lunes, 21 de abril de 2014

Crítica de The Amazing Spider-Man 2: El Poder de Electro


Fue en julio del 2012, cuando se le dio un toque de aires renovados a uno de los personajes mas míticos del comic americano. Menos de dos años ha tardado Sony en traernos la secuela de un film, que a pesar de no ser todo lo redondo que cabría esperar, no funcionó nada mal en taquilla.

Una vez presentado el personaje, cosa que ocurrió en la película anterior, el guión de Alex Kurtzman y Roberto Orci bajo la supervisión del propio Stan Lee, tenía mayor metraje para repartir entre las escenas de acción y el hilo fundamental de la historia. En esta ocasión las calles de Nueva York se verán amenazadas por Electro, un villano nacido a raíz de un accidente laboral, y que descargará toda su ira contra el arácnido protagonista.

Este sería el punto de partida de una película que, con más de dos horas de duración, destaca más por su aspecto técnico que por el artístico. Una franquicia que vuelve a repetir con Marc Webb, tras las cámaras, y con el joven Andrew Garfield en el papel Spiderman. Su rol se acerca aún mas a la esencia del personaje creado por Stan Lee, siendo el sentido del humor el detonante en la mayoría de las situaciones de tensión. Pero a pesar de esto, denota cierta falta de carisma que no le hace conectar al cien por cien con el espectador.

Junto a el encontramos, nuevamente, a la atractiva Emma Stone dando vida a Gwen Stacy, la novia de Peter Parker. Como ya ocurriese en la saga anterior, el dilema moral y proteccionista de Parker será el eje sobre el que gire la relación entre ambos, provocando continuas rupturas y reconciliaciones. La actriz no realiza nada mal su interpretación, siendo esto siempre de agradecer en un género donde suele primar la fuerza de las escenas de acción sobre todo lo demás.

Resulta curioso encontrarnos al actor que dio vida, de forma magistral a Django, enrolado en estos menesteres. Jamie Foxx, en su papel de Electro, a priori, podría hacernos pensar en un villano a la altura de un gran héroe, en esta ocasión nos equivocamos. Desde su primera aparición comenzamos a vislumbrar, que el encargado de realizar el casting se había fijado más en buscar un nombre que diese caché a la película, antes que un actor mas adecuado a dicho rol. El resultado obtenido es un enemigo con una alarmante falta de carisma, al que se le podría haber sacado muchísimo más partido.

El cuarto en discordia es Dane DeHaan como Harry Osborm, el heredero del poderoso imperio tecnológico que fundó su padre. Su look, muy parecido en el que Peter Parker llevaba en la franquicia de Sam Raimi cuando estaba bajo el influjo de Venom, te provoca de inicio una cierta animadversión. Más tarde queda ratificada cuando sigue los pasos de su difunto progenitor, metiéndose de lleno en la piel del Duende Verde.

Dejando de lado el tema interpretativo, que no es para despertar grandes ovaciones, pero cumple con su cometido, destaca por encima de todo la espectacular factura técnica. Ver a spidey saltando de rascacielos en rascacielos por las grandes avenidas neoyorquinas es todo un placer para nuestros ojos. Si a esto, le añadimos ese plus que le da el sistema 3D a este tipo de secuencias, podemos afirmar que en esta ocasión el equipo de efectos especiales se ha superado. Un gran trabajo de Daniel Mindel, ofreciéndonos una fotografía muy colorida y luminosa, muy acorde con la juventud y vitalidad del hombre araña.

El gran cambio lo notamos a la hora de escuchar las melodias que acompañan la acción. Si destacábamos que Horner no había conseguido alcanzar las partituras creadas por Elfman para la obra de Raimi, el equipo de producción de la secuela fue sobre seguro, firmando a uno de los grandes de esto. Hans Zimmer es el que poner nombre a una banda sonora en la que comparte pentagramas con Johnny Marr y Pharrell Williams. En esta ocasión si que encontramos una creación más acorde con el personaje, con mucha fuerza y momentos realmente vibrantes.

Como conclusión podemos quedarnos, mirándolo de forma positiva, que el film entretiene y que el guión te deja con la curiosidad de ver que nos tendrán preparado para la siguiente. Además el desenlace final es totalmente inesperado, dejando claro del tono oscuro con la que intentan impregnar la saga. Una película para disfrutar de sus espectaculares secuencias de acción, en sistema 3D a ser posible, pero cuyo metraje puede resultar excesivamente largo.

martes, 15 de abril de 2014

Crítica de 300: El Origen de un Imperio


El estreno de 300 en las salas cinematográficas supuso, en verano de 2006, un nuevo giro de tuerca al arte conceptual del celuloide. Zack Snyder, director de la obra, supo plasmar la fuerza de las viñetas de Frank Miller a base de innovar en la imagen. La nitidez a la que estamos acostumbrados se dejó de lado, impregnando los fotogramas de un exceso de grano y zonas difuminadas que te metían de lleno en un mundo de viñetas animadas.

Ocho años mas tarde, nos llega la segunda entrega de la exitosa y aclamada obra. Para empezar diremos que no se trata de una secuela en si misma, y tampoco de una precuela, sino más bien el guión nos narra una historia paralela al épico hecho acontecido en las Termópilas.

El guión, obra del propio Zack Snyder en colaboración con Kurt Johnstad, que ya trabajaron juntos en la primera obra, nos traslada desde el frente espartano hasta la potente flota naval ateniense. Mientras el rey Leonidas y sus trescientos hombres, intentaban frenar el avance de Xerxes y sus invencibles tropas, el capitán Themistocles tiene la complicada misión de impedir la llegada de los persas a las costas griegas.

Era inevitable una "secuela" de una obra que se ganó tantos adeptos y que supuso el encumbramiento del sistema slow motion, que posteriormente ha sido copiado en diversas obras cinematográficas y series de éxito como Spartacus. En esta segunda entrega tanto la estética, la fotografía de Simon Duggan y este formato de captura, es herencia directa de su predecesora, innovando poco o nada en este campo. La única diferencia notable con la que nos encontramos es que, siguiendo la tendencia cinematográfica actual, muchas de las copias distribuidas han sido adaptadas al sistema 3D. Pero no nos engañemos, no estamos ante un Gravity o Avatar, por lo que el nivel obtenido con la tercera dimensión es bastante mediocre, no suponiendo ese plus de espectacularidad que cabría esperar.

Un casi desconocido Noam Murro, que prácticamente debuta en el gran formato con este film, coge el testigo de Snyder al frente de la dirección de la obra. Su trabajo se ve enormemente influenciado por el cineasta estadounidense, utilizando tanto las técnicas como el virtuosismo visual experimentado en la primera entrega. Si bien, a diferencia de la adaptación de la novela gráfica de Miller, el guión de esta superproducción no está tan trabajado, centrándose más en la acción y dejando de lado las intrigas políticas que acontecían en el senado de Esparta.

A cambio nos ofrecen hora y media de acción desmesurada, inmensas batallas navales y una orgía de sangre y mutilaciones imposibles. Adrenalina en estado puro, embalsamada con la estética propia de la saga, y aliñada con tácticas de combate que dejaran satisfechos a más de uno, y difuminará los fallos de guión para la mayoría.

Es en el reparto donde más se aprecia el menor nivel de esta segunda entrega. El carisma y fuerza de Gerard Butler como rey de Esparta no es comparable con lo expuesto por Sullivan Stapleton como protagonista del film. A pesar de dar vida al héroe ateniense Themistocles, su rol se intenta convencer a si mismo de ser el Leónidas de los griegos, algo que se queda en mero proyecto, no logrando cuajar a lo largo del film.

La que si nos sorprende de forma grata es la atractiva Eva Green como Artemisa, gran guerrera persa y gran valedora de los éxitos de los ejércitos del rey Xerxes. La actriz parisina no se corta a la hora de mostrar sus atributos femeninos, así como de ofrecernos un repertorio de momentos realmente crueles y bizarros.

La que vuelve a repetir es Lena Headay como la reina Gorgo. La intérprete británica, que triunfa en la pequeña pantalla con la exitosa Juego de Tronos, aparece de forma esporádica en la obra, sirviendo únicamente de hilo conductor entre ambas películas.

Rodrigo Santoro como Xerxes es el otro nombre destacable que vuelve a repetir en la saga. Como ya le ocurriese a Lena, su papel es de escasa duración, teniendo muchísimo menos protagonismo que en su periplo en las Termópilas.

Otro de los aspectos que ha cambiado es el musical, ya que Tayler Bates deja el testigo de la composición a un poco conocido Junkie XL. Este, su primer gran trabajo de responsabilidad, consigue mantener el tono épico de la saga a base de percusión y movimientos con mucha fuerza. Un aceptable trabajo que le ha dado la posibilidad de componer la banda sonora que llevará la nueva adaptación de Mad Max.

Como resumen podemos asegurar que 300, El Origen de un Imperio es una digna película de acción que, a pesar de no tener una historia tan original y completa como la primera, sabe mantener la épica y heroicidad que la batalle de las Termópilas impuso en las salas cinematográficas. Un aumento exponencial de violencia y salsa de tomate respecto a la de Snyder, que es disfrutaran todos aquellos amantes del cine de acción.
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