes dimensiones.

Tras los hechos acontecidos en Chicago, y que pudimos ver en Transfomers: El Lado Oscuro de la Luna, las autoridades norteamericanas han decidido exiliar a los autobots de los límites terrestres. Esta lucha entre los transformers liderados por Optimus Prime y los decepticons han causado demasiadas victimas y no es ético ni moral seguir utilizando nuestro planeta como campo de batalla extraterrestre.

Pero no todo es tan sencillo, y en lugar de permitir que los autobots elijan su propio destino, un grupo del gobierno les está dando caza y exterminándolos, algo totalmente ilógico y que llevará a poner en peligro la vida de Cade y su hija Tessa.

Michael Bay se vuelve a poner tras las cámaras para traernos la cuarta entrega de una de las sagas mas prolíficas y rentables que posee la compañía Paramount. para esta ocasión, se ha tomado el final de la entrega anterior como punto de partida, siendo muchas las referencias a lo largo del film sobre esta. La historia de Ehren Kruger, guionista de todas las secuelas de la tetralogía, intenta dar un lavado de cara cambiando el papel protagonista principal. El aniñado y bastante criticado Shia LaBeouf cede el testigo, en el rol principal, a un actor mucho más experimentado y con mayor caché como es  Mark Wahlberg. El intérprete es de lo mejor de esta superproducción, muy cómodo en este tipo de situaciones cargadas de acción y adrenalina.

Junto a él encontramos a Stanley Tucci en un papel mucho mas secundario, pero no por ello menos meritorio. En su papel de villano, va despertando sentimientos confrontados a lo largo de las casi tres horas de metraje, descolocando en muchas ocasiones al espectador con su notable trabajo.

Pero no todos iban a ser buenos personajes, tomando como muestra a Shane. Jack Reynor, que interpreta al novio de Tessa nos ofrece un personaje muy plano y que cae en los tópicos. En todo momento se ve eclipsado por sus compañeros de reparto y denota una falta de carisma alarmante.

Nicola Peltz, a pesar de no hacerlo mal del todo, tampoco consigue conectar plenamente con el espectador. Si querían una adolescente con cara de ángel, seguro que había muchas mas opciones en el casting que se adaptasen mejor a ese papel, ya que nadie se cree que Tessa sea una adolescente preuniversitaria.

Dejando de lado ese gran contraste cualitativo del aspecto interpretativo, lo mejor de La Era de la Extinción son sus impresionantes escenas de acción. Cuando ya creíamos haberlo visto todo en este universo, nos llegan, al mas puro estilo de Pokemon Legendarios mecánicos, los dinobots. Transformers de otra época que toman la forma de los primitivos y destructivos habitantes del jurásico. Como ocurre con todo el catálogo de autobots y decepticons, se ha cuidado hasta el mas mínimo detalle, consiguiendo que sus aportaciones resulten realmente espectaculares.

Además, si bien el metraje de la obra con respecto a las anteriores es ligeramente superior, también es cierto que se ha aumentado el número de secuencias de acción, algo que siempre se agradece en este tipo de producciones. Sobre todo cuando tienen la firma de Bay y la fotografía de Amir Mokri, todo un experto en el cine de acción.

Steve jablonsky, un compositor que se prodiga más en el mundo de los videojuegos que en el del séptimo arte, pone melodía a una película cargada de acción y efectos especiales. Su trabajo podemos calificarlo de aceptable, teniendo en cuenta que llama mucho más la atención los efectos sonoros que la propia composición musical.

¿Era necesaria una nueva entrega de Transformers? Pues depende. Por un lado siempre es atractivo ver escenas de acción, cargadas de efectos visuales y con la notable factura de Michael Bay. Pero por otro lado, la obra vuelve a cometer los mismos errores del pasado, con un guión que no resulta redondo del todo y cayendo en los mismos diálogos empalagosos y absurdos que, lejos de romper la tensión en los momentos de mayor adrenalina, te hacen ver el film como una película pensada para un público más familiar y menos adulto.

viernes, 8 de agosto de 2014

Crítica de El Amanecer del Planeta de los Simios


Tres años han pasado ya desde que se estrenase, por el mes de septiembre, El Origen del Planeta de los Simios. Un film, que a medido que ha ido pasando el tiempo ha ido ganándose al espectador y, sobre todo, a los amantes de las obras que protagonizaba Charlon Heston, y que no veían con muy buenos ojos unas nuevas adaptaciones.

Vito el éxito a nivel de taquilla y críticas de esta primera parte, nadie pondría en duda que el proyecto de la nueva trilogía seguiría su curso natural, y en este 2014 nos llegaba la segunda entrega de la saga. El Amanecer del Planeta de los Simios, que es el título que se le ha dado, continua la historia unos años después de donde acabase su antecesora.

El milagroso fármaco contra el alzehimer, elaborado por el personaje de James Franco, trajo como consecuencia la aparición del conocido "virus de los simios". Un agente patógeno que en poco tiempo ha mermado la población mundial y ha dejado, únicamente, aislados núcleos de supervivientes que hacen lo imposible por obtener recursos.

Es en una de estas expediciones organizadas para encontrar sustento y formas de energía alternativa cuando, de forma casual, se produce un primer encuentro entre la manada de simios gobernada por Cesar y este grupo de humanos. Este fortuito hecho será el detonante que provoque el comienzo de las hostilidades entre ambas especies.

Con esta premisa comenzaba a desarrollarse el guión de Mark Bomback y Rick Jaffa. Una historia que sirve de punto y seguido de la pelkícula anterior, centrándose nuevamente en el personaje de Cesar. Haciendo homenaje a su nombre de emperador romano, este simio al que da vida de forma magistral Andy Serkis, se ha proclamado gobernador de la enorme colonia simia de las afueras de San Francisco. Sus decisiones son incuestionables, y la mayoría de cuadrumanos le procesan una lealtad ciega.

El director escogido para esta segunda parte es Matt Reeves, que asombró en su debut tras las cámaras en Monstruoso y será el encargado de traernos en 2016 la secuela y tercera entrega de la saga. Para ser su primer trabajo de elevado presupuesto, el cineasta neoyorkino consigue mantener el nivel que le legase Ruper Wyatt, en la siempre difícil tarea de conseguir que una secuela parezca menos mala que su primigénia.

Pero de todo lo malo se aprende, y el equipo de producción ha tenido a bien renovar todo el reparto de actores. Con esto se consigue que la mayoría de comparaciones se anulen, además de darle un tono mas fresco a la saga. De esta forma, el único que repite es Andy Serkis y su enorme Cesar. Es triste que la Academia apenas se acuerde de este fabuloso actor, que ha dado vida a los mejores personajes digitales que han pasado por el celuloide.

Junto al simio, el papel protagonista del bando de los humanos pasa a ser para Jason Clarke, un secundario muy prolífico en los últimos tiempos, y que aquí le han dado la oportunidad de tomar un rol principal. El actor australiano realiza su cometido a la perfección, denotando mucho oficio y madurez interpretativa.

Pero sin duda el nombre elegido para subirle caché al reparto es al del veterano Gary Oldman. El look de su personaje nos recuerda, inevitablemente, al Gordon del Batman de Nolan. Pero en esta ocasión, Dreyfus ni es tan heróico, ni tiene tanto carisma como el comisario de Gotham. El actor lleva con suficiencia el rol de un personaje que el tiempo se encargará de olvidar.

Uno de los aspectos mas a destacar de esta superproducción, es la estupenda fotografía de Michael Seresin. El guión necesitaba de un mundo más oscuro que el visto en la primera película de la saga y, como ya hiciese con Harry Potter y el Prisionero de Azkaban, el director de fotografía se aleja de los colores vivos para mostrarnos una época postapocalíptica llena de sombras.

Un mundo lleno de melancolía y desesperanza acompañado, de forma muy acertada, por las composiciones musicales de Micahel Giacchino. Este compositor, que tiene una trayectoria artística al nivel de los mas grandes, debuta en la saga con un conjunto de melodías que siguen los cánones de la composición creada por Patrick Doyle para el film anterior. Pero a diferencia de este, El Amanecer del Planeta de los Simios tiene muchos más momentos de tensión, dando como consecuencia una banda sonora menos melódica pero mucho más vibrante.

A pesar de tener apreciables lagunas de guión, como el hecho inexplicable de que los simios sepan armar distintos tipos de ametralladoras y fusiles miltares, esta obra está llena de momentos épicos y de máxima adrenalina. Un film que mantiene el interés y el nivel de su predecesora, y que queda totalmente abierto a una última entrega que enlace con El Planeta de los Simios original.

domingo, 3 de agosto de 2014

Crítica de la Tumba de las Luciernagas


Actualmente si que estamos acostumbrados a que nos llegue, desde tierras niponas, films de animación de todos los géneros para un público adulto. Pero cuando se estrenó La Tumba de las Luciérnagas, a finales de la década de los ochenta, lo que acostumbraba a llegar desde oriente eran series y films más destinados a un público mucho más infantil.

Es por todo esto que el film de Isao Takahata, sorprendiese, gratamente, a gran parte del público occidental, poco acostumbrado a ver en "dibujos animados" un film de tanta carga dramática.

La historia, guionizada por el propio director, basándose en la novela de Akiyuki Noska, nos traslada hasta un Japón inmerso en plena Segunda Guerra Mundial. Los acontecimientos de Pearl Harbor supusieron la entrada de los estadounidenses en el conflicto, teniendo como consecuencia continuas represalias, en forma de bombas, sobre las apacibles poblaciones japonesas.

Es en uno de estos bombardeos, cuando Seita y Setsuko quedan huérfanos de madre. Los obuses caídos desde los aviones americanos han arrasado con todo lo que cogían a su paso, dejando al joven y su hermana sin madre, sin hogar y casi sin esperanzas de supervivencia. Este motivo provocan que tengan que instalarse en casa de una tía suya, a la que la idea de hacerse cargo de los dos menores no le agrada del todo. Este hecho, unido al excesivo infantilismo de Seita, provocan que la estancia en casa del familiar sea mas corta de lo esperado y decidan, con medios casi nulos, instalarse en otro lugar donde nadie le diga lo que tiene que hacer.

Este sería, a muy groso modo, el punto de partida de una historia muy amarga, inmersa en una burbuja de melancolía y tristeza propia de la época en la que se desarrolla. Quizás esto, fue lo que convenció al espectador para considerarla una obra maestra del género. Y es que, a pesar de tener el estilo y la animación clásica a la que estamos acostumbrados, la historia se escapaba de lo corriente.

Un dibujo de trazos suaves, con colores muy apagados y un ritmo bastante lento que danzan bajo las fabulosas notas de Michio Mayima. Su composición musical para el film es sublime, envolviendo cada secuencia con una serie de melodías, que imprimen aún más fuerza al dramatismo vivido por los protagonistas.

Esta obra, dirigida magistralmente por un director experimentado, al que encontramos en grandes clásicos como Heidi, Marco o Ana de las Tejas Verdes, es una delicia para nuestros sentidos, a pesar de tener un desenlace de esos que recordamos con pesadumbre y poco ánimo.

jueves, 31 de julio de 2014

Celebrada la Primera Bienal del Cineforum


El pasado jueves, 24 de Julio, se celebró en el Marquesado, la gala correspondiente a la primera bienal del cineforum. Así, sobre las 21:30 de la noche, comenzaban a llegar los primeros invitados a las inmediaciones de la calle San José, donde tendría lugar el acto.

A las 22 en punto se abrían las puertas del edificio que albergaría la ceremonia, y sobre cuya alfombra roja comenzarían a desfilar los protagonistas de la gala, bajo la atenta mirada de los transeúntes y la incesante lluvia de flashes de los medios de comunicación que cubrían el esperado evento.



Ataviados con sus mejores vestiduras, sobre la elegante alfombra roja pasearon protagonistas de la talla de Virginia Hepburn, Andy Medina o Nadia Thurman. Un derroche de glamour y estilo, al que no podía faltar el champagne, y que tenía su punto culmen en el photocall instalado para la ocasión. Uno tras otro fueron pasando todas las celebridades para inmortalizar el evento, minutos antes de comenzar el acto que debía dar a conocer a los grandes triunfadores de la bienal.






Eran las 23 horas cuando Luis, maestro de ceremonias, comenzaba con el discurso que abría la esperada gala, ante el nerviosismo de todos los asistentes. La primera categoría en concurso fue la correspondiente a la de presentaciones. La última noche de Boris Gruchenko se hizo con el Bolo de Oro en un ajustado enfrentamiento con la cinta de suecadas Rebobine Por Favor, y la fantástica Eduardo Manostijeras del estrambótico Tim Burton. Nadia era la primera en subir a recoger el codiciado galardón en una categoría muy abierta y competida.



El segundo premio de la noche correspondía al ciclo de musos y musas. Alicia, con un bonito y emocionante discurso, en el que iba enlazando todas y cada una de las películas del ciclo, era la encargada de presentar las tres finalistas. K-PAX, Las Horas y El nombre de la Rosa se reñían una de las categorías más esperadas de la noche. Fue la adaptación cinematográfica, de la excelente obra de Umberto Eco, la que se llevó el gato al agua. Mercedes, que fue su gran valedora, fue también la encargada de recoger un merecido Bolo Dorado, y es que el film protagonizado por Sir Sean Connery es sublime.



La introducción de Marcos, viajando con sus palabras por distinguidos paisajes, daba paso al ciclo de Ciudades. Bienvenidos al Norte, película elegida por Alicia para esta sección, le ganaba la partida a Chocolat y LaVida de los Otros. La cadista confesa aprovechó la ocasión para dedicarle el triunfo al pequeño bebé que viene en camino.



La entrada de la categoría de comedia supuso todo un espectáculo para los sorprendidos espectadores. Alejándose de los discursos anteriores, Johnny con la gracia y el arte que le caracterizan, se arrancó a bailar por tanguillos. Una efectiva introducción que animó a los presentes antes de dar a conocer la triunfadora de este ciclo. En esta ocasión, el premio fue a parar a una obra de nuestro cine patrio. La Comunidad, obra de Alex de la Iglesia, pasaba en las votaciones por encima de Un funeral de Muerte y Si la Cosa funciona, para encumbrar a Luis en lo más alto.



Las palabras de agradecimiento de Luis se encadenaban con la presentación que Javi Medina hacía para el ciclo de Vidas Cruzadas. Muchas obras compitieron, gracias a su gran nivel, por colarse entre las preseleccionadas para la votación final, pero únicamente Short Bus, Crash y Piedras tuvieron ese privilegio. El jurado decidía otorgar el Bolo de Oro a Nadia por Piedras. La hermana gemela de Uma Thurman subía por segunda vez en la noche a recoger un galardón que le permitiría, a la postre, ser la gran triunfadora de la gala.



Sin apenas tiempo para recuperar el aliento, Ana Isabel daba un emotivo discurso para llevarnos a otros mundos y presentarnos el ciclo de Ciencia Ficción. A diferencia de otras categorías, en esta ocasión las tres obras finalistas eran muy diferentes entre sí, enfrentando estilos tan contrastados como el clásico de La Fuga de Logan, la animación preciosista de WALL-E o el más puro cine experimental de Cypher. Esta última, llevada al cineforum por Virgilio, se alzó con la victoria tras una disputada votación, signo evidente de la enorme calidad que atesoraban las tres producciones.



Faltaba por entregar el último Bolo Dorado de la noche, en uno de los ciclos con mayor número de opciones. Más de 30 cortometrajes formaron el ciclo del mismo nombre, y que supuso un enorme quebradero de cabeza para el jurado encargado de premiarlo. Tras muchas cribas, The Blue Umbrella, El Calipo y Cuerdas debían enfrentarse por un único premio. La obra ganadora al mejor corto en los Goya también lo hizo en esta ocasión tras haber sido seleccionada por Johnny para competir en esta categoría. Uno de los últimos integrantes en entrar a formar parte del cineforum daba la sorpresa en una categoría con tanta competencia.



La gala finalizaría con una abundante cena en la que se debatirían los premios y se homenajearía a los afortunados vencedores. Pero antes de eso tenía lugar de la entrega de la Snitch Dorada a Mercedes, como premio extraordinario por hacer posible que el cineforum tenga una sede fija durante todo el año.


jueves, 10 de julio de 2014

Crítica de X-Men: Días del Futuro Pasado


Era cuestión de tiempo que Brian Singer volviese a la saga que le vio saltar a la fama, después de que los productores se fijasen en su Sospechoso Habituales. El crédito del director estaba casi agotado, tras defenestrar sus primeros X-MEN en una tercera entrega totalmente prescindible, y estrellarse con un Superman que decepcionó a todo el mundo.

Días del Futuro Pasado es la secuela del film que, bajo el nombre de Primera Generación, reseteaba la saga, trasladando la acción hasta el origen de los primeros mutantes. Unos nóveles Magneto y Xavier intentaban evitar que las diferencias, entre humanos y mutantes, se viese como algo natural y no un desencadenante que pudiese llevar a confrontaciones hostiles.

En esta ocasión la acción transcurre en un futuro no muy alejado del mostrado en la película La Decisión Final. El ser humano ha encontrado, bajo el nombre de Centinela, un arma al que los mutantes no pueden hacer frente. Unos androides adaptables y letales programados para eliminar todo ser con un ADN anómalo. La única posibilidad es aprovechar el poder de Kitty Pride (el Delorian de los mutantes como se la ha denominado en el mundillo), y teletransportar la conciencia de Logan al pasado, para evitar que ocurra el hecho que desencadene la puesta en marcha de la producción de estos temidos centinelas.

Con Singer encabezando el proyecto, era de esperar que ambas sagas tuviesen algunos puntos en común. Lo complicado era como conseguirlo y, por suerte para los seguidores de los mutantes, lo han realizado de una forma bastante efectiva. El guión de Simon Kingerg y la historia de Jane Goldman tienen la virtud de ir encajando a personajes de dos épocas totalmente distintas, con el único nexo en común que es el personaje de Lobezno al que, una vez más, vuelve a dar vida el polifacético Hugh Jackman.

Si observamos su interpretación, vemos como el actor australiano mantiene el mismo nivel al que nos tiene acostumbrados. Eso si, observamos una clara evolución en la personalidad del rol al que da vida, sobre todo comparándolo con las primeras entregas.

Pero Jackman no es el único que repite, ya que Singer y su equipo de casting ha conseguido reunir la mayoría de los repartos principales de ambas sagas. De esta forma conseguimos ver en un mismo metraje grandes intérpretes de tiempos pasados como pueden ser Ian Mckellen o Patrick Stewart, con otros que llevan varias décadas al alza como Halle Berry o el propio Jackman, con actores de nueva horneada como es el caso del Michael Fassbender, Jennifer Lawrence o Ellen Page.

En el caso de los actores más veteranos, era improbable que no cumpliesen, manteniendo el carisma que imprimieron a sus personajes en las primeras películas estrenadas hace ya algunos años. Algo que también ocurre con los X-Men mas clásicos, que son bastante efectivos para lo que el guión requiere de ellos.

Si tenemos que destacar, de forma positiva a algun miembro del reparto, es el de Michael Fassbender. Este intérprete alemán consigue dejar desconcertado al espectador en todo momento, gracias en parte a la "bipolaridad" de su personaje. Como ya hiciese en Primera Generación, consigue dotar a su rol de una personalidad que roba gran parte del interés del film.

James McAvoy tampoco se queda corto, regalándonos una visión del profesor Xavier a la que no estamos acostumbrados. Un personaje falto de toda fe y casi acabado, que el actor escocés pone en escena de forma sobresaliente.

Como toda buena película del género, el aspecto artístico si no se asienta sobre unos buenos efectos especiales y una imagen que potencie la acción, sirve de poco  o nada. En esta ocasión el encargado de fotografía es, como ocurriese en otras producciones de Singer, Newton Thomas Sigel. El cineasta combina los cambios de tonalidades en las dos épocas donde se desarrolla la acción, mostrándonos un presente sombrío vagamente iluminado por los poderes de algunos de los mutantes, con unos años 70 mucho mas coloridos y esperanzadores.

Todo esto acompañado por la sinfonía de John Ottman, otro de los habituales de Singer. Como ya hiciese en las primeras entregas de estos asombrosos mutantes, en las que también se encargó de ponerle música, vuelve a recurrir a la fórmula de combinar acordes de mucha tensión que se ajustan, como un reloj suizo, a las espectaculares escenas de acción. Una buena composición musical que no desentona con el signo general de la obra.

X-Men Días del Futuro Pasado es, a pesar de las críticas por no ajustarse de forma fidedigna al cómic del que procede, la excusa perfecta para volver a disfrutar de una buena película de acción ambientada en viñetas. Una superproducción llevada a buen ritmo, que no se hace pesada, y con gran cantidad de momentos vibrantes repletos de adrenalina. Un blockbuster veraniego que merece la pena ser disfrutado en una gran pantalla.

martes, 24 de junio de 2014

Crítica de Al filo del Mañana


¿Qué ocurriría si agitásemos en una cocktelera dos films tan dispares como Atrapado en el Tiempo y Starship Troopers? En un principio si nos cuentan que puede salir algo coherente, la reacción mínima que podemos tener es soltar una carcajada.

Al filo del Mañana es el claro ejemplo que no siempre lo ilógico tiene que ser un desastre. Esta obra, guionizada por Christopher McQuarrie, que ya coincidió con Cruise en Valkiria y Jack Reacher, nos traslada hasta un futuro no demasiado alejado en el tiempo. En él, la Tierra está siendo atacada por una raza extraterrestre a la que únicamente se le puede contener, de forma no muy efectiva, con la ayuda de exoesqueletos de combate. Un moderno sistema de defensa que ha conseguido llevar a los ejércitos unidos a su primera victoria. Un heroico hecho que será la antesala de la gran batalla que ha de librarse en tierras francesas.

Con esta premisa comienza la película dirigida por Doug Liman, un director que poco a poco se va encasillando dentro del género de acción, en el que se mueve como pez en el agua. La historia, que en sus comienzos parece ser la típica de villano convertido en héroe, nos sorprende desde los momentos iniciales con una serie de situaciones que parecen escaparse de toda lógica. Cage, que es el personaje al que da vida Tom Cruise, se ve envuelto en un bucle temporal del que parece no poder escapar.

El actor neoyorkino desde que protagonizase Minority Report, a las órdenes de Spielberg, parece haberle cogido gusto al género de la Ciencia Ficción. Tras la poco reconocida Oblivion, se enfunda en un exoesqueleto para meterse en el rol principal de un personaje que parece sacado de un videojuego al estilo Gears of War. Como suele ser habitual en el intérprete, desarrolla su cometido de forma sobresaliente, ofreciendo lo que la historia requiere, sin caer en excesos.

Junto a él encontramos a la atractiva Emily Blunt. Rita, como se llama su personaje, en una primera impresión nos puede parecer muy poco femenino, cubriéndose de una coraza muy propia de la teniente O´Neil. La actriz realiza su trabajo con suficiencia, no siendo un papel memorable pero que funciona a lo largo de las casi dos horas de metraje.

Bill Paxton es el tercero en discordia de los nombre de caché del film. Enfundado en los galones del Sargento Farell será la primera piedra en el camino de Cage. Tampoco podemos decir mucho de una interpretación demasiado escueta para un actor de su talla.

Dejando de lado las interpretaciones lo realmente atractivo de la obra, además de su guión, es lo espectacular de sus imágenes. Una fotografía a cargo de Dion Beebe, ganador de un Oscar por Memorias de una Geisha, que destaca por usar tonos muy fríos, muy acorde con el distopico futuro que se avecina. La escena del desembarco, llena de caos y desconcierto, es de los mejores momentos de la película... sobre todo la primera vez que la vemos.

Todo esto acompañado por las partituras de Christopher Beck, un compositor con un amplio número de obras a sus espaldas, con una carrera muy prolífica en el género de la comedia. En esta ocasión sus melodías se ensamblan perfectamente a la acción, con movimientos a los que no le faltan fuerza cuando la situación lo requiere.

Al filo del Mañana es producto de un refrito de distintos elementos del género de la ciencias ficción. Solo hay que ver el diseño de los invasores, que tienen una clara inspiración de los centinelas de Matrix. Pero, por suerte para los amantes del género, tiene la virtud de haber conseguido mezclar todo ello de forma efectiva y original. Una película que destaca por ofrecernos algo distinto a lo que es tipo de obras nos muestra en los últimos tiempos, siendo un soplo de aire fresco para un espectador cada vez más difícil de sorprender.

viernes, 6 de junio de 2014

Crítica de Maléfica


Rara es la persona que no conoce el clásico cuento de La Bella Durmiente, una historia tradicional infantil que Disney se encargó de inmortalizar en una obra de animación del mismo título. La película, estrenada en 1959, se convirtió en todo un símbolo de los estudios fundados por Walt Disney, haciendo del castillo de la Princesa Aurora en todo un símbolo.

Tras innumerables readaptaciones de todas clases, 55 años mas tarde llega a nuestras pantallas una nueva visión, de este clásico, bajo el nombre de Malefica. Una producción que, a diferencia de la original, la historia que narra no coincide exactamente con lo que hasta ahora nos habían contado.

El guión, obra de Linda Woolverton y Charles Perrault, nos traslada hasta el reino de las hadas, donde una joven y alada Malefica protege a las asombrosas criaturas del pantano de los intentos de conquista de los hombres. Su belleza y dulzura provocan que un joven, llamado Stefan, despierte un sentimiento hasta entonces desconocido para ella. Pero las ansias de poder terminan por corromper al joven noble, traicionando la promesa de amor verdadero y despertando los instintos mas perversos de la joven hada.

Robert Stromberg, que debuta en esta superproducción como director, nos deja clara, desde las primeras tomas, su experiencia al frente de los equipos de efectos visuales. El colorido y la espectacularidad abruman al espectador en cada fotograma, con una serie de secuencias preciosistas y realmente espectaculares. Y es que este novato cineasta, consigue en los primeros minutos del film, envolver al espectador en un mundo de fantasía gracias a la potente y policromática fotografía de Deam Semler. Paisajes de ensueño, llenos de vida que se van volviendo oscuros y tenebrosos, al mismo tiempo que lo hace Malefica.

Personaje al que da vida una extraordinaria Angelina Jolie. Su caracterización es muy buena, clavando el papel de una de las villanas mas conocidas del universo Disney. A nadie sorprende ya esta actriz, tanto por sus evidentes encantos como por la fuerza que imprime a sus personajes. En esta ocasión no iba a ser menos, pudiendo afirmar que su rol y su buen hacer es lo que más destaca en el aspecto interpretativo del film.

Elle Fanning es la otra actriz que, en un principio, comparte protagonismo con el personaje de Maléfica. La joven actriz, a la que pudimos ver bajo las órdenes de JJ Abrams en Super 8, da vida a Aurora, la princesa que deberá vivir con la maldición lanzada por la "bruja" durante sus primeros 16 años de vida. Si bien esta joven georgiana no hace desentonar mucho a su personaje, tampoco podemos afirmar que realiza el papel de su vida. Es un poco decepcionante comprobar como un rol que podría haber dado mucho mas juego, se queda en un mero e hierático personaje que no consigue enlazar totalmente con el espectador.

Pero como podemos comprobar con Brenton Thwaites en su papel de Príncipe Philips, el director ha dado una mayor prioridad a los aspectos técnicos en detrimento de los artísticos. Desde que aparece el joven actor en pantalla, transmite una alarmante falta de carisma, siendo este aspecto todo un lastre en cada una de sus escasas apariciones.

El otro rol que se salva, en parte, de la quema, es el que adquiere el actor Sam Riley. Su papel de fiel sirviente de maléfica protagoniza los momentos más amenos y entrañables de la obra. Un acierto para un personaje que en un principio no debía tener la importancia que va adquiriendo a medida que se desarrolla la historia.

El contrapunto lo encontramos en las tres hadas "buenas" a las que dan vida Lesley Manville, Imelda Stauton y Juno Temple respectivamente. Si bien el guión intenta mostrarnos unos caracteres divertidos y atractivos, consiguen el efecto contrario debido a lo exagerado y absurdo de las situaciones a las que exponen a estas tres hadas. Si en la obra original tenían mucho peso dentro de la historia, aquí dejan de tener el mas mínimo protagonismo y, lo que es peor, ningún tipo de interés.

Por último resaltar la aportación de Sharlto Copley dando vida al rey Stefan. Si bien podemos asegurar que su caracterización es bastante notable, en muchas ocasiones cae víctima de los propios excesos de su personaje, abusando excesivamente de la sobreactuación.

Si bien el aspecto interpretativo no puede resultar del agrado de todo el mundo, donde si estaremos de acuerdo es en valorar, muy positivamente, la magnífica banda sonora compuesta por James Newton Howart. Este genio de las partituras nos deleita con una composición musical llena de fuerza, que te mete de lleno en el fantástico mundo de Maléfica. Acordes que combinan momentos de mucha tensión con otros más melódicos entre los que podemos apreciar, agudizando el oído, algunas de las notas compuestas para la obra del 59.

Podemos resumir diciendo que Maléfica supone un viaje atrás en el tiempo, cuando veíamos las obras clásicas de fantasía, dejándonos atrapar por su magia sin buscar algo mas profundo. Es cierto que el guión no es todo lo redondo que podría haber sido, ni las interpretaciones son dignas de ganar ningún festival, pero tanto la puesta en escena  como la fuerza de su fotografía consiguen robar tu atención desde los primeros minutos del film. Una hora y media para volver a sentirte un niño y disfrutar de una superproducción que nos sorprenderá por ese giro de tuerca que le dan a una historia que, hasta ahora, no parecía que fuera a sorprendernos.
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