Ya está disponible en ivoox el último programa de la tercera temporada del podcast de Hello Friki. A lo largo de dos horas haremos un repaso de la temporada, de lo que ha supuesto este verano en temas de cine y comics, además de dar algunas sugerencias.
viernes, 6 de septiembre de 2013
Final de temporada de Hello Friki Podcast
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miércoles, 4 de septiembre de 2013
Crítica de Alguien voló sobre el Nido del Cuco
Si hay una obra que ha servido como referencia a las numerosas producciones basadas en centros psiquiátricos, es sin duda esta que en 1975 estrenase Milos Forman. Galardonada con los cinco principales premios de la Academia, el guión de Lawrence Hauben y Bo Goldman es una adaptación de una novela, de mismo nombre, escrita por un antiguo sanitario de un hospital de veteranos de guerra, llamado Ken Kesey.
La novela y posterior adaptación cinematográfica, comienza con la entrada en un psiquiátrico de McMurphy, un violador cuyo comportamiento difiere totalmente de lo políticamente correcto. Este personaje es interpretado magistralmente por Jack Nicholson, en un rol que ha seguido desarrollando en trabajos posteriores y que parece haber sido hecho a su medida. Convierte al desorden y al caos en la tarjeta de presentación del protagonista principal del film, haciendo de cada secuencia un desafío a la lógica, culminando en las continuas provocaciones hacia la detestada enfermera Ratched.
La sanitaria, cuyo papel encumbró a la actriz Louis Fletcher, es lo mas parecido al alcaide de una prisión. Sus malas artes con los pacientes, y sus continuos desafíos con estos, hacen que poco a poco vaya cogiéndole animadversión hacia su personaje, convirtiendo a McMurphy en el "héroe" que desafiará la tiranía de la enfermera.
Y es que el personaje interpretado por Nicholson pronto se convierte en el centro de las iras del personal sanitario del centro, ya que combina una personalidad indomable y provocativa con un extraño carisma que le hace ganarse la simpatía de muchos de sus compañeros. Pacientes que son interpretado por un gran elenco de actores que consiguen mostrar, de una forma totalmente creíble, muchos de los distintos trastornos psicológicos que podemos encontrar en este tipo de psiquiátricos.
Un joven Danny De Vitto o Christopher Lloyd, al que todos reconoceran por Regreso al futuro, son algunos de los rostros que podemos encontrar en el reparto, dejándonos grandes y desternillantes momentos. Además, para meterse más en situación, el film se rodó en un auténtico hospital psiquiátrico de Oregón. Esta mezcla con enfermos reales le dio un plus de credibilidad a la obra y potenció el desorden de muchas de las escenas.
Jack Nitzche le pone música a esta película que se desarrolla, casi en toda su totalidad, en el interior del recinto hospitalario. Su partitura desprende ese halo de locura y caos que tienen encerrada en su cabeza los pacientes el lugar. Movimientos que alternan intervalos cómicos con otros más dramáticos y tensos que acompañan las provocaciones de la desafiante enfermera Ratched.
Es en la última parte del film donde encontramos la mayor carga dramática de la obra, con un final totalmente inesperado y realmente duro. Un desenlace que ha sido copiado en posteriores producciones, y que suponía un grandioso remate a la segunda película de la historia en hacerse con los cinco grandes.
Y todo ello a pesar de que gran parte del tiempo de rodaje y producción, tanto Jack Nicholson como Milos Forman, el director, llegaran a tal punto de desavenencias que rompieron toda comunicación verbal, después de pararse el rodaje durante dos semanas. De ahí al estreno del film en las salas cinematográficas, la comunicación entre ambos fue nula, debiendo echar mano del resto del equipo de producción para comunicarse con el excéntrico actor neoyorkino.
Este film, que recibe su nombre de una canción que uno de los enfermeros cantaba en la novela de Kesey, se coló por méritos propios entre las más valoradas de la historia. Con un reparto excepcional, un argumento muy bien desarrollado y unas interpretaciones sobresalientes, es todo un referente del género y una obra que debe ser vista por cualquier aficionado al buen cine.
Crítica de Cashback
Muy de vez en cuando nos encontramos con algunas producciones, de no muy elevado presupuesto, que se convierten en gratas sorpresas para los aficionados a esto del séptimo arte. Uno de estos casos, cada vez menos usuales, es el de Cashback, un film escrito y dirigido por un casi desconocido Sean Ellis.
Esta película nació a raíz de un corto que, en el año 2004, fue nominado a los Oscars en su categoría. Aprovechando que había tenido un éxito moderado, el director británico optó por aumentar su duración y convertirlo en un largometraje de hora y media, haciendo uso del mismo equipo de actores.
La historia nos narra el sentido que toma la vida de Ben Willis tras romper con su novia. A partir de aquí, este joven estudiante de bellas artes, comenzara a padecer un insomnio crónico que le llevará combinar sus estudios durante el día con un trabajo como limpiador de un supermercado de horario nocturno. De esta forma, logrará mantener ocupadas sus, hasta ahora, desaprovechadas horas de sueño, en un intento por olvidar su ruptura amorosa.
Podemos considerar este el punto de partida a partir del cual, el film nos muestra una comedia que se separa bastante de los patrones de la clásica comedia inglesa. Pero, lejos de lo que cabría esperar, sorprende por su frescura y por el estilo con el que están rodadas muchas de sus escenas. Y es que el film tiene una estética mas propia de un videoclip que de una película convencional. Sobre todo, en las escenas en las que el joven protagonista avanza a través de un mundo totalmente inmóvil. Un efecto bastante llamativo, que se repite en no pocas ocasiones, pero que en todas ellas consigue llamar la atención.
El gran trabajo del equipo de efectos visuales y del director de fotografía, Angus Hudson, sirve para, por un lado, poner en duda al espectador hasta el final de la obra y, por otro, una forma bastante curiosa e intuitiva de plasmar en la pantalla algunos de los efectos que conlleva esa alteración denominada insomnio. Todo ello combinado con muchas líneas de voz en off que expresan, en cada momento, el sentir del protagonista.
Y todo ello a base de humor y situaciones bastante absurdas, como las que llevan a cabo los compañeros del supermercado de Ben. Tanto Michael Dixon como Michael Lamborne están sobresalientes en sus roles. Ellos son los culpables de la mayoría de las escenas cómicas, gracias a su espontaneidad y gesticulaciones exageradas.
El papel principal lo interpreta Sean Biggerstaff, al que vimos como componente del equipo de quidicht en la segunda y tercera entrega de la famosa saga Harry Potter. A pesar de no hacerlo mal del todo, a su interpretación le falta un poco más de fuerza. Si bien su personaje se encuentra bajo los efectos del insomnio, no por ello debe dejar de lado toda expresividad facial y actual como si estuviese flotando sobre una nube. Este es quizás uno de los aspectos más flojos de la obra.
Junto a él encontramos a la actriz Emilia Fox, que nos sonará de algunas series televisivas. Esta londinense se convertirá en la musa del personaje de Sean, y será otro de los pilares sobre los que se asienta la película. Cumple con suficiencia su rol, pero tampoco podemos decir que haga alardes de unas excesivas condiciones interpretativas.
Otro de los puntos a destacar lo encontramos en las partituras que le dan melodía a la película. Guy Farley, que lo más destacado que tiene es la banda sonora de El Caso Wells, consigue combinar magníficamente varios estilos musicales. Temas modernos y actuales son mezclados con otros más típicos del cine épico y de aventuras, que asombrosamente se ajustan a muchos de los momentos del film. Podemos ver una clara inspiración en compositores como Hans Zimmer o Klaus Badelt en piezas muy apabullantes, y que no te esperas en este tipo de comedias.
Como podemos comprobar, la película se sustenta sobre actores prácticamente desconocidos, lo que añade un mayor mérito al resultado obtenido. Y es que trabajar con bajos presupuestos tiene este tipo de inconvenientes, pero en esta ocasión consigue convertirlo en una virtud a base de una buena premisa, momentos hilarantes y una serie de situaciones capaces de hacer dudar al espectador de lo que está viendo.
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domingo, 1 de septiembre de 2013
Crítica de El Número 23
Es cada vez más habitual ver a Jim Carrey en papeles serios, alejados de aquellos que le hicieron famoso en sus orígenes. Atrás quedaron esos años donde robaba carcajadas metidos en la piel de Ace Ventura o La Máscara.
En esta ocasión el actor canadiense se mete en la piel de Walter Sparrow, un bromista trabajador de la perrera municipal que sufrirá, el día de su cumpleaños, la mordida de un canino cuando intentaba reducirlo. Este hecho provocará que llegase tarde a recoger a su esposa que, para hacer tiempo, se mete en una librería. Allí le comprará a Walter un extraño y único ejemplar llamado: El número 23.
El manuscrito absorberá totalmente a nuestro protagonista, convirtiendo al vigesimotercero en toda una obsesión. No hay aspecto de su vida, tanto pasada como presente, que no tenga relación con estos dos dígitos, y las casualidades lo son cada vez menos para Sparrow.
Este es el punto de partida del guión escrito por Fernley Philips, que tiene la virtud de enganchar al espectador desde los primeros momentos, culminando en un giro final, tan inesperado como sorprendente. Una historia donde se nos muestra como una persona puede llegar a obsesionarse, casi destructivamente, buscando coincidencias en todos los aspectos de su vida.
La película cuenta además, con la ayuda de ser muy visual, sobre todo en las partes donde se nos narran las líneas del libro que va leyendo el personaje interpretado por Carrey. En estos episodios comienza siendo todo muy colorido, para ir, poco a poco, tornándose en tonalidades más frías, en una proporción directa al grado de obsesión de Fingerling, el autor y protagonista del escrito.
Para plasmar todo esto en la pantalla se contó con un director especialista en el género del suspense, como es Joel Shumacher. Este neoyorkino, que cuenta en su filmografía con reconocidas obras como Un día de Furia o Última Llamada, sabe sacar la esencia fundamental del guión y mostrárnosla en la gran pantalla a base de cambios constantes de ritmos. Consigue combinar perfectamente la tensión generada por el personaje protagonista del libro, y el grado de obsesión que va adquiriendo Walter Sparrow a medida que va enlazando fechas y letras con el número que da título a la película.
Un Walter Sparrow al que da vida un notable Jim Carrey. A medida que se va desarrollando el guión, el rol que adquiere el actor se hace cada vez más creíble, mostrándonos perfectamente como va cambiando su personalidad a medida que va creciendo ese trastorno obsesivo.
Junto a él, encontramos a Virginia Madsen, que da vida a Agatha Sparrow, la esposa del personaje principal de la obra. La actriz cumple perfectamente con su cometido, representando la parte sensata del film y uno de los roles fundamentales para dar ese giro final con el que sorprende la historia.
El trío de papeles principales lo completa Danny Huston, que a pesar de tener una intervención totalmente secundaria, elabora su cometido con suficiencia. Y es que la historia prácticamente se cuenta con estos tres personajes más, las intermitentes apariciones, de Logan Lerman que interpreta al hijo de Walter y Agatha.
Un film de este tipo requiere una música acorde a la tensión que se va generando, y nadie mejor que Harry Gregson-Williams para llevarla a cabo. Sus partituras, algo alejadas del preciosismo sonoro, se ensamblan perfectamente con el comportamiento obsesivo del protagonista, convirtiéndose en otro de los puntos a destacar del film.
El número 23 es una de esas obras que consigue sorprender, agradablemente, a aquellos que se esperan poco o nada de un thriller protagonizado por Jim Carrey. Si juntamos una atractiva premisa y una resolución totalmente inesperada, nos encontramos con una película muy interesante, entretenida y que es un buen ejemplo de, como un simple número puede llegar a convertir, a una persona aparentemente normal, en un auténtico neurótico.
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lunes, 19 de agosto de 2013
Crítica de Copycat
Durante la década de los noventa, fue el género del thiller uno de los mas prolíficos al otro lado del charco. Muchas eran la obras que, o bien adaptadas de novelas o con guiones propios aparecían semana tras semana en las salas cinematográficas de todo el mundo.
Una de estas producciones era Copycat que contaba como principal aliciente, de cara a generar taquilla, la aparición de Sigrney Weaver en uno de los papeles principales del film. La actriz nacida en Nueva York, da vida a Helen Hudson, una prestigiosa criminóloga que sufrirá un traumático encuentro con un desquiciado psicópata. Este desafortunado hecho provocará que Helen comience a sufrir potentes episodios de agorafobia, llegando al punto de impedirle salir de casa.
Pero su prestigio en el campo criminal evita que pueda retirarse de su vinculación con los asesinatos, y su ayuda es solicitada por la policía para esclarecer una serie de asesinatos, sin aparente conexión alguna, que intenta imitar la forma de actuar de los psicópatas más importantes que ha dado el país.
Con esta premisa se no presenta Copycat, un thriller que sigue los cánones del género y que basa su potencial en la mezcla del papel interpretado por Sigorney Weaver y el interés que va ganando, poco a poco, las cada vez más desconcertantes atrocidades que va cometiendo el criminal de turno.
El guión de Ann Bierdman y David Madsen nos muestra dos tipos de trastornos distintos. Por un lado tenemos ese temor a los espacios o lugares abiertos. La personaje interpretada por Sigorney Weaver adquiere la denominada agorofobia a raíz de un encuentro con un desequilibrado, que está a punto de acabar con su vida. Este tipo de problema es el conocido como psicopatía, que se caracteriza por ser un trastorno antisocial de la personalidad.
A lo largo de la película, tanto agorofobia como psicopatía van cruzando sus caminos hasta que confluyen en un trepidante final, punto culmen de la obra. Y es que, a lo largo de las dos horas que tiene de duración el film, Jon Amiel que es el encargado de dirigir la cinta, sabe jugar con los tiempos de la acción, no cayendo en errores de otras producciones del mismo tipo. Y es que consigue sacar partido tanto al personaje de Helen como el de sus compañeros de reparto, sobre todo al de Harry Connick Jr. que representa, perfectamente, las tendencias psicópatas de Daryll Lee Cullum.
El otro papel de relevancia femenino es para una jovencísima Holly Hunter. Esta actriz, que se dio a conocer con El Piano, da vida a la agente de policía Monahan, encargada de investigar los extraños asesinatos que están teniendo lugar. Su aportación podemos calificarla de efectiva, pero dista bastante de los nombres mencionados anteriormente. Bien es cierto que su personaje tiene gran relevancia en el desenlace de la trama, pero por en medio la intentan meter en un triángulo amoroso que era totalmente innecesario.
William McNamara o Will Patton son otras de las caras reconocidas que completan el casting de la película. Diremos que sus actuaciones sirven para ir desarrollando el guión, pero sin alardes dramáticos ni actuaciones que merezcan ser recordadas.
Y es que, los puntos fuertes del film lo encontramos tanto en la historia como en la actuación de Sigorney Weaver, que consigue encajar perfectamente su personaje con lo exigido por el guión. Por contra, lo mas flojo lo encontramos en la partitura compuesta por Christopher Young, ya que en momentos, dista de tener la fuerza suficiente que acompañe a la trama.
Podemos concluir que Copycat es una de esas obras capaz de introducir algunos trastornos de la personalidad sin caer en típicos convencionalismos ni melodramas propios de la sobremesa. Un película bien realizada, con un buen ritmo, que no se hace pesada y con algún que otro hecho totalmente inesperado.
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Crítica de Oblivion
Con estas premisas se estrenaba en las salas de todo el mundo un film que, bajo el nombre de Oblivion, seguiría con esa manía que les ha dado a los guionistas de convertir nuestro planeta en un lugar inhabitable, en un futuro no demasiado lejano. El detonante de este infortunio fue el ataque de los scavengers, una raza alienígena que vienen a nuestro planeta para intentar extraer todos sus recursos. Una defensa basada en armas nucleares consiguió acabar con esta amenaza, pero las elevadas radiaciones provocaron un éxodo de los terrícolas hacia una zona situada en el espacio exterior.
La vida en el planeta se redujo a algunos scavengers supervivientes y los técnicos que, periódicamente, bajan para realizar labores de mantenimiento de los droides que protegen las avanzadas máquinas de extracción de agua. Una labor peligrosa que realiza cada mañana Jack Harper, un ingeniero de drones que, como todos los humanos, ha sido sometido a un proceso de borrado de memoria.
Este es el punto de partida de Oblivion, una película que consigue conectar con el espectador desde las primeras escenas. Y es que visualmente el film es todo un espectáculo. La fotografía de Claudio Miranda, que recordaremos por su extraordinario trabajo en La Vida de Pi, juega muy bien con el contraste. Por un lado tenemos los vivos colores de los exteriores del extinto planeta tierra, y por otro la frialdad del extraño apartamento donde conviven los personajes de Tom y Andrea. Y es que este lugar tan minimalista y falto de calidez se puede comprender como un símil con la relación que une a estos dos personajes.
El papel principal lo interpreta Tom Cruise, uno de los actores más cotizados de Hollywood que pega muy bien con este tipo de superproducciones. A diferencia de otras obras de su filmografía, durante gran parte del metraje pasa largos periodos en soledad, bien realizando trabajos de reparación o intentando sobrevivir a los ataques de los scavengers. El neoyorquino cumple a la perfección con lo que el guión exige, dándonos a entender que se encuentra muy cómodo en estos roles y demostrando, una vez más, que a pesar de los años sigue estando en forma.
Junto a él encontramos un binomio de féminas que no llegan a rayar a la altura del protagonista de la saga Mission Impossible. Tanto Olga Kurylenko como Andrea Riseborough denotan una falta de expresividad alarmante en el film. Si el personaje de Cruise es pura adrenalina, a sus compañeras de reparto parece que la cosa no va con ellas. Sus interpretaciones no despiernan ningún tipo de sensaciones en el espectador, llegando un momento que realmente no te interesa lo que va a ocurrir con ellas.
El otro gran nombre que encontramos en el reparto es el del veterano Morgan Freeman, un actor que raramente lo hace mas y que en este caso, tiene un rol demasiado secundario. Apenas podemos verlo tres veces a lo largo de los 120 minutos que dura el film, pero su aportación es fundamental para el desenlace de la obra y, lo que es mas importante, para enlazar los múltiples detalles que te pueden llevar a perder cierto sentido al hilo argumental.
Y es que lo interesante del film, lejos de los efectos tanto visuales como sonoros, es que sabe darle un giro de vuelta a la historia sin que, desde un principio, nos vayamos a imaginar que la historia con la que comienza la obra gire sobre si misma. Son muchos los enigmas que se van abriendo a mitad de film, pero por suerte casi todos se van cerrando. Y decimos casi todos porque el final puede llevarnos a realizar un pequeño ejercicio de razonamiento, muy adecuado cuando se comparte el film con algunos amigos.
Ambientada por las efectivas partituras de Anthony Gonzalez y Joseph Trapanese, el film tiene todo lo que se le puede pedir a una superproducción del género. Su director, Joseph Kosinski al que conocimos en Tron Legacy. sabe sacarle partido a un actor como Tom Cruise. Su trabajo tras las cámaras es más que notable, y ha sabido plasmar el complicado guión de Karl Gajdusek y Michael Ardnt. Este segundo nos sonará por ser uno de los guionistas mas creativos de PIXAR y escribir historias tan granes como la de Toy Story 3 o Brave, la última ganadora de los premios de la Academia en el apartado de animación.
En una época donde nos están bombardeando numerosos films basados en un futuro postapocalíptico, podemos asegurar que Oblivion es de los mas interesantes. Si eres de aquellos que se interesan únicamente por la acción, explosiones y batallas interestelares, esta no es tu mejor elección. Pero si buscas una historia bien contada, con giros de tuerca inesperados y unos buenos diseños de producción, prepara un buen bol de palomitas y ponte cómodo en tu sofá.
El otro gran nombre que encontramos en el reparto es el del veterano Morgan Freeman, un actor que raramente lo hace mas y que en este caso, tiene un rol demasiado secundario. Apenas podemos verlo tres veces a lo largo de los 120 minutos que dura el film, pero su aportación es fundamental para el desenlace de la obra y, lo que es mas importante, para enlazar los múltiples detalles que te pueden llevar a perder cierto sentido al hilo argumental.
Y es que lo interesante del film, lejos de los efectos tanto visuales como sonoros, es que sabe darle un giro de vuelta a la historia sin que, desde un principio, nos vayamos a imaginar que la historia con la que comienza la obra gire sobre si misma. Son muchos los enigmas que se van abriendo a mitad de film, pero por suerte casi todos se van cerrando. Y decimos casi todos porque el final puede llevarnos a realizar un pequeño ejercicio de razonamiento, muy adecuado cuando se comparte el film con algunos amigos.
Ambientada por las efectivas partituras de Anthony Gonzalez y Joseph Trapanese, el film tiene todo lo que se le puede pedir a una superproducción del género. Su director, Joseph Kosinski al que conocimos en Tron Legacy. sabe sacarle partido a un actor como Tom Cruise. Su trabajo tras las cámaras es más que notable, y ha sabido plasmar el complicado guión de Karl Gajdusek y Michael Ardnt. Este segundo nos sonará por ser uno de los guionistas mas creativos de PIXAR y escribir historias tan granes como la de Toy Story 3 o Brave, la última ganadora de los premios de la Academia en el apartado de animación.
En una época donde nos están bombardeando numerosos films basados en un futuro postapocalíptico, podemos asegurar que Oblivion es de los mas interesantes. Si eres de aquellos que se interesan únicamente por la acción, explosiones y batallas interestelares, esta no es tu mejor elección. Pero si buscas una historia bien contada, con giros de tuerca inesperados y unos buenos diseños de producción, prepara un buen bol de palomitas y ponte cómodo en tu sofá.
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jueves, 15 de agosto de 2013
Crítica de Guerra Mundial Z (World War Z)
Si hay una temática que tiene todos los boletos para convertirse en un género en si misma, es la de los zombies. No pasa semana donde no se estrene o rumoree algún proyecto que tenga como protagonistas a estos muertos vivientes tan de moda.
Así entre series, videojuegos y comics nos llega esta adaptación cinematográfica de la novela de mismo nombre, escrita por Max Brooks. En ella se nos relata como se va extendiendo, de forma dantesca, una extraña enfermedad que hace que los seres humanos se coman unos a otros. La epidemia crece a un ritmo vertiginoso mientras, aquellos que aún no han sido infectados, luchan por no ser mordidos y hacerse con provisiones y armas. Uno de estos supervivientes es Gerry Line, un especialista en misiones de alto riesgo, ya retirado, que deberá buscar una solución para este mal que está acabando con la humanidad.
Con esta premisa, el director neoyorquino Marc Foster se ayuda del guión de Matthew Michael Carnahan para poner ante nuestros ojos una muy buena adaptación del escrito original. El realizador, que venía precedido de una buena tarjeta de presentación, con obras como Quantum of Solance o Descubriendo Nunca Jamás, consigue plasmar en la gran pantalla la tensión y la brutalidad de estos seres, que nada tiene que ver con los estereotipos clásicos de las obras de George A. Romero. Aquí los zombis, lejos de ser criaturas lentas y torpes, son auténticos perros de presa capaces de competir con el mismísimo Usain Bolt por obtener un trozo de carne.
Ben Serensin, que es el encargado de fotografiar el caos en el que vive el planeta, nos muestra un espectáculo siniestro, con unas imágenes muy potentes y llenas de impacto, sobre todo en las escenas exteriores donde la pantalla se llena de desconcierto y destrucción. Como muestra, el brutal castelier a las puestas de Jeruslen y el posterior asalto de las hordas zombies por el interior de la ciudad santa.
Tensión y entropía visual que se ve amplificada por la magnífica partitura de Marco Beltrami. El compositor, que solo en 2013 ha puesto música a más de ocho producciones entre las que encontramos títulos de éxito, como Lobezno Inmortal o la última entrega de La Jungla, consigue con sus acordes añadir un plus de adrenalina a las escenas de mayor tensión del film.Y es que si en algo destaca esta película es que sabe mantener el ritmo y el interés durante las casi dos horas de metraje que posee.
Pero no solo de impacto y escenas de sobresalto vive Worl War Z, sino que tiene un reparto que hace que te metas de lleno en la trama. Encabezando este, nos encontramos con uno de los actores mas cotizados del otro lado del charco, como es Brad Pitt. Casi todo el peso de la obra recae sobre su rol, cosa que salva de manera soberbia en uno de esos papeles que ya nos tiene acostumbrados a hacer. Y es que a pesar de que la edad se le va notando, sigue siendo uno de los rostros que mejor encajan en este tipo de personajes.
Junto a el destaca una desconocida Daniella Kertesz, que en su papel de la soldado Segen, realiza un notable trabajo que no se ve eclipsado, en ningún momento, por la popularidad de su compañero de reparto. Mireille Enos, Matthew Fox o Fana Mokoena son otros nombres que forman parte del cast del film, y que no destacan ni postiva ni negativamente, por lo que podemos concluir que realizan una más que suficiente aportación a la obra.
Guerra Mundial Z no supone un giro de turca en el género, pero consigue despertar en el espectador cierta sensación de angustia y desasosiego ante la situación que viven los protagonistas. Si bien podemos buscarle algunos errores, como la falta de explicación del porqué de la epidemia, también es cierto que tal y como está desarrollado el guión no es algo que debamos conocer necesariamente. Lo que si es cierto es que con este film vamos a pasar dos horas muy intensas, con algún que otro sobresalto y con la sensación de estar viendo un gran espectáculo, sin caer en excesos visuales ni una violencia desmesurada.
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