domingo, 1 de septiembre de 2013

Crítica de El Número 23


Es cada vez más habitual ver a Jim Carrey en papeles serios, alejados de aquellos que le hicieron famoso en sus orígenes. Atrás quedaron esos años donde robaba carcajadas metidos en la piel de Ace Ventura o La Máscara.

En esta ocasión el actor canadiense se mete en la piel de Walter Sparrow, un bromista trabajador de la perrera municipal que sufrirá, el día de su cumpleaños, la mordida de un canino cuando intentaba reducirlo. Este hecho provocará que llegase tarde a recoger a su esposa que, para hacer tiempo, se mete en una librería. Allí le comprará a Walter un extraño y único ejemplar llamado: El número 23.

El manuscrito absorberá totalmente a nuestro protagonista, convirtiendo al vigesimotercero en toda una obsesión. No hay aspecto de su vida, tanto pasada como presente, que no tenga relación con estos dos dígitos, y las casualidades lo son cada vez menos para Sparrow.

Este es el punto de partida  del guión escrito por Fernley Philips, que tiene la virtud de enganchar al espectador desde los primeros momentos, culminando en un giro final, tan inesperado como sorprendente. Una historia donde se nos muestra como una persona puede llegar a obsesionarse, casi destructivamente, buscando coincidencias en todos los aspectos de su vida.

La película cuenta además, con la ayuda de ser muy visual, sobre todo en las partes donde se nos narran las líneas del libro que va leyendo el personaje interpretado por Carrey. En estos episodios comienza siendo todo muy colorido, para ir, poco a poco, tornándose en tonalidades más frías, en una proporción directa al grado de obsesión de Fingerling, el autor y protagonista del escrito.

Para plasmar todo esto en la pantalla se contó con un director especialista en el género del suspense, como es Joel Shumacher. Este neoyorkino, que cuenta en su filmografía con reconocidas obras como Un día de Furia o Última Llamada, sabe sacar la esencia fundamental del guión y mostrárnosla en la gran pantalla a base de cambios constantes de ritmos. Consigue combinar perfectamente la tensión generada por el personaje protagonista del libro, y el grado de obsesión que va adquiriendo Walter Sparrow a medida que va enlazando fechas y letras con el número que da título a la película.

Un Walter Sparrow al que da vida un notable Jim Carrey. A medida que se va desarrollando el guión, el rol que adquiere el actor se hace cada vez más creíble, mostrándonos perfectamente como va cambiando su personalidad a medida que va creciendo ese trastorno obsesivo.

Junto a él, encontramos a Virginia Madsen, que da vida a Agatha Sparrow, la esposa del personaje principal de la obra. La actriz cumple perfectamente con su cometido, representando la parte sensata del film y uno de los roles fundamentales para dar ese giro final con el que sorprende la historia.

El trío de papeles principales lo completa Danny Huston, que a pesar de tener una intervención totalmente secundaria, elabora su cometido con suficiencia. Y es que la historia prácticamente se cuenta con estos tres personajes más, las intermitentes apariciones, de Logan Lerman que interpreta al hijo de Walter y Agatha.

Un film de este tipo requiere una música acorde a la tensión que se va generando, y nadie mejor que Harry Gregson-Williams para llevarla a cabo. Sus partituras, algo alejadas del preciosismo sonoro, se ensamblan perfectamente con el comportamiento obsesivo del protagonista, convirtiéndose en otro de los puntos a destacar del film.

El número 23 es una de esas obras que consigue sorprender, agradablemente, a aquellos que se esperan poco o nada de un thriller protagonizado por Jim Carrey. Si juntamos una atractiva premisa y una resolución totalmente inesperada, nos encontramos con una película muy interesante, entretenida y que es un buen ejemplo de, como un simple número puede llegar a convertir, a una persona aparentemente normal, en un auténtico neurótico.

lunes, 19 de agosto de 2013

Crítica de Copycat


Durante la década de los noventa, fue el género del thiller uno de los mas prolíficos al otro lado del charco. Muchas eran la obras que, o bien adaptadas de novelas o con guiones propios aparecían semana tras semana en las salas cinematográficas de todo el mundo.

Una de estas producciones era Copycat que contaba como principal aliciente, de cara a generar taquilla, la aparición de Sigrney Weaver en uno de los papeles principales del film. La actriz nacida en Nueva York, da vida a Helen Hudson, una prestigiosa criminóloga que sufrirá un traumático encuentro con un desquiciado psicópata. Este desafortunado hecho provocará que Helen comience a sufrir potentes episodios de agorafobia, llegando al punto de impedirle salir de casa.

Pero su prestigio en el campo criminal evita que pueda retirarse de su vinculación con los asesinatos, y su ayuda es solicitada por la policía para esclarecer una serie de asesinatos, sin aparente conexión alguna, que intenta imitar la forma de actuar de los psicópatas más importantes que ha dado el país.

Con esta premisa se no presenta Copycat, un thriller que sigue los cánones del género y que basa su potencial en la mezcla del papel interpretado por Sigorney Weaver y el interés que va ganando, poco a poco, las cada vez más desconcertantes atrocidades que va cometiendo el criminal de turno.

El guión de Ann Bierdman y David Madsen nos muestra dos tipos de trastornos distintos. Por un lado tenemos ese temor a los espacios o lugares abiertos. La personaje interpretada por Sigorney Weaver adquiere la denominada agorofobia a raíz de un encuentro con un desequilibrado, que está a punto de acabar con su vida. Este tipo de problema es el conocido como psicopatía, que se caracteriza por ser un trastorno antisocial de la personalidad.

A lo largo de la película, tanto agorofobia como psicopatía van cruzando sus caminos hasta que confluyen en un trepidante final, punto culmen de la obra. Y es que, a lo largo de las dos horas que tiene de duración el film, Jon Amiel que es el encargado de dirigir la cinta, sabe jugar con los tiempos de la acción, no cayendo en errores de otras producciones del mismo tipo. Y es que consigue sacar partido tanto al personaje de Helen como el de sus compañeros de reparto, sobre todo al de Harry Connick Jr. que representa, perfectamente, las tendencias psicópatas de Daryll Lee Cullum.

El otro papel de relevancia femenino es para una jovencísima Holly Hunter. Esta actriz, que se dio a conocer con El Piano, da vida a la agente de policía Monahan, encargada de investigar los extraños asesinatos que están teniendo lugar. Su aportación podemos calificarla de efectiva, pero dista bastante de los nombres mencionados anteriormente. Bien es cierto que su personaje tiene gran relevancia en el desenlace de la trama, pero por en medio la intentan meter en un triángulo amoroso que era totalmente innecesario.

William McNamara o Will Patton son otras de las caras reconocidas que completan el casting de la película. Diremos que sus actuaciones sirven para ir desarrollando el guión, pero sin alardes dramáticos ni actuaciones que merezcan ser recordadas.

Y es que, los puntos fuertes del film lo encontramos tanto en la historia como en la actuación de Sigorney Weaver, que consigue encajar perfectamente su personaje con lo exigido por el guión. Por contra, lo mas flojo lo encontramos en la partitura compuesta por Christopher Young, ya que en momentos, dista de tener la fuerza suficiente que acompañe a la trama.

Podemos concluir que Copycat es una de esas obras capaz de introducir algunos trastornos de la personalidad sin caer en típicos convencionalismos ni melodramas propios de la sobremesa. Un película bien realizada, con un buen ritmo, que no se hace pesada y con algún que otro hecho totalmente inesperado.

Crítica de Oblivion


Colocar a Tom Cruise encabezando un reparto, es casi siempre asegurarse una buena taquilla. Si además, su papel es de un héroe de acción en un entorno futurista, el proyecto adquiere un mayor interés aún. Y es que desde que tocó el género, junto a Steven Spielberg en Minority Report, el actor ha demostrado que se desenvuelve muy bien en el campo de la ciencia ficción.

Con estas premisas se estrenaba en las salas de todo el mundo un film que, bajo el nombre de Oblivion, seguiría con esa manía que les ha dado a los guionistas de convertir nuestro planeta en un lugar inhabitable, en un futuro no demasiado lejano. El detonante de este infortunio fue el ataque de los scavengers, una raza alienígena que vienen a nuestro planeta para intentar extraer todos sus recursos. Una defensa basada en armas nucleares consiguió acabar con esta amenaza, pero las elevadas radiaciones provocaron un éxodo de los terrícolas hacia una zona situada en el espacio exterior.

La vida en el planeta se redujo a algunos scavengers supervivientes y los técnicos que, periódicamente, bajan para realizar labores de mantenimiento de los droides que protegen las avanzadas máquinas de extracción de agua. Una labor peligrosa que realiza cada mañana Jack Harper, un ingeniero de drones que, como todos los humanos, ha sido sometido a un proceso de borrado de memoria.

Este es el punto de partida de Oblivion, una película que consigue conectar con el espectador desde las primeras escenas. Y es que visualmente el film es todo un espectáculo. La fotografía de Claudio Miranda, que recordaremos por su extraordinario trabajo en La Vida de Pi, juega muy bien con el contraste. Por un lado tenemos los vivos colores de los exteriores del extinto planeta tierra, y por otro la frialdad del extraño apartamento donde conviven los personajes de Tom y Andrea. Y es que este lugar tan minimalista y falto de calidez se puede comprender como un símil con la relación que une a estos dos personajes.

El papel principal lo interpreta Tom Cruise, uno de los actores más cotizados de Hollywood que pega muy bien con este tipo de superproducciones. A diferencia de otras obras de su filmografía, durante gran parte del metraje pasa largos periodos en soledad, bien realizando trabajos de reparación o intentando sobrevivir a los ataques de los scavengers. El neoyorquino cumple a la perfección con lo que el guión exige, dándonos a entender que se encuentra muy cómodo en estos roles y demostrando, una vez más, que a pesar de los años sigue estando en forma.

Junto a él encontramos un binomio de féminas que no llegan a rayar a la altura del protagonista de la saga Mission Impossible. Tanto Olga Kurylenko como Andrea Riseborough denotan una falta de expresividad alarmante en el film. Si el personaje de Cruise es pura adrenalina, a sus compañeras de reparto parece que la cosa no va con ellas. Sus interpretaciones no despiernan ningún tipo de sensaciones en el espectador, llegando un momento que realmente no te interesa lo que va a ocurrir con ellas.

El otro gran nombre que encontramos en el reparto es el del veterano Morgan Freeman, un actor que raramente lo hace mas y que en este caso, tiene un rol demasiado secundario. Apenas podemos verlo tres veces a lo largo de los 120 minutos que dura el film, pero su aportación es fundamental para el desenlace de la obra y, lo que es mas importante, para enlazar los múltiples detalles que te pueden llevar a perder cierto sentido al hilo argumental.

Y es que lo interesante del film, lejos de los efectos tanto visuales como sonoros, es que sabe darle un giro de vuelta a la historia sin que, desde un principio, nos vayamos a imaginar que la historia con la que comienza la obra gire sobre si misma. Son muchos los enigmas que se van abriendo a mitad de film, pero por suerte casi todos se van cerrando. Y decimos casi todos porque el final puede llevarnos a realizar un pequeño ejercicio de razonamiento, muy adecuado cuando se comparte el film con algunos amigos.

Ambientada por las efectivas partituras de Anthony Gonzalez y Joseph Trapanese, el film tiene todo lo que se le puede pedir a una superproducción del género. Su director, Joseph Kosinski al que conocimos en Tron Legacy. sabe sacarle partido a un actor como Tom Cruise. Su trabajo tras las cámaras es más que notable, y ha sabido plasmar el complicado guión de Karl Gajdusek y Michael Ardnt. Este segundo nos sonará por ser uno de los guionistas mas creativos de PIXAR y escribir historias tan granes como la de Toy Story 3 o Brave, la última ganadora de los premios de la Academia en el apartado de animación.

En una época donde nos están bombardeando numerosos films basados en un futuro postapocalíptico, podemos asegurar que Oblivion es de los mas interesantes. Si eres de aquellos que se interesan únicamente por la acción, explosiones y batallas interestelares, esta no es tu mejor elección. Pero si buscas una historia bien contada, con giros de tuerca inesperados y unos buenos diseños de producción, prepara un buen bol de palomitas y ponte cómodo en tu sofá.


jueves, 15 de agosto de 2013

Crítica de Guerra Mundial Z (World War Z)


Si hay una temática que tiene todos los boletos para convertirse en un género en si misma, es la de los zombies. No pasa semana donde no se estrene o rumoree algún proyecto que tenga como protagonistas a estos muertos vivientes tan de moda.

Así entre series, videojuegos y comics nos llega esta adaptación cinematográfica de la novela de mismo nombre, escrita por Max Brooks. En ella se nos relata como se va extendiendo, de forma dantesca, una extraña enfermedad que hace que los seres humanos se coman unos a otros. La epidemia crece a un ritmo vertiginoso mientras, aquellos que aún no han sido infectados, luchan por no ser mordidos y hacerse con provisiones y armas. Uno de estos supervivientes es Gerry Line, un especialista en misiones de alto riesgo, ya retirado, que deberá buscar una solución para este mal que está acabando con la humanidad.

Con esta premisa, el director neoyorquino Marc Foster se ayuda del guión de Matthew Michael Carnahan para poner ante nuestros ojos una muy buena adaptación del escrito original. El realizador, que venía precedido de una buena tarjeta de presentación, con obras como Quantum of Solance o Descubriendo Nunca Jamás, consigue plasmar en la gran pantalla la tensión y la brutalidad de estos seres, que nada tiene que ver con los estereotipos clásicos de las obras de George A. Romero. Aquí los zombis, lejos de ser criaturas lentas y torpes, son auténticos perros de presa capaces de competir con el mismísimo Usain Bolt por obtener un trozo de carne.

Ben Serensin, que es el encargado de fotografiar el caos en el que vive el planeta, nos muestra un espectáculo siniestro, con unas imágenes muy potentes y llenas de impacto, sobre todo en las escenas exteriores donde la pantalla se llena de desconcierto y destrucción. Como muestra, el brutal castelier a las puestas de Jeruslen y el posterior asalto de las hordas zombies por el interior de la ciudad santa.

Tensión y entropía visual que se ve amplificada por la magnífica partitura de Marco Beltrami. El compositor, que solo en 2013 ha puesto música a más de ocho producciones entre las que encontramos títulos de éxito, como Lobezno Inmortal o la última entrega de La Jungla, consigue con sus acordes añadir un plus de  adrenalina a las escenas de mayor tensión del film.Y es que si en algo destaca esta película es que sabe mantener el ritmo y el interés durante las casi dos horas de metraje que posee.

Pero no solo de impacto y escenas de sobresalto vive Worl War Z, sino que tiene un reparto que hace que te metas de lleno en la trama. Encabezando este, nos encontramos con uno de los actores mas cotizados del otro lado del charco, como es Brad Pitt. Casi todo el peso de la obra recae sobre su rol, cosa que salva de manera soberbia en uno de esos papeles que ya nos tiene acostumbrados a hacer. Y es que a pesar de que la edad se le va notando, sigue siendo uno de los rostros que mejor encajan en este tipo de personajes.
Junto a el destaca una desconocida Daniella Kertesz, que en su papel de la soldado Segen, realiza un notable trabajo que no se ve eclipsado, en ningún momento, por la popularidad de su compañero de reparto. Mireille Enos, Matthew Fox o Fana Mokoena son otros nombres que forman parte del cast del film, y que no destacan ni postiva ni negativamente, por lo que podemos concluir que realizan una más que suficiente aportación a la obra.

Guerra Mundial Z no supone un giro de turca en el género, pero consigue despertar en el espectador cierta sensación de angustia y desasosiego ante la situación que viven los protagonistas. Si bien podemos buscarle algunos errores, como la falta de explicación del porqué de la epidemia, también es cierto que tal y como está desarrollado el guión no es algo que debamos conocer necesariamente. Lo que si es cierto es que con este film vamos a pasar dos horas muy intensas, con algún que otro sobresalto y con la sensación de estar viendo un gran espectáculo, sin caer en excesos visuales ni una violencia desmesurada.

domingo, 21 de julio de 2013

Crítica de Hansel y Gretel, Cazadores de Brujas


Es un hecho que las ideas originales para los guiones brillan por su ausencia, y se recurre a historias ya contadas, aplicándoles un lavado de cara y añadiéndoles efectos especiales de última generación. Remakes, precuelas, secuelas, readaptaciones,... y reinvenciones inundan día a día las carteleras de los cines de todo el mundo. Producciones de un presupuesto nada despreciable, y cuyo valor artístico en la mayoría de los casos es ínfimo, por no decir inexistente.

Hansel y Gretel es uno de esos productos que, como ya ocurriese con Blancanieves y la Leyenda del Cazador, bebe de la idea de algún cuento clásico popular, para captar la atención del espectador y ofrecernos algo que nada tiene que ver con su original. Todos conocemos la historia de la casita de chocolate, tan popular en nuestra infancia e inmortalizada para un serial de tv que muchos recordamos con añoranza.

En esta ocasión, el cuento de los hermanos Grimm no es más que el punto de partida para ofrecernos un cocktail de violencia, brujas y sangre bastante alejado de la idea del cuento original. Hansel y Gretel, tras sobrevivir a aquella horrenda bruja que intentó comérselos, decidieron que tenían un don para acabar con estas malvada hechiceras, por lo que han dedicado su vida a cazarlas a cambio de suculentas recompensas.

En una de sus misiones se encontraran que una bruja está raptando, en un principio aleatoriamente, a los niños de una pequeña aldea. Así comienza este guión de Tommy Wirkola, que además de escribir la historia se encarga de dirigirla. El director noruego, que se dio a conocer en todo el mundo con la extraña Zombies Nazis, hace de Hansel y Gretel su ópera prima en el universo Hollywoodiense.

Si algo tiene este film es que no se deja llevar por las restricciones morales, algo que es de de agradecer para aquellos que disfrutan viendo mucha salsa de tomate. La violencia en cada una de las escenas de acción es extrema, alejándose muchísimo de la idea que teníamos de la historia, tal y como nos la contaron los hermanos Grimm. Esto, junto a los destacados efectos visuales, son los dos puntos más notables a lo largo de unallevadera hora y media de un metraje. Y es que a pesar de lo poco creíble de la historia, la trama consigue despertar cierta atención, que en este tipo de producciones ya es una victoria.

La fotografía de Michael Bonvillain encajan perfectamente con la obra, ofreciéndonos una estética muy fría que contrasta con la oscuridad y siniestralidad de las brujas, y se ve bastante bien acompañada por los intensos acordes de las partituras de un desconocido Atli Örvarsson.

Lo mas flojo lo encontramos en las interpretaciones, algo obvio después de contemplar la floja historia en la que se desarrolla la obra. El papel protagonista lo tiene uno de esos actores que se suelen poner de moda tras un estreno que supone un boom en taquilla. Jeremy Renner parece ser la nueva cara de acción del otro lado del charco, y tras ser un vengador y un aceptable sucesor de Jason Bourne, se transforma en héroe de cuento para seguir repartiendo estopa a diestro y siniestro. Su interpretación solo requería de tener un buen estado de forma y poner de vez en cuando cara de circunstancia, condición necesaria pero no suficiente para ser un rol recordado.

Junto a él la atractiva Gemma Artenton, en un papel que ya hemos visto muchas veces y que poco o nada nos sorprende. En las escenas de acción cumple sobradamente, pero su personaje no logra despertar cierta empatía con los espectadores.

Es Framkie Jansen la actriz que mejor encaja con su rol. Jean Grey de los X-Men realiza una notable actuación en el papel de Muriel, una ancestral y poderosa bruja que pondrá al límite a Hansel y Gretel y, cuanto menos, conseguirá despertar cierta repulsa hacia su personaje. La actriz holandesa parece haberle cogido el gusto a desafiar a los héroes de turno, y en esta ocasión no iba a ser menos.

Tras Caperucita Roja y Blancanieves nos llega esta nueva adaptación que, sin ser una mala película, es de esos productos creados para hacer taquilla, con una gran promoción a sus espaldas y la cualidad de desparecer de la memoria de los espectadores a los pocos días de verla. Un film para ver tranquilamente en el home cinema, que podemos disfrutar en una sesión, homenaje a lo absurdo,  junto con Abraham Lincoln Cazador de Vampiros.

sábado, 20 de julio de 2013

Crítica de El Hombre de Acero (The Man of Steel)


Hace casi cuatro décadas un director en alza, como era Richard Donner, adaptaba a la gran pantalla al superhéroe más famoso de todos los tiempos. Superman suponía el punto de partida de las adaptaciones de los grandes héroes de cómic a espectaculares y costosas superproducciones.

El personaje interpretado por Christopher Reeve salvó al mundo a lo largo de cuatro largometrajes, haciéndose una quinta entrega que, bajo el nombre de Superman Returns, supuso un fracaso tanto de crítica como de taquilla. Y es que Bryan Singer no había sabido acertar con la fórmula que atrapó al público allá por 1978.

Siete años después del intento de Warner por realzar la franquicia, nos llega The Man of Steel. La experiencia anterior había dejado claro que se debía cortar con todo lo creado y comenzar de nuevo. Esto, que se hizo ya con el Batman de Christopher Nolan, funcionó a la perfección, dando un enorme salto de calidad, metiéndose en el bolsillo tanto a espectadores como a críticos especializados.

Aunque el nombre de Nolan, productor del film, sonó como posible director de esta nueva saga, Warner decidió darle este ambicioso proyecto a un director que parece haberse especializado en adaptar viñetas, y que se ha convertido en el niño mimado de la productora. Zack Snyder, tras triunfar con 300 y consagrarse con la complicada adaptación de Watchmen, tenía la oportunidad de seguir codeándose con los grandes del celuloide con un personaje que necesitaba un buen lavado de cara.

Para empezar se optó por darle una nueva imagen al kryptoniano, decantándose por el actor británico Henry Cavill. Visto en obras como Los Imortales o Stardust, este nuevo estereotipo rompía con lo anterior, deleitando al público femenino con un cuerpo enormemente musculoso y alejándose de la imagen que, hasta entonces, habíamos tenido del personaje.

El actor no desentona con su rol, pero echamos en falta el carisma que Christopher Reeve daba a Kal-El. Sobre todo a la hora de presentarse como Clark Kent, un personaje que se mostraba aparentemente frágil, y que nada tiene que ver con la imagen que se nos describe en el guión de David S. Goyer.

La historia, a pesar de todo lo original que se ha querido añadir a la saga, no es novedosa, resultando un mix de las dos primeras obras dirigidas por Donner. El punto mas innovador lo encontramos al comienzo del film, donde se nos muestra un Krypton en pleno declive y diseñado a base de mezclar ideas ya vistas en el género de la ciencia ficción. El aspecto visual de las ciudades nos hace traer a la memoria algunas imágenes de las últimas entregas de Star Wars, mientras las criaturas voladoras nos recuerdan a aquellas que aparecen en Avatar. Y es que, a pesar de resultar bastante espectacular, contrasta mucho con la fría imagen que teníamos del mundo de Jor-El.

Es Rusrell Crowe quien se mete en la piel del progenitor de Superman, en un rol que ha gustado mucho al público, y que ha dado pie a que se rumoree en la creación de una posible precuela en base a este personaje. El actor neozelandés realiza un buen trabajo, como ya nos tiene acostumbrados, ofreciéndonos un Jor-El muy distinto al que Marlon Brando nos ofreció a finales de los setenta, pero al que nada tiene que envidiar.

Algo que no ha gustado mucho entre la crítica es la enorme cantidad de flashbacks que contiene el film. Aceptando que se trata de un reseteo de la franquicia, Snyder podría haber optado como se ha hecho en muchas ocasiones, y haber tratado la historia a lo largo de una linea temporal continua. El director de Sucker Punch optó por la formula de comenzar a contarnos los motivos por los que Kal-El fue enviado a la tierra y trasladarnos, acto seguido, al presente. Una de las razones de comenzar de nuevo la saga es dar a conocer al Hombre de Acero a las nuevas generaciones, que solo saben del personaje de oídas. Por ello se optó por ir dando los detalles de su infancia y juventud a base de recuerdos. Todos ellos nos van moldeando la personalidad del protagonista y van argumentando muchos de sus comportamientos.

Aptitudes que contrastan con las del General Zod, un oficial frió y calculador al que da vida Michael Shannon. El actor consigue meterse de lleno en el estereotipo de villano, logrando despertar en los espectadores una gran aversión hacia su personaje. Si lo comparamos con Terence Stamp, quizás no levante tanto odio como el londinense, pero tiene ese grado de maldad suficiente para desear que Superman acabe con él.

Junto a él nos encontramos a Antje Traue en el papel de la soldado Faora-Ul. Podemos asegurar que su actuación si logra despertar verdadera repulsión hacia su personaje, en una interpretación realmente meritoria ofreciendo lo que se espera de esta auténtica villana de comic,  que encuentra su opuesto en Lois Lane.

Para dar vida a la periodista mas famosa del Daily Planet, el equipo de reparto decidió contratar a Amy Adams. Nacida en Italia, la actriz cumple suficientemente con su rol, aunque la historia no la ayuda mucho. Y es que aparece excesivamente a lo largo de las casi dos horas y media de metraje. Si en las obras primigenias Lois no descubría quien era realmente Superman hasta bien avanzada la historia, aquí prácticamente lo descubre en su primer encuentro con Kent, lo que resta esa magia que había entre los personajes. Y es que, a pesar de no hacerlo nada mal, Margot Kidder imprimía mucha mas fuerza y carisma a su personaje, incluso en versión doblada.
El reparto lo completan nombres como Kevin Costner, que a pesar de salir en contadas ocasiones no lo hace nada mal como padre adoptivo de Clark, Diana Line o Laurence Fishburne. Como vemos nombres bastante reconocidos que no desentonan nada con la historia.

Como hemos comentado se ha querido hacer algo original, y lo mas novedoso lo encontramos tanto en el diseño del vestuario como en la música compuesta para la ocasión. El calzón rojo, muy característico del superhéroe, ha sido suprimido y su llamativo traje azul, ha sido sustituido por una vestimenta mas oscura y seria, muy similar a las armaduras utilizadas por los soldados de Krypton.

Como se hiciese con Batman, las partituras que debía acompañar a las heroicidades del Hombre de Acero fueron encargadas a Hans Zimmer. El compositor ha querido romper totalmente con las melodías creadas por John Williams, y ha realizado una composición completamente novedosa y muy pegadiza. En esta ocasión nos ofrece movimientos muy energéticos, cargados con mucha fuerza y que se ensamblan perfectamente con las escenas de mayor adrenalina del film. Una partitura muy disfrutable y bien realizada, pero que no consigue que nos olvidemos del tema central del maestro Williams.

Otro de los aspectos que más contrastan con los films originales es la enorme dosis de destrucción y caos en la que se ve envuelta la ciudad de Metrópolis. Escenas llenas de golpes y excesivas demoliciones, que nos recuerdan enormemente a cierta pelea final de otra producción de Warner, como era Matrix Revolutions. Y es que estos son los únicos momentos donde se puede justificar el excesivo movimiento de cámara con que Snyder nos marea a lo largo de la película.

Podemos resumir que es un film entretenido, que no aporta nada que no hayamos visto anteriormente, a excepción de una mayor violencia y una visión de Krypton que nos puede resultar más atractiva que el propio superhéroe. La próxima entrega nos dirá si, como ocurriese con El Caballero Oscuro, estamos ante algo grande o, como pasa con muchas otras, un producto más para ver y olvidar.

martes, 9 de julio de 2013

Crítica de After Earth


Este verano del 2013 se va a caracterizar por la gran horneada de films de ciencia ficción que nos llegan desde el otro lado del Atlántico. Y es que parece que en épocas de crisis todos miramos hacia el futuro en busca de la llegada una situación mejor.

After Earth nos presenta un futuro poco prometedor, en el que la Tierra ha sido declarada como planeta no habitable para la especie humana. Por este motivo, toda la población fue trasladada hasta otro sistema planetario, más concretamente hasta Nova Prime donde proseguiríamos con el desarrollo de nuestra especie.

Pero en este nuevo hogar nos encontraríamos con una especie alienigena que intentaría, por medio de unas bestias llamadas skrels, acabar con los nuevos habitantes y continuar con su dominio sobre el planeta. Estas letales criaturas se cegaban cuando sus adversarios dominaban su miedo en un proceso que se conoce como "fantasmación" del cual el el Comandante Cypher Rage es su gran precursor.

Durante el traslado de una de estas criaturas a una de las bases que los Ranger Unidos tienen desplegadas por toda la galaxia, un campo de meteoritos provoca que la nave de transporte deba hacer una maniobra de emergencia y termine aterrizando sobre el hostil Planeta Tierra. El transporte se rompe en dos, quedando como únicos supervivientes el comandante Cypher y su hijo Kitai, que deberán buscar la forma de salir de aquel lugar que una vez fue nuestro hogar.

Este es el punto de partida de la historia que nos presenta el guión de Gary Whitta y que pone en pantalla el controvertido autor de origen indio, M. Night Shyamalan. Y es que desde que nos sorprendiese a comienzos de siglo con "El Sexto Sentido", la carrera de este director ha sido una enorme colección de malas críticas. Las elecciones de los guiones no fueron las mas acertadas, y en ocasiones nos hemos encontrado con personajes excesivamente planos que eclipsaban el resto del trabajo de Shyamalan y su equipo.

Con la finalidad de atraer al público en general y contar con un abanderado cuyo carisma se vendiese por si solo se optó por contratar al carísimo Will Smith, que parece haberle cogido gusto a eso de vivir en el futuro. Pero en esta ocasión no vendría solo, ya que como hiciese en "En Busca de la Felicidad" recurre de nuevo a su hijo para acompañarle en esta nueva aventura.

A decir verdad, el que termina acompañando al hijo, desde la lejanía, es el propio Will Smith ya que todo el peso de la acción recae sobre Jaden Smith. El joven intérprete que nos sorprendió gratamente en la nueva versión del ochentero Karate Kid, en esta ocasión nos deja un poco mas helados. Su personaje denota una falta de fuerza y carisma enorme, no consiguiendo enganchar plenamente con el espectador, y siendo uno de los principales peros que ponerle al film. Este actor puede ofrecer mucho más de si, por lo que presuponemos que Shyamalan no ha sabido sacarle partido al talento de Jaden.

Pero esto no es lo único negativo que podemos destacar de la obra, ya que muchos son los momentos surrealistas que nos encontramos a lo largo de los 100 minutos que dura la acción. Que un halcón gigante te salve de una helada o que el protagonista tenga que escalar un volcán en erupción, cual Frodo en el Monte del Destino, rompen todas las reglas de la lógica y resta seriedad a una película que en ningún momento se ha vendido como comedia del género. Hechos como estos restan interés a la obra y hacen que el guión pierda ese ápice de seriedad que se suponía.

Obviamente todo no va a ser negativo y la banda sonora de James Newton Howard es uno de los aspectos mas positivos del film. Consigue una partitura que se ensambla perfectamente con la acción, destacando uno de los movimientos a piano poco usuales en las composiciones del género. Acompañándola una muy buena fotografía de Peter Suschytzky, cuyo trabajo hemos disfrutado en películas como "El Imperio Contrataca" o "Mars Attack!". La fotografía resulta realmente atractiva, con un planeta tierra lleno de vegetación y dominada por el color verde que contrasta con los blancos y grises de las heladas nocturnas.

Si dentro de la filmografía de M. Night Shyamalan deberíamos clasificar After Earth, la incluiríamos dentro del grupo de "El último Airbender". Creaciones con enormes dosis de efectos especiales, que prometían mucho, pero que decepcionan porque, habiendo un potente material, el resultado no es lo redondo que cabría esperar. Y es que a pesar de contar con un actor tan de moda como es Will Smith,  está muy desaprovechado en detrimento de su hijo, que no ha sabido aprovechar una gran oportunidad para hacerle sombra a su padre y aumentar su caché.

Podemos resumirlo como un film entretenido, que abusa excesivamente de los flashback, y que podría haber dado mucho más de sí en manos de otro director mas creativo y atrevido que el cada vez más decepcionante Shyamalan.
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