martes, 15 de abril de 2014

Crítica de 300: El Origen de un Imperio


El estreno de 300 en las salas cinematográficas supuso, en verano de 2006, un nuevo giro de tuerca al arte conceptual del celuloide. Zack Snyder, director de la obra, supo plasmar la fuerza de las viñetas de Frank Miller a base de innovar en la imagen. La nitidez a la que estamos acostumbrados se dejó de lado, impregnando los fotogramas de un exceso de grano y zonas difuminadas que te metían de lleno en un mundo de viñetas animadas.

Ocho años mas tarde, nos llega la segunda entrega de la exitosa y aclamada obra. Para empezar diremos que no se trata de una secuela en si misma, y tampoco de una precuela, sino más bien el guión nos narra una historia paralela al épico hecho acontecido en las Termópilas.

El guión, obra del propio Zack Snyder en colaboración con Kurt Johnstad, que ya trabajaron juntos en la primera obra, nos traslada desde el frente espartano hasta la potente flota naval ateniense. Mientras el rey Leonidas y sus trescientos hombres, intentaban frenar el avance de Xerxes y sus invencibles tropas, el capitán Themistocles tiene la complicada misión de impedir la llegada de los persas a las costas griegas.

Era inevitable una "secuela" de una obra que se ganó tantos adeptos y que supuso el encumbramiento del sistema slow motion, que posteriormente ha sido copiado en diversas obras cinematográficas y series de éxito como Spartacus. En esta segunda entrega tanto la estética, la fotografía de Simon Duggan y este formato de captura, es herencia directa de su predecesora, innovando poco o nada en este campo. La única diferencia notable con la que nos encontramos es que, siguiendo la tendencia cinematográfica actual, muchas de las copias distribuidas han sido adaptadas al sistema 3D. Pero no nos engañemos, no estamos ante un Gravity o Avatar, por lo que el nivel obtenido con la tercera dimensión es bastante mediocre, no suponiendo ese plus de espectacularidad que cabría esperar.

Un casi desconocido Noam Murro, que prácticamente debuta en el gran formato con este film, coge el testigo de Snyder al frente de la dirección de la obra. Su trabajo se ve enormemente influenciado por el cineasta estadounidense, utilizando tanto las técnicas como el virtuosismo visual experimentado en la primera entrega. Si bien, a diferencia de la adaptación de la novela gráfica de Miller, el guión de esta superproducción no está tan trabajado, centrándose más en la acción y dejando de lado las intrigas políticas que acontecían en el senado de Esparta.

A cambio nos ofrecen hora y media de acción desmesurada, inmensas batallas navales y una orgía de sangre y mutilaciones imposibles. Adrenalina en estado puro, embalsamada con la estética propia de la saga, y aliñada con tácticas de combate que dejaran satisfechos a más de uno, y difuminará los fallos de guión para la mayoría.

Es en el reparto donde más se aprecia el menor nivel de esta segunda entrega. El carisma y fuerza de Gerard Butler como rey de Esparta no es comparable con lo expuesto por Sullivan Stapleton como protagonista del film. A pesar de dar vida al héroe ateniense Themistocles, su rol se intenta convencer a si mismo de ser el Leónidas de los griegos, algo que se queda en mero proyecto, no logrando cuajar a lo largo del film.

La que si nos sorprende de forma grata es la atractiva Eva Green como Artemisa, gran guerrera persa y gran valedora de los éxitos de los ejércitos del rey Xerxes. La actriz parisina no se corta a la hora de mostrar sus atributos femeninos, así como de ofrecernos un repertorio de momentos realmente crueles y bizarros.

La que vuelve a repetir es Lena Headay como la reina Gorgo. La intérprete británica, que triunfa en la pequeña pantalla con la exitosa Juego de Tronos, aparece de forma esporádica en la obra, sirviendo únicamente de hilo conductor entre ambas películas.

Rodrigo Santoro como Xerxes es el otro nombre destacable que vuelve a repetir en la saga. Como ya le ocurriese a Lena, su papel es de escasa duración, teniendo muchísimo menos protagonismo que en su periplo en las Termópilas.

Otro de los aspectos que ha cambiado es el musical, ya que Tayler Bates deja el testigo de la composición a un poco conocido Junkie XL. Este, su primer gran trabajo de responsabilidad, consigue mantener el tono épico de la saga a base de percusión y movimientos con mucha fuerza. Un aceptable trabajo que le ha dado la posibilidad de componer la banda sonora que llevará la nueva adaptación de Mad Max.

Como resumen podemos asegurar que 300, El Origen de un Imperio es una digna película de acción que, a pesar de no tener una historia tan original y completa como la primera, sabe mantener la épica y heroicidad que la batalle de las Termópilas impuso en las salas cinematográficas. Un aumento exponencial de violencia y salsa de tomate respecto a la de Snyder, que es disfrutaran todos aquellos amantes del cine de acción.

viernes, 14 de febrero de 2014

Crítica de Los Miserables


El pasado año nos dejó una nueva adaptación de un clásico de la literatura. En esta ocasión la elegida fue la obra de Victor Hugo Los Miserables. Un escrito, de extensa longitud, en la que se nos mostraba, una tras otras, las miserias de una serie de personajes en el marco de la Revolución Francesa.

Pero a diferencia de producciones anteriores que versaban sobre la misma novela, en esta ocasión se ha tomado como inspiración el musical que, hace ya algún tiempo, asombró al público en Brodway. Y hasta tal punto se ha tomado como referencia esta versión de escenario, que todos los diálogos de la película son cantados.

Entre complicas rimas y trabajadas coreografías, la obra dirigida por Tom Hooper nos transporta hasta la Francia de mediados del siglo XIX. En tan convulsa época, un joven Jean Valjean era condenado por robar pan para poder alimentar a su sobrino. Este hecho lo dejará marcado por el resto de su vida, a pesar de haber cumplido la condena decretada. Pero Jean no está dispuesto a cargar con ello, y decide empezar una nueva vida con una nueva identidad. Pero su pasado vuelve para atormentarlo cuando aparece, por casualidades del destino, el oficial que le custodiaba en sus tiempos de presidio.

Uno de los aspectos que más no llama la atención cuando comenzamos a ver el film es la fuerza de sus imágenes. La primera escena del astillero tiene una puesta en escena realmente espectacular, atrapando al espectador y dándonos una idea de la grandeza visual de la película. Casi tres horas de deleite para nuestros ojos, gracias al virtuosismo que Danny Cohen pone en cada una de las escenas de esta gran superproducción.

Pero este aspecto no es el único que destaca en Los Miserables, ya que el elenco de actores elegidos para dar vida, a los distintos personajes que protagonizan esta adaptación, rallan a gran nivel. En el papel protagonista encontramos a un actor que, lejos de encasillarse, siempre nos sorprende con nuevos registros. Hugh Jackman, uno de los actores favoritos entre el público femenino, nos regala una gran interpretación de Jean Valjean, un personaje con una gran carga dramática que el actor australiano solventa de manera eficiente. Además, como ocurre con todos los personajes que aparecen a lo largo del extenso metraje, cuenta con el handicap de que todos sus diálogos son cantados, lo que nos da una señal del enorme esfuerzo realizado y la enorme calidad del resultado obtenido.

Para dar vida a Javert, su alterego en el film, se optó por contar con otro grande del celuloide como es el oscarizado Rusell Crowe. El intérprete, que se encumbró con Gladiator, supera de forma notable cada una de sus apariciones en la gran pantalla, en un rol poco agradecido, pero al que imprime una gran fuerza y emotividad, que no se deja ensombrecer por el papel protagonista.

Pero si hay alguien al que se le recordará por su papel en esta obra, es sin duda alguna la actriz Anne Hathaway. El meterse en la piel de la joven Fontaine le supuso un enorme salto cualitativo en su carrera, encumbrada con el premio de la Academia obtenido por su enorme interpretación. Si bien sus apariciones a lo largo de la película no son muchas, en cada una de ellas nos impregna con una alta carga emotiva, culminada con una de las escenas más potentes del film, regalándonos un solo lleno de dramatismo que hace ponerte los pelos de punta.

El listado de actores reconocidos no termina aquí, ya que también hay que destacar a la joven actriz Amanda Seyfred. Su papel es el más juvenil de la obra, dando vida a una inocente Cosette que, a pesar de tener cierto peso específico dentro del guión, está un peldaño por debajo de los nombres anteriores.

Son las interpretaciones de Helena Bonham Carter y Sacha Baron Cohen las que ,mas discrepancia han levantado entre el público y la crítica especializada. Podemos afirmar que su trabajo es de una rigurosa corrección, expresando fielmente la picaresca de sus estereotipos y ofreciéndonos algunos de los momentos mas divertidos y alocados del film.

Y es que el guión adaptado por William Nicholson y su equipo esta confeccionado de forma que la acción queda estructurada por pasajes. Nos encontramos con un inusual montaje donde cada secuencia está perfectamente definida, con una serie de escenarios bien definidos en los que cada pasaje tiene su comienzo y su final. Esta formula empleada, nos da una idea de lo presente que se ha tenido el musical a la hora de poner en la gran pantalla el escrito de Victor Hugo.

Un musical que seguro que ha servido de inspiración a Claude-Michel Schönberg para componer unas partituras de enorme calidad, y con un valor musical nada despreciable. A pesar de la enorme complejidad de realizar un obra íntegramente vocal, el compositor consigue imprimir un estilo musical a cada personaje, totalmente acorde con su personalidad y que nos permite distinguir con relativa sencillez quién se expresa en cada momento. Algo realmente importante en aquellos momentos donde se canta a coro o se entremezclan los distintos "diálogos" de los protagonista del film.

Los Miserables no engaña a nadie, y nos ofrece aquello que nos vendían desde los primeros teasers. Un musical, no apto para todos los paladares debido a su extensión, pero que tiene la virtud de impregnarte con sus poderosas imágenes, seducirte con sus melódicos diálogos  y atraparte con sus grandes interpretaciones. Una historia universal, reinventada para la ocasión que se disfruta de manera notable.

martes, 24 de diciembre de 2013

FELIZ NAVIDAD A TOD@S


Desde el Rincón del Palomitero queremos felicitaros las Navidades y desearos que lo paséis lo mejor posible rodeados de aquellos a quien queréis.

martes, 17 de diciembre de 2013

Crítica de El Hobbit, La Desolación de Smaug


Un año ha pasado ya desde que, en diciembre del 2012,  se estrenase la esperada primera entrega de la adaptación que Peter Jackson hacía del primer gran éxito de J.R.R. Tolkien. 

En ella, el cineasta neozelandes nos adentraba en las profundidades de Erebor para mostrarnos la grandeza que había conseguido aglutinar la raza enana, y como se perdió todo bajo las garras y el fuego de Smaug. Con Un viaje Inesperado se nos narraba, con la magistralidad y espectacularidad con que Jackson nos tiene acostumbrados, como se formaba una compañía de enanos que, junto a un mago y un hobbit, intentarían acabar con el dragón y recuperar lo que alguna vez fue de los suyos.

Tras enfrentarse a orcos, goblins e innumerables peligros, esta primigenia entrega finalizaba con estos curiosos viajeros a varias leguas de distancia de su objetivo y, bajo la sombra de la noticia de la aparición de  un extraño nigromante planeando sobre sus cabezas.

La Desolación de Smaug nos va a contar como continua el camino de la improvisada compañía, en su intento de alcanzar el enorme macizo montañoso de Erebor, en cuyo interior descansa en un manto de inimaginables riquezas, el temido y legendario Smaug.

A diferencia de la entrega anterior, el comienzo no resulta tan espectacular, y es que la ausencia de un prólogo potente hace que al film le cueste un poco coger el ritmo. Como era de esperar, el guión se limita a continuar por donde se quedó la anterior película, que venía de la espectacular secuencia de los orcos y las águilas. Si lo miramos como una continuación, se consigue justificar que tras un momento de tanta tensión como el vivido en esos últimos minutos, la adaptación de Fran Walsh y Philippa Boyens necesitara de un espacio de tiempo para recuperar el aliento y seguir desarrollando la historia.

Es a partir del Bosque Negro, donde esta superproducción comienza a coger fuerza. Todo lo acontecido sobre las copas de los fríos y desoladores arboles, que forman el misterioso lugar, es realmente espectacular regalándonos un pequeño adelanto del enorme nivel de efectos visuales que vamos a disfrutar a lo largo de los 150 minutos de metraje.

Es a partir de este punto cuando nos encontramos con dos nuevos personajes que van a tener bastante repercusión en lo que nos queda de trilogía. Por un lado vuelve a repetir el actor Orlando Bloom en el papel que mayores alegrías le ha dado, y con el que se dio a conocer en esto del séptimo arte.

Peter Jackson aprovechó que la compañía tenía que atravesar por el aterrador Bosque Negro para tirar de cosecha propia, e introducir en la historia a Legolas, un elfo autóctono de la zona, que venía de ser uno de los personajes mas idolatrados de El Señor de los Anillos, y que ha sido recuperado para la causa.
Como ocurriese en la saga protagonizada por Frodo, las dotes interpretativas del actor británico quedan eclipsadas por su agilidad y espectacularidad en el manejo del arco y las espadas élficas, algo que agradecemos enormemente.

El otro personaje de orejas puntiagudas y melena larga que se nos presenta es el de Tauriel. La guapa actriz Evangeline Lilly, a la que recordaremos por la exitosa serie Perdidos, es la que pone en pantalla sus dotes físicas y dramáticas para acabar con orcos y embelesar a enanos y elfos a partes iguales. Las comparaciones con Arwen parecen ser inevitables, pero tal como hizo Liv Tayler en la trilogía anterior, la actriz solventa su cometido de forma eficiente y con bastante soltura.

A medida que se va desarrollando el guión, mezcla de la obra escrita por Tolkien junto con adaptaciones libres de Peter Jackson y su equipo, van apareciendo nuevos y espectaculares lugares como Esgaroth, la ciudad construida sobre el Lago Largo. En ella se presenta un nuevo y misterioso personaje que, por lo mostrado en la película, va a tener un papel fundamental en el desenlace de la trilogía. Bard, como se llama este hombre del lago, está interpretado por Luke Evans, al que ya vimos en Inmortals y en un futuro como Eric Draven en la nueva versión de El Cuervo. El galés consigue imprimir carácter a su interpretación, creando un rol que promete interesantes momentos en el devenir de la obra.

El resto del reparto principal mantiene el nivel expuesto en la entrega anterior, destacando por encima de todos Martin Freeman en el papel de Bilbo Bolson, que eclipsa al  resto de compañeros cada vez que aparece, y nos regala un nuevo face to face, como ya hiciese con Gollum, pero esta vez con el dragón. Y es que junto con el escupefuegos viviremos uno de los mejores momentos de la trilogía.

El que también repite, batuta en mano, es Howard Shore poniendo música al género que le ha otorgado gran parte de su prestigio. La partitura es muy similar a lo que nos tiene acostumbrados. Pocas diferencias vamos a encontrar con la entrega anterior, a no ser que en esta ocasión no vamos a disfrutar de los cantos de los enanos. Pese a ello la composición es muy correcta y mantiene la épica que acompaña a las potentes imágenes de Andrew Lesnie.

La Desolación de Smaug es entretenimiento en estado puro, un film de transición cargado de efectos visuales, momentos vibrantes y que deja entrever la posibilidad de disfrutar de un fin de trilogía épico y memorable. Y es que todos los indicios hacen suponer que vamos a alucinar con una batalla como nunca antes habíamos conseguido ver gracias al sistema 3D FHR



lunes, 9 de diciembre de 2013

Crítica de Thor, El Mundo Oscuro



Hace ya más de dos años, inauguraba este blog con el análisis de la adaptación cinematográfica de un comic de Marvel, que llevaba por nombre Thor. Muchos meses después, llega a las salas cinematográficas, la segunda parte de las heroicidades del hijo de Odín, pero esta vez de la mano de Disney.

El guión, escrito por Christopher Yost y Christopher Markus, se va a desarrollar un par de años después de los hechos acontecidos en Nueva York y resuelto por Los Vengadores. A raíz de esto, Loki fue trasladado hasta Asgard donde deberá vivir para siempre recluido en una de las celdas del Palacio de Odin.

El film comienza narrando una guerra que enfrentó a los Elfo Oscuros con Asgard, hace muchísimos años, con un arma de potencia ilimitada de por medio. El "éter", como así se conocía, otorgaría un poder inimaginable a quién lo poseyese, por lo que fue ocultado a todo ser viviente tras la victoria de los asgardianos. La estirpe de Elfos Oscuro había sido prácticamente destruida, pero un pequeño grupo logró escapar, ocultándose a la espera de que el éter diese señales de su localización.

Con esta premisa se introducía Thor, El Mundo Oscuro bajo la dirección conjuntan de Alan Taylor y James Gunn. El primero da con esta obra el salto a la gran pantalla tras haber dirigido algunos episodios de obras tan reconocidas como Juego de Tronos o Los Soprano. En el caso de James, viene de dirigir la controvertida Super y actualmente se encuentra en la etapa de post-producción, como director de Guardianes de la Galaxia, otra adaptación de un comic del universo Marvel..

Ambos cineastas realizan un buen trabajo en esta secuela del superhéroe del martillo, dando su propia visión a este personaje, pero sin alejarse demasiado de la concepción creada por Kenneth Brannagh y luego continuada por Josh Wedon. Tanto la historia como la puesta en escena de los distintos personajes de la obra resulta bastante atractiva para el espectador, con un comienzo de metraje con un ritmo algo lento, pero que va in crescendo a medida que se van desarrollando las distintas tramas del guión.

En el papel de Thor vuelve a repetir el "cachas" de Chris Hemsworth. A medida que va apareciendo en distintas obras del género, va adquiriendo un mayor carisma este actor que encaja perfectamente en el papel del rubio príncipe asgardiano. Y es que el actor australiano ha conseguido que no podamos imaginarnos un Thor sin su rostro y sus abdominales.

Pero el personaje que de verdad da juego en la saga es sin duda Loki. El villano, interpretado magistralmente por Tom Hiddleston demuestra, una vez más, que es el rol junto al de Tony Stark, más atractivo de todo el universo. Su ironía y continuas provocaciones están presentes a lo largo de las dos horas de metraje, regalándonos los momentos mas divertidos y más surrealistas de la película. Este es el ejemplo de un villano bien conceptuado, mejor puesto en escena, y que es capaz de despertar rechazo y pasión a partes iguales.

El que también vuelve a repetir en el papel de Rey de Asgard y padre de Thor y Loki es Anthony Hopkins. Como ya ocurriese en las entregas anteriores, sus apariciones se pueden contar con los dedos de las manos, siendo la corrección interpretativa el denominador común en todas ellas.

Y como no hay cuarto malo, de nuevo tenemos a Natalie Portman cruzándose en la vida del protagonista. A diferencia de la primera entrega, su personaje adquiere más fuerza y una mayor importancia en la historia. Pasa de ser una simple observadora a convertirse en el centro de la acción durante la primera parte de la película, hecho que resuelve con la eficiencia que nos tiene acostumbrados.

El que se estrena en la saga es Kramer Morgenthau como director de fotografía del film. Juega con el contraste de los tonos fríos y oscuros de la tierra en contraposición del colorido de la ciudad de Asgard, que por momentos recuerda el Naboo de Star Wars.

Otro de los aspectos épicos de la obra es la banda sonora creada por Brian Tyler. El compositor parece haberle cogido el gusto a ponerle música a las obras de superhéroes, ya que el año pasado hizo lo propio con Iron Man 3. Para esta ocasión nos deleita con unas partituras cargadas de fuerza y que se ensamblan perfectamente en la enorme cantidad de escenas de acción que tiene la película.

Podemos asegurar que esta secuela está a la altura de la primera, y lo que es más importante, a la altura del personaje de comic. Un film que, a diferencia del anterior, no pierde el tiempo presentando roles y va de forma más directa a la acción, lo que provoca que su metraje no se haga para nada pesado.

sábado, 9 de noviembre de 2013

Crítica de A todo Gas 6 (Fast & Furious 6)


Pocos pensaban, hace ya algunos años, que aquel thriller de coches tunning protagonizado por Vin Diesel iba a dar para tanto metraje. Y es que, con esta, son ya seis las entregas de una saga, que ha sabido combinar los automóviles de alta cilindrada con tramas bien construidas y repletas de adrenalina.

Tras su último y sustancioso golpe, Toretto y su banda ha decidido dejar sus tiempos de delincuencia para exiliarse, voluntariamente, a Europa donde la justicia estadounidense no puede darles caza. Esta vida tranquila y alejada de los grandes robos, se verá truncada tras la aparición del capitán Hobbs. Una banda altamente organizada está causando una gran cantidad de robos sin que las autoridades puedan hacer nada. Es por ello que, a cambio de una admistia, el federal negocie hacerse los servicios de Toretto y su banda, los únicos capaces de dar caza a estos delincuentes.

Justin Lin, que se hizo cargo de la dirección de la franquicia en Tokio Race, dirige su cuarta entrega de la saga. El estilo de rodaje es muy similar a las entregas anteriores, demostrando sus mejores cualidades en las trepidantes y numerosas persecuciones que tiene la película. Este ha sido el gran reclamo de la saga, y en esta sexta entrega es el pilar sobre el que se sustenta el metraje del film.

El guión, obra de Chris Morgan y Gary Scott Thomson, no nos ofrece nada que no hayamos visto en otras producciones del género de acción. Típica película en la que nos encontramos con el típico villano sin escrúpulos, exfuerzas especiales, que se ayuda de la última tecnología para cometer sus delitos. Es el tema tunning y los coches de gran cilindrada donde encontramos algo distinto, pero tras tantas entregas ya no sorprende a propios y extraños.

Y como viene siendo habitual, el reparto sigue encabezado por Vin Diesel. El actor neoyorkino vuelve a meterse en un rol en el que se encuentra bastante cómodo. Y es que se ve que disfruta siendo ese "tipo duro"  en el que parece encasillado. Riddick, Triple X o Toretto, un mismo personaje en distintas circunstancias pero con el mismo talante desafiante y similar repertorio de situaciones.

Junto a el, vuelve a repetir el actor Paul Walker. Como ya ocurriese en las obras anteriores, se encuentra en todo momento a la sombra de Vin Diesel, a pesar de tener uno de los papeles principales. El guión no era demasiado exigente con su personaje, por lo que cumple suficientemente en su rol de Brian O`Conner.

El trío de figuras lo completa un actor que desde que apareciese como el Rey Escorpión, no ha parado de recibir contratos en Hollywood. Dwayne Johnson, que tras su debut en el Regreso de La Momia ha visto como aumentaba exageradamente su masa muscular, vuelve a repetir como el capitán de policia Hobbs. En esta ocasión no tiene ese rol de antihéroe que tenía en la entrega anterior, evolucionando su personaje hacia un papel más protagonista.

Dentro de las féminas del reparto destaca el regreso a la saga de Michelle Rodriguez. La tejana sabe jugar muy bien con la masculinidad que refleja su carácter, haciendo de Letty una chica de fuerte personalidad, pocos escrúpulos y una rudeza nada propia del género femenino.

Pero no todo va a ser del otro lado del charco, ya que de nuevo nos encontramos con la actriz española Elsa Pataky. Sus apariciones a lo largo de las dos horas de película son testimoniales, en un rol del que se podía haber prescindido totalmente.

Stephan F. Windon, director de fotografía de la exitosa serie The Pacific, es el responsable de algunos de los momentos mas espectaculares de la película. Sabe combinar perfectamente los neones y los llamativos colores de los coches en las carreras nocturnas y en las espectaculares persecuciones. Todo ello acompañado por los acordes compuestos por Lucas Vidal. Si la partitura acompaña bastante bien al guión, son los temas de distintas bandas de música electrónica y rap los que imprimen fuerza y consistencia a las escenas de mayor adrenalina.

En A Todo Gas 6 nos vamos a encontrar más de lo mismo, con un guión poco original, pero que se salva porque la trama se desarrolla a elevadas revoluciones. Una historia con bastantes defectos, que se intenta disimular con mucha acción y exageradas "fantasmadas" que firmaría el propio John Woo. Situaciones poco creíbles, que sacrifican su lógica física por una espectacularidad desmesurada y alejada de cualquier realidad. Una película entretenida, para pasar el rato pero que no aporta nada nuevo a la saga en particular, ni al mundo del séptimo arte en general.

viernes, 18 de octubre de 2013

Crítica de Objetivo: la Casa Blanca


Durante la década de los noventa aparecieron muchas producciones, en numerosos casos de dudosa calidad, donde todo giraba en torno a un protagonista que se encontraba en una situación de extrema tensión. La casualidad de estar en el sitio equivocado en un momento nada propicio, que terminaría convirtiéndolo en un auténtico héroe local.

El máximo exponente de esto lo encontramos en el genuino John McClane, al que dio vida Bruce Willis en la Jungla de Cristal. Una obra que se convirtió en saga y que sentó las bases de este pequeño subgénero dentro del cine de acción.

Las producciones de este tipo de films habían ido decreciendo paulativamente, y salvo en contadas ocasiones como las posteriores entregas de Die Hard, apenas se recurría a este tipo de historias. Es, en este 2013 cuando Antoine Fuqua, un director acostumbrado a películas con grandes cargas de acción, lanzaba en las salas cinematográficas Objetivo: La Casa Blanca.

Las reglas para este tipo de cine son claras y concisas: todas ellas deben tener un agente de la autoridad, en activo o retirado, un grupo de terroristas, grandes dosis de explosiones y un recinto de grandes dimensiones que hará de tablero de ajedrez. Luego cada guión introduce elementos diferenciadores, que provocan las distintas valoraciones que damos a cada film.

Escrita por los guionistas Creighton Rothenberger y Katrin Benedikt, la acción nos traslada hasta el epicentro de la cuna del capitalismo. Allí un grupo de terroristas, procedentes del continente asiático, llevan a cabo un violento y espectacular asalto a La Casa Blanca, donde se encontraba el presidente y su gabinete de gobierno reunidos con el primer ministro koreano.

La película comienza de forma dramática con la muerte de la primera dama en un desgraciado accidente de tráfico, lo que dejará al presidente viudo, a su joven descendiente huérfano y al guardaespaldas personal del máximo mandatario estadounidense, con la carga de conciencia de haber elegido salvar al presidente y no a su esposa.

Este hecho provocará que Mike Banning pase a trabajar en una oficina federal cercana al edificio presidencial. Lugar donde se encuentra cuando tiene lugar el tramo de metraje más espectacular del film. Un asalto totalmente organizado y fulgurante de un grupo de terrorista que convierten los jardines próximos al edificio de la cúpula blanca, en un campo de batallas. Una bacanal de balas, explosiones y efectos especiales que te dejan enganchados en el sillón y que hubiese firmado el mismísimo Michael Bay. Una cuidada secuencia que te hace pensar en que un ataque de esa magnitud podría ser totalmente posible y efectivo en un marco real.

A partir de aquí se pasa a una producción que es un remix entre La jungla de cristal, alerta máxima y Air Force One. Hemos incluido esta última porque el presidente también jugará un papel heroico en el desenlace de la historia, a pesar de no tener el poso ni el protagonismo que Harrision Ford tenía a bordo del conocido aeroplano.

Presidente que es interpretado en esta ocasión por Aaron Eckhart, cuyo papel de Hearvy Dent en El Caballero Oscuro le aportó cierto prestigio. En esta ocasión su actuación no es tan redonda como en la obra de Nolan, pero cumple perfectamente con su cometido. Quizás se le puede achacar cierta falta de carisma, pero tampoco es algo fundamental en este tipo de películas.

El verdadero protagonista como tipo duro que ha de salvar el país es para Gerard Butler. Desde que se destapase como hombre duro en su rol de rey Leónidas, en la superproducción 300, ha protagonizado numerosos films de acción, en los que no desentona para nada. Con unos años más que cuando presumía de abdominales enfrentándose a los persas, demuestra una vez más que en este tipo de papeles se desenvuelve como pez en el agua. Consigue que se le vea como un auténtico héroe a base de peleas coreografiadas, disparos certeros y las típicas frases lapidarias y desafiantes que sacan de sus casillas al malo de turno.

Villano al que pone cara el actor de rasgos asiáticos Rick Yune. El estadounidense es uno de esos comodines a los que se recurre cuando hay que incluir un terrorista con ojos rasgados. Como ya hiciese en Muere otro Día, vuelve a cumplir sobradamente con su cometido, ofreciéndonos un personaje bastante odioso, sin ningún tipo de escrúpulos y que es un enemigo a la altura del film.

Este tipo de films siempre recurre de algún nombre de elevado reconocimiento interpretativo, que aparece en contadas ocasiones, pero que sirve para dar caché y asegurarse una mayor taquilla. En esta ocasión es el polifacético Morgan Freeman el elegido para tomar el mando del gobierno, durante la crisis. Sus apariciones en escena son bastante escasas, con un rol muy secundario y unas exigencias mínimas que supera con suficiencia.

Todo héroe tiene que tener su contrario, y en un film que sigue los cánones clásicos del género casi al dedillo, este no puede faltar. En este caso Dylan McDermott aparca la exitosa serie American Horror Histiry para convertirse en un mercenario al mejor postor. Su personaje es de esos que despierta repulsión entre los espectadores, deseando que tenga un largo y doloroso final.

Como vemos el reparto no es algo que se haya dejado al azar, y encaja perfectamente con el efecto de aumento de adrenalina buscado por el director de la sorprendente Training Day. Una puesta en escena tan espectacular, sobre todo en las tomas de mayor tensión, que debe mucho a la fotografía de Conrad W. Hall. Este cineasta, al que podemos reconocer por su trabajo junto David Fincher en La Habitación del Pánico, tira de oficio para mostrarnos una imagen clara, sin extravagancias ni adornos innecesarios.

Cosa que también ocurre con la banda sonora creada por Trevor Morris, un compositor que ha basado la mayor parte de su carrera en poner música a exitosas series televisivas como Los Borgia o Los Tudor. Para esta ocasión tira de clasicismos del género, con unas partituras vibrantes, muy acordes con los numerosos momentos de tensión, y que recuerda por momentos a grandes bandas sonoras del cine de acción como son Marea Roja o La Roca.

Objetivo: La Casa Blanca es de esas películas que podemos incluir en el saco del denominado cine palomitero. Una obra con un guión bastante simple pero muy efectivo, sin ningún tipo de pretensiones y que ofrece lo que buscamos. Casi dos horas de acción, repletas de adrenalina, interminables tiroteos y diversión a tope, que a buen seguro dejara satisfecho a los que, como yo, defendemos a ultranza el cine diversión que nos ofrecen autores como Michael Bay, Roland Emmerich y en esta ocasión Antoine Fuqua.
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